El Carnaval montevideano llegó a Madrid
La Plaza del Callao, la calle del Carmen, la Puerta del Sol, la calle Mayor, la Plaza de la Villa y la Plaza Mayor -las calles y plazas más populares del corazón de Madrid- vibraron esta noche (anoche para nuestros lectores) en el inicio del Carnaval de 2005 con un ritmo para ellas (y la gran mayoría de sus transeúntes) desconocido: el borocotó-chás-chás de los tambores uruguayos.
En efecto, una numerosa comparsa -organizada por el Centro Uruguayo de Madrid- se convirtió en la colaboración de la colonia uruguaya en esta capital hispánica a los festejos de Momo, que este año, fruto de la inmigración, comenzaron con un desfile más cosmopolita y multicultural gracias a la presencia de agrupaciones carnavaleras boliviana, asiática, gallega, vasca y madrileña, además de la uruguaya.
Una agrupación lubola sin pintura
La comparsa organizada por el Centro Uruguayo en Madrid desfiló como una verdadera Agrupación Lubola; eso sí, con muy pocos «morenos» y con los blancos sin pintura negra en los rostros. Encabezada por dos grandes pendones con la inscripción «Candombe-Uruguay» y dos banderas uruguayas, la comparsa llevaba su propio estandarte (verde con un gran sol amarillo) y todos los componentes de la típica Agrupación que participa en un «Desfile de Llamadas»: escobilleros (dos), un gramillero, «mamas viejas» (cuatro), cuerpo de baile (dos decenas de bailarinas con, incluso, dos «vedettes» al frente) y una cuerda de 25 tamborileros.
Todos ellos con coloridos atuendos (las bailarinas con pollera y remera blanca con adornos multicolores en hombros y cabelleras; los tamborileros con las clásicas alpargatas blancas y medias negras, pantalón bombachudo blanco, remera amarilla y la bandera uruguaya a modo de poncho-capa, con sendos soles recortados en cartón de brillante color plateado en pecho y espalda.
Un exitoso desfile y un sonoro «fin de fiesta»
Entusiasmo, aplausos y júbilo fueron las manifestaciones del público a lo largo del desfile de la comparsa uruguaya, desde la Plaza Callao a la emblemática Puerta del Sol (la plaza que es el corazón de Madrid y el Kilómetro Cero de las rutas españolas), desde ésta -por la calle Mayor- hasta la Plaza de la Villa (donde se erige el edificio barroco del Ayuntamiento madrileño), en la que el actor y humorista cubano, Alexis Valdés leyó el Pregón de las Carnestolendas 2005, y, nuevamente por la calle Mayor, hasta la Plaza Mayor. Muchos espectadores españoles (sobre todos los jóvenes) se unían, a lo largo del recorrido, a los muchos compatriotas que acudieron a acompañar a la comparsa y seguían, bailando, a las lonjas uruguayas que brindaron su propio y sonoro «fin de fiesta» en plena Plaza Mayor, donde el borocotó-chás-chás, africano en su origen y hoy plenamente uruguayo, resonó ampliado por los ecos de los edificios del siglo XVII y XVIII que conforman la plaza, otrora lugar de festejos reales y hoy lugar para festejos carnavaleros con aportes populares de otras latitudes.
Una exhibición del folclore uruguayo
La presencia de los «candomberos» uruguayos tomó por sorpresa a los madrileños, que no conocen nuestro folclore. Las exclamaciones de los espectadores y sus preguntas, contestadas en un folleto explicativo del Carnaval uruguayo (publicado por el Ayuntamiento madrileño y redactado por la Comisión de Cultura del Centro Uruguayo), que se repartió a lo largo del desfile, lo demostraba. Que ritmos africanos formen parte de nuestro acervo popular, que haya población de color en Uruguay son temas que no son muy conocidos en España…
Por ello, esta iniciativa del Centro Uruguayo y su incorporación a los festejos carnavaleros organizados por el Area de las Artes del Ayuntamiento madrileño, a más de una oportunidad para el mejor conocimiento de nuestro país y sus costumbres, permitió que muchos supieran -por primera vez- de la riqueza y variedad de nuestra cultura popular.
La inmigración mejora el Carnaval madrileño
Prohibido estrictamente durante el franquismo (por su ingrediente de ironía y crítica festiva), el Carnaval madrileño no se distingue por su brillantez o gran participación popular.
Por ello el desfile inaugural de las celebraciones del dios Momo no tuvo en Madrid el esplendor que tiene, por ejemplo en Tenerife (Islas Canarias). Pero la presencia de la comparsa uruguaya (y sus tamborileros), la de los «Caporales» bolivianos y su vistosa indumentaria y el «Dragón Chino» de la colectividad asiática de Madrid han dado un nuevo esplendor al desfile de este año. Lo que demuestra que inmigración a España no sólo es beneficiosa para la economía hispánica (tan necesitada de la mano de obra extranjera), incluso el Carnaval se enriquece con la inmigración.
Pero la aportación «candombera» uruguaya tiene aún otra lectura. Que los uruguayos hayamos tomado como una expresión «típica» de nuestro folclore y nos sintamos representados por una manifestación popular proveniente de las danzas de los esclavos africanos -que nunca fueron numerosos en la Banda Oriental durante la Colonia- y cuyos descendientes no alcanzan al 6% de la población, es un ejemplo de integración. Cuando aquí tanto se habla de «integrar a los inmigrantes, el desfile de ejecutantes de ritmos africanos, en instrumentos de origen también africano pero con «rostros blancos» es un ejemplo de lo que la integración puede dar en materia de enriquecimiento cultural. *
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