Diálogo de cosas
– Buenos días, ¿acá es dónde uno se entera de las cosas que pasan?
– Las cosas pasan, los hombres quedan.
– Yo pensaba que era al revés.
– ¿Usted quiere decir que quedan hombres que pasan cosas?
– ¡Si pasarán! Las pasan de cotelete, de chanfle, por debajo de la mesa y hasta a la sordina.
– Lo que pasa es que lo que está pasando no pasa mucho.
– Lo de Iván Paulós, por ejemplo.
– Eso ya pasó. Son coletazos de dinosaurio en extinción.
– No, yo me refería a su relación con un travesti.
– No me diga que Manuel además de aquello es travesti. Claro, por eso eligió Brasil para irse.
– No me refería a eso, aunque sea un lobo travestido de Cordero. Y además se quiere hacer brasileño para llevar hasta sus últimas consecuencias aquello del Plan Condor, después va a seguir pidiendo las nacionalidades que le faltan. Yo le hablaba de que Paulós se mudó.
– ¿De ropa interior?
– No, de casa. Y la culpa parece que la tiene un travesti que hacía su laburo en la puerta.
– ¡Qué lo tiró! ¿Y por qué no le puso una capucha y lo violó, torturó y le hizo todas esas cosas que él sabe hacer?
– Vaya uno a saber. Se ve que se está ablandando el hombre.
– Sí, puede ser. A mí me pareció verlo un poco fofo.
– ¿Usted dice medio afluafluafluá?
– Sátamente.
– Y qué me cuenta de lo del sacerdote Monzón.
– Que con ese apellido seguramente la va pelear bien de bien.
– Pavadita de colaborador se eligió Tabaré. ¡qué me venís con Iglesias y el BID, con el FMI y todas esas paparruchas, cuando necesite hablar con Dios ya tiene a su intermediario!
– ¿Y el progresista Cottugno, qué dirá?
– Dicen que pidió el vademécum para ver qué medicamento es el adecuado para curarle esta enfermedad a Monzón.
– Me da la impresión que esta vez no hay vacuna que valga.
– Es como le decía al principio: hay cosas que dejan a los hombres como pasas. *
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