Un gran momento latinoamericano y un excelente candidato para Montevideo

El ciclo de movilizaciones políticas no cesa. Las ceremonias de asunción de la Presidencia por parte de Tabaré, están llamadas a tener una importancia excepcional.

Escrito por: HUGO CORES (*)

Lunes 21 de febrero de 2005 | 7:06
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Además de lo que el hecho significa para el pueblo uruguayo, el advenimiento de la izquierda al gobierno se produce en el momento que aparecen como agotadas las posibilidad de estabilidad económica y desarrollo social, en los países cuyos gobiernos se mueven dentro de los marcos de la ortodoxia fondomonetarista y simultáneamente se fortalecen los puntos de acuerdos entre quienes­como Néstor Kirchner en Argentina y Hugo Chávez en Venezuela-, buscan un camino propio, en rebeldía a las imposiciones que vienen de afuera.

Debemos estar atentos a la pulseada de Kirchner con el FMI, sobre la deuda externa

En ese sentido para los frenteamplistas adquiere importancia el desenlace del largo forcejeo entre el FMI y el gobierno argentino.

De acuerdo a una crónica de Marcelo Zlotogwiazda, publicada por Página 12 de ayer domingo: “una de las observaciones más originales sobre la manera de enfrentar el asunto de la deuda externa por parte de la dupla Kirchner-Lavagna, la acaba de realizar Daniel Marx McCarthy, un analista político del Center for Economic and Policy Research de Washington, un centro de estudios de orientación heterodoxa.

Marx publicó días atrás un artículo en el International Relations Center, otra organización progresista de los Estados Unidos que acaba de cumplir veinticinco años y que cuenta entre sus miembros a Noam Chomsky. El artículo se titula “¿Pueden los deudores elegir?”, y trata sobre las implicancias del caso argentino para el futuro de los países más pobres del mundo que están altamente endeudados. Señala que el fracaso de la reciente reunión del Grupo de los Siete en Londres, sobre cómo alivianar el peso de la deuda sobre esas naciones, puede llevarlos a probar “remedios alternativos como el que aplicó la Argentina”, cuya receta incluye como ingredientes clave jugar la “carta del default” y la “resistencia a aplicar las políticas del FMI”. Dice que el caso piloto argentino “provee un rayo de luz a los países pobres, para lograr acuerdos más favorables con los que aparecen como omnipotentes organismos internacionales de crédito”.

En otras palabras, Marx McCarthy insiste en que, “jugando la carta del default”, el gobierno de Kirchner acopió un nivel excepcional de poder dentro de la histórica negociación del tipo David vs. Goliat. El autor, sostiene que el resultado de las negociaciones, que se conocerá el próximo 25, “va a afectar no sólo a la Argentina”.

Entre otros, principalmente al FMI, que “de acuerdo a su estatuto no puede seguir prestándole a un país que acumula atrasos con acreedores privados o que está negociado de mala fe, definida ésta como una oferta de reestructuración que concite una baja aceptación”.

Marx McCarthy afirma, que el FMI va a estar ante un dilema si la aceptación es menor al 80 por ciento, que fue el nivel donde sus funcionarios colocaron el piso: se verá forzado a desdecirse, a dar por exitosa la operación de canje y volver a renegociar la deuda por más de 13 mil millones, que la Argentina tiene con la institución, o a “calificar la operación de inaceptable, cerrando la posibilidad de renegociar. Pero en esta segunda opción ­advierte el analista­, el Fondo podría enfurecer al testarudo del presidente Kirchner y provocar el default sobre la deuda con el organismo”.

Chávez y Fidel: otra concepción de la integración económica

Por su parte, la experiencia que se viene desarrollando en Venezuela y entre este país y Cuba, muestra una concepción de la integración latinoamericana con un sentido absolutamente original y colocado en la antípoda del mercantilismo neoliberal. Es una línea de acción teñida por un fuerte sentido de la solidaridad social y latinoamericana, y el rechazo a las, cada vez más, abusivas imposiciones de los Estados Unidos.

La conjunción de estos liderazgos, junto a “Lula”, hace del 1° de marzo en Montevideo una instancia política y diplomática de gran importancia.

Especialmente para nuestro país y para el gobierno que asume, que debe soportar la carga agobiante de una deuda externa que ha adquirido tal volumen que resulta sumamente difícil de manejar, sin seguir postergando los anhelos de cambio que la población votó el 31 de octubre.

8 de mayo: la movilización política continúa

En el horizonte están las elecciones del 8 de mayo, en las que se elegirán los futuros 19 intendentes municipales. De mantenerse su creciente respaldo electoral, el FA-EP está en condiciones de ampliar su acción de gobierno a varios departamentos más. Entre ellos, algunos de los más grandes y poblados.

El pasado sábado, la Convención departamental de Montevideo del progresismo aprobó, en forma unánime, la candidatura del Dr. Ricardo Erlich y la nómina de sus suplentes a la IM de Montevideo.

La unidad política evidenciada en la votación y las palabras del candidato propuesto por el MPP, mostraron la potencia con que el FA-EP se enfrenta a esta elección.

Creo que merecen un comentario la presentación y las expresiones formuladas por el Dr. Ricardo Erlich, tanto en su tono como en su contenido.

Está allí contenido lo mejor del estilo de conducción de la izquierda uruguaya de este período: serenidad, claridad en la exposición, modestia en el tono y coherencia en los contenidos.

Erlich sostuvo que: “Montevideo tiene un desafío inexorable. Ahora y en el futuro. Integrarse, revertir la fractura social y urbana”. (…) “El Montevideo del cinturón de asentamientos es una tragedia para los que viven allí, pero es una derrota para toda la ciudad, para toda nuestra sociedad. Ese será un eje de nuestra acción y en ello pondremos todas nuestras energías y capacidades”. (…) Sentimos como nuestros el sufrimiento de los más débiles (…) Una ciudad fracturada es una ciudad enrejada, blindada y profundamente injusta”.

Un gran candidato para triunfar y profundizar la democracia

Ricardo Erlich hizo hincapié en un tema especialmente doloroso y que la derecha ha ignorado sistemáticamente: la cuestión del retorno de los exiliados económicos y la necesidad de adecuar la ciudad para recibirlos responsablemente.

Finalmente, después de valorar los pasos ya dados en el esfuerzo de descentralización y la necesidad de seguir avanzando, Erlich se pronunció sobre un aspecto clave de la democracia vista desde el ángulo de la izquierda: “El progresismo nunca debe sentirse dueño del poder porque el poder es de los ciudadanos, ellos nos lo delegan y nos controlan, nos premian con su confianza y nos sacarán si nos equivocamos, si somos soberbios y nos sentimos dueños del poder. (…) Los ciudadanos nos seguirán y participarán si avanzamos, nos empujarán si titubeamos y nos abandonarán si defraudamos.”

Con el calendario de movilización que se nos presenta, los frenteamplistas tenemos que resolver, lo antes posible, el fortalecimiento de todos los instrumentos políticos que la izquierda y el movimiento popular han ido creando. Para que no se convierta en una movilización intermitente sino estable. Para que no sea sólo expresión de estados de ánimo cambiantes sino participación y compromiso permanente.

No es una tarea fácil. La cultura imperante empuja a la fragmentación y no a la unidad, ni a la organización popular ni a la rebeldía y la lucha contra las injusticias. Todo lo contrario. Pero no será la primera vez que nos toca remar contra la corriente. *

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