Escrito por: IGNACIO RAMONET (*)

Es la primera vez que visito Irán, paÃs que se ha convertido en el centro del interés internacional después de que el presidente Bush lo integrara en el eje del mal y que la nueva secretaria de Estado, Condoleezza Rice, lo calificara hace poco de «bastión avanzado de la tiranÃa» en el mundo. Estados Unidos e Israel sospechan que Irán está tratando de dotarse del arma atómica y amenazan con intervenir, de manera preventiva, para destruir las plantas industriales donde se supone que se elaboran armas de destrucción masiva .
Muchos observadores ven repetirse el trágico guión que condujo a la guerra de Irak. El periodista Seymour Hersh reveló en el New Yorker , el 16 de enero pasado, que comandos de fuerzas especiales ya están operando en el interior de Irán para identificar unos cuarenta objetivos que podrÃan ser destruidos por ataques de alta precisión dentro de poco.
Los interlocutores con los que conversamos en Teherán, tanto autoridades como opositores, insisten en que Irán ha firmado el tratado de no proliferación nuclear y que su programa es pacÃfico. Nos precisan que el objetivo es colocarse entre las grandes potencias tecnológicas y que ello no es posible sin el dominio de la tecnologÃa nuclear. Hay cierto orgullo en esas declaraciones, y se entiende porque estamos en un paÃs que fue, antaño, el gran imperio persa que tanto aportó al mundo. Un amigo profesor me recuerda que una serie de palabras nuestras son de origen persa, por ejemplo: azul, persiana, caravana, diván, aduana, quiosco, naranja, chal, pistacho, etcétera. Y que árboles tan comunes en nuestros paisajes como el castaño o el nogal vienen también de Persia.
Ceno en casa de unos amigos y me comentan que el régimen islamista instaurado por el imán Komeini en 1979 se halla sin resuello. Las mezquitas están aquà más vacÃas que en ningún otro paÃs islámico. Me sirven un vaso de vino tinto, lo cual me sorprende porque toda bebida con alcohol está prohibida excepto para los cristianos -existe una minorÃa armenia-, que no pueden, bajo sanción severa, dar o vender bebidas alcoholizadas a los musulmanes. Mis amigos me explican que una de las formas de resistir contra la opresión dominante consiste en fabricar de modo artesanal su propio vino.
Miles de iranÃes lo hacen. Compran uvas (las excelentes cepas de variedad syrah son de origen persa, de la maravillosa ciudad de Shiraz) y, en la clandestinidad de los sótanos de sus casas, trituran los racimos, añaden levaduras, dejan después reposar en cubas, y tras el envejecimiento proceden a embotellar el vino. Ãste que probamos es de la cosecha 2004, posee un sabor a vino nuevo y recuerda el que se bebe en algunos pueblos de Galicia a mediados de noviembre, producto de las vendimias de septiembre. Además, es un gesto simbólico de resistencia que le añade más picardÃa. Me cuentan cosas absurdas de la teocracia. Por ejemplo, si algún suscriptor iranà recibe una revista del extranjero, ésta debe pasar por una oficina del pudor donde se verifica si hay alguna imagen de mujer mostrando alguna parte de su cuerpo que no sea el rostro. Asà se han creado despachos donde el personal -sólo mujeres pues ningún hombre, ni siquiera un censor, debe ver la desnudez- revisa, página por página, cada publicación que llega al paÃs, y con un grueso carboncillo va emborronando brazos, escotes, piernas y cabellos de todas las mujeres representadas en las publicidades o las ilustraciones.
Hay en esta kafkiana burocracia del pudor cierta delicadeza, ya que la revista emborronada llega a su destinatario. Pero a éste se le recuerda asà que el poder, en la sombra, controla su mirada y le prohÃbe ver. *
(*) Director de Le Monde Diplomatic.
OTRAS NOTICIAS EN LARED21



