LA HISTORIA DE LA SEMANA

La maldición del número 13

Breve historia

La sola mención del N° 13, sinónimo de «mala suerte«, hace que despierte la atención. En la historia de los números, que se pierde en el tiempo, el 13 va con la funesta carga de la «desgracia», teniéndosele muy en cuenta en el juego, el calendario, el boleto de ómnibus y en la cantidad de comensales reunidos en la mesa evitándose sumar dicha cifra. Se podría citar muchos ejemplos por demás interesantes, entre ellos que en Buenos Aires no circuló ningún tranvía con el número 13 hasta el año 1913 en que los responsables de dicho transporte decidieron ponerlo en marcha. En EEUU en los hoteles de categoría no existe ni el piso ni la habitación 13, se los identifica como 12 A.

La verdad es que el sentimiento de «mala suerte» de este número nace en el pueblo cristiano con la «Ãšltima Cena» donde Jesús y sus doce discípulos sumaban trece personas en la mesa.

En el TAROT la carta N° 13 representa la muerte y es la única de los veintidós Arcanos Mayores que no lleva su nombre impreso y simbólicamente se presenta con la figura de un esqueleto humano, revestido de piel rosada manejando una guadaña de mango largo sobre un conjunto de plantas, manos y cabezas esparcidas por el suelo.

Para los países de habla hispana el día funesto es el martes 13. Esto tiene su origen en la tradición romana donde ese día estaba dedicado a Marte el dios de la guerra, el Ares de los griegos. De aquí surgió que «el martes no te cases ni te embarques ni de tu familia te apartes». Sin embargo para los países anglosajones y los portugueses es el viernes 13 (en portugués sexta feira trece) porque los viernes ya desde tiempos pre-cristianos, las brujas de Gran Bretaña se reunían en sus aquelarres (reunión nocturna de brujos y brujas) a rendirle culto a la diosa del amor, la belleza y la fecundidad, similar a la diosa Venus para los romanos, Afrodita para los griegos y Astarté para los fenicios.

Algunos creen que el viernes 13 como día de mala suerte, surgió de la maldición de los templarios al rey francés Felipe El Hermoso (que había comenzado una campaña de difamación contra los Templarios para quedarse con sus bienes) y al Papa de la época, Clemente V, por su excomunión luego del Concilio de Viena en 1312. Pero la verdad es que precisamente los templarios son posteriores a los aquelarres de quienes practicaban la Wicca en la antigua Gran Bretaña. De ahí nació precisamente la mala fama de ese día y por el cristianismo la maldición del 13.

En realidad la «maldición del N° 13″ está basada simplemente en la superstición (palabra de origen griego SUPERSTIRE = lo que sobrevive) que es una creencia ajena a la fe religiosa y contraria a la razón. Es un estado del espíritu que lleva a atribuir a ciertas prácticas una eficacia y a ciertos signos una significación sobrenatural que desde el punto de vista científico no tienen. Por supuesto que aún los más doctos señalan: «yo no creo en las brujas pero que las hay las hay» o el clásico «yo no creo en estas cosas pero… por las dudas las practico.»

 

El 13 de buena suerte para judíos, americanos y uruguayos

El pueblo judío da muestras de un concepto distinto de este fatídico número. Eliezer el Rabí, ante una tremenda sequía pide se hagan trece ayunos al fin de los cuales llueve. Trece son los principios de Maimónides, judío español de la Edad Media que profesó un sistema filosófico. Trece letras componen en hebreo el nombre Jacob. Trece veces la palabra «Pacto» está escrita en el capítulo de la circuncisión. Trece meses componen el año bisiesto hebreo.

Trece cuernos eran usados en los templos hebreos para llamar a su comunidad, trece eran las mesas que había dentro y trece las reverencias devocionales. Trece años debía tener cumplidos el chico hebreo para la mayoría de edad religiosa «Bar Mitsvá» (Hijo del deber): era el día más importante de su vida juvenil, ya que a partir de ese momento se convertía en un miembro responsable del judaísmo y podía casarse; actualmente existen familias judías cuyos varones contrajeron enlace a los trece años.

También los antiguos habitantes del Yucatán consideraban sagrado al número trece. Sacerdotes mexicanos antiguos contaban las semanas como de trece días y trece años formaban una «indicción» (semana de años).

Desde el punto de vista esotérico recordamos que los herméticos de la escuela de Pitágoras definen al número trece como «la falta de mezcla, por la simplicidad de lo inefable». Pappus (matemático griego alejandrino del s. IV) habla de la letra hebraica LA MEN, refiriéndose al Tarot número trece y dice que joroglíficamente designa a la mujer compañera del hombre, y da la idea de la fecundidad y la creación; dice que constituye lo material y femenino, como también expresa la destrucción y siguiendo la regeneración. En el orden moral la alegoría del Arcano N° 13 se presenta como la muerte de una forma de vida y permite comenzar una de distinta naturaleza espiritual.

EEUU, el país más poderoso del mundo, militar, económica y científicamente, nació con 13 colonias y aparentemente no le ha ido tan mal.

Uruguay las dos veces que ganó el campeonato del mundo de fútbol (1930 y 1950) fue cuando participaron 13 países. Aquí vemos como también este número fue de suerte.

Una vez más puede observarse cómo todo en la vida es relativo. *

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