La columna amarilla

Diálogo con contumacia

– Buenos días, ¿aquí es dónde le explican el mundo a uno?

– A uno, a dos y a más de veintisiete si fuera necesario.

– ¿Pero lo explican lo que se dice explicar?

– Por supuesto. Usted que esperaba, que lo expliquemos lo que se dice tetraedro o contumacia?

– Contumacia… contumacia… parece una palabra mal dicha.

– Para hacerle mal a una palabra hay que ponerla en la boca de ciertas personas.

– Lo que yo quería decir es que parece que le faltara alguna letra.

– Y si quería decir eso ¿por qué dijo otra cosa?

– Y… porque soy uruguayo, vio.

– ¿Ahora dijo lo que quería decir o esta diciendo otra cosa en vez de lo que debió haber dicho?

– Usted me la está haciendo muy difícil.

– La qué, le estoy haciendo difícil.

– «La qué» ¿se puede decir así?

– Yo pude. Si quiere lo hago otra vez.

– No, no es necesario. Yo en realidad quería preguntarle cómo es posible que los Peirano se acojan a los Derechos Humanos.

– Y bueno, si entre un Padrenuestro y una Ave María se acogieron a miles y miles de uruguayos, por qué no se van a acoger a los DDHH.

– Y para peor ellos están en contra de usar condón, porque son del Opus Dei.

– Cuando uno de estos te acoge, hay que tener cuidado. Si no, mire a Bensión y Jorge Batlle como los acogieron los bancos yanquis.

– Pero a ellos les gustó, la gozaron. ¿Se acuerda que salieron contentazos por la tele?

– Es más, el presidente cada vez que venía de Estados Unidos nos contaba a todos, con una gran sonrisa, lo bien que Bush lo había acogido.

– Quién iba a decir, eh, con la cara de nabolión que tiene.

– ¿Y qué me puede decir del abogado de Cordero que dice que lo están persiguiendo con maldad, al viejo? Pobre, tan bueno él. Tan compasivo.

– Perdón, era yo el que venía a preguntar.

– Usted sí que tiene contumacia.

– A la pucha, ¿dónde? Sáquemela ¿es venenosa?

– Según de qué raza sea. *

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