Escrito por: DANIEL PORCIUNCULA

Una noche verdaderamente frÃa resultó la del martes en el Teatro de Verano, como corolario de las intensas lluvias caÃdas durante los dÃas anteriores y que obligaron a la suspensión de dos etapas sucesivas.
Ello no fue impedimento para que una gran concurrencia se hiciera presente en la tribuna con abrigos, poco compatibles con esta época del año, aunque a la sazón nada nos deberÃa extrañar en materia de clima, cuando el Carnaval está en marcha…
A primera hora Espantapájaros de Medianoche, planteó su espectáculo teniendo como basamento las parodias sobre Las Brujas de Salem y Las Ranas, la obra de Mauricio Rosencoff.
Entiendo que Espantapájaros ha puesto especial cuidado en cubrir varios de los rubros mejor que en otras oportunidades, y asà tenemos vestuarios vivos en sus colores, tanto en presentación como despedida y una buena coreografÃa.
Los textos de Eduardo Di Lorenzo resultan fuertemente politizados tal cual su caracterÃstica y vocación, creando para todos y cada uno de los personajes o las situaciones que se recrean o parodian, un paralelismo puntual con situaciones, hechos y personajes de la realidad. En esta oportunidad, Di Lorenzo maneja con convicción ya no solamente la denuncia o la proclama como hasta ahora, sino que procura -de lo cual es claro ejemplo su saludo despedida y muchos parlamentos que a texto expreso asà lo señalan-, orientar al espectador hacia un sentimiento claro de fe y esperanza en los cambios.
La representación en sà no es pareja, seguramente por la disparidad de formación de sus integrantes, pero que en definitiva aportan frescura y entrega.
Naturalmente, la presencia de Gilda Gutiérrez marca puntos altos en la actuación, generando por momentos notorios desniveles, dado su indiscutible peso sobre el escenario.
Entiendo que Espantapájaros está en condiciones de ajustar su propuesta, con vistas a la segunda rueda.
Para destacar: además de buenos temas cantados con arreglos corales de Roberto GarcÃa, resulta muy atractiva la puesta en escena a cargo de Tabaré Luzardo.
A segunda hora cumplió una atractiva actuación la comparsa Senegal, basada en una musicalidad muy marcada creada por Gerard Grimaud; con algunas puntuales excepciones su coro funcionó con corrección, en base a buenos arreglos, dirigidos por Joselin Grimaud.
La coreografÃa de Alberto Barreiro y su propia actuación bailando, son también puntos destacados de Senegal, asà como la siempre eficaz y elegante participación de Pedro Ferreira y no solamente como escobero.
Las vedettes se lucen por su belleza y gracia, al bailar con muy buen dominio de la técnica”comparsera”, que la diferencia notoriamente de la revisteril y que muchas veces se confunde.
Buen vestuario y maquillajes acordes, son complementos que enriquecieron la presentación.
De todas formas, entiendo que Senegal tendrá que lograr una mayor cohesión en todas sus filas para aspirar a posturas de vanguardia en la categorÃa, habida cuenta del muy buen material humano de que dispone y de la excelencia temática y musical aportada por Gerard, y que debe ser un elemento distintivo y una carta de triunfo.
A tercera hora, con una presentación espléndida e impactante por su concepción estética irrumpió Colombina Ché, la murga de Jorge Natale y Eduardo Rigaud, con el libreto de Rigaaaaud.
Colombina Ché, desde el vamos se posesiona del escenario, como murga grande que es, cantando muy bien, con fuerza y convicción.
Colombina apunta a todos los rubros y a todos los cubre con absoluta solvencia.
El vestuario diseñado por Adrián Boero y Marianella Freire y realizado por Hilda Hernández es excelente, muy bien complementado con los sombreros de Néstor Morán y desde luego los maquillajes de Marianella.
Cuando una agrupación logra el primer impacto y atrapa al público, el transcurrir posterior del espectáculo se hace más sencillo, claro está, si hay material para ello, y entiendo que Colombina lo tiene sobradamente.
Los textos de Eduardo Rigaud tienen la jerarquÃa poética reconocida en su autor en los últimos años, que resigna, creo que deliberadamente, el humor que sà tiene, pero dosificado.
Lidia Chipas, Roberto GarcÃa y Fernando Serra, se constituyen en los pivotes sobre los que gira toda la actuación de Colombina. Verdaderamente todos a su tiempo o en conjunto, demuestran el porqué de la confianza de directores y compañeros en su calidad interpretativa.
Las voces de Colombina son otro de los puntos altos donde también destaca nÃtidamente Lidia, además de Marcos Suárez, Pocho RodrÃguez, Carlos Origuella, a los que debemos agregar además el muy buen aporte de Adrián Boero, en un solo final, un tanto forzado pero del que sale muy bien parado.
En definitiva y tal como se esperaba, Colombina marcó presencia en el concurso, luego de esta más que convincente y espectacular presentación.
A última hora Sociedad Anónima y su “mochila” llena de humor e ingenio, fue un buen cierre para la jornada carnavalera del Ramón Collazo.
Los humoristas maragatos abordaron esta presentación en el Concurso luego de cuatro años consecutivos de primeros premios, con la misma frescura y desparpajo de su primera vez, sin que aparentemente hubiese pesado en ellos la expectativa que naturalmente cualquier conjunto con sus antecedentes despierta, tanto en sus partidarios como en quienes no lo son, incluso en los rivales.
El elenco de Sociedad Anónima presentó sustanciales diferencias con años anteriores, no obstante lo cual logró gran coherencia, particularmente notoria, en el permanente juego con diálogos chispeantes que, para lograr la diversión, requieren gran agilidad, mucho ensayo y conocimiento mutuo.
Es ésta una de las caracterÃsticas más salientes de Sociedad Anónima, que se mantiene más allá de cuál sea su integración.
El público, pese al frÃo y lo exageradamente avanzado de la hora de comienzo, recibió de muy buen grado la actuación y siguió con atención, siempre con un sonrisa cómplice cuando no con una franca carcajada, la presentación de los maragatos.
El momento más hilarante volvió a estar en la aparición de los “patones de Cerro Ãato”, ahora integrando una delegación olÃmpica disparatada y absolutamente divertida, que el público disfrutó a pleno. Antes y después también hubo mucho humor, pero en mi opinión ninguno del nivel del reseñado, tal vez por sentirse ellos muy cómodos entre sus “coterráneos”, pero también a partir del público que los ha adoptado y espera cada actuación. Buena en definita la participación de Sociedad Anónima, pasible de superación claro está y que logró su objetivo primario, divertir y divertirse. *
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