Caña de azúcar para el desarrollo (Primera nota)

Como siempre, "los peludos" de Bella Unión con los pies ( y la sangre), en la tierra

La importancia de este encuentro trasciende las fronteras del lugar, para proyectarse a nivel nacional como una voz de alerta y de esperanza surgida desde la antípoda de la Capital del país, en el mojón más norteño y lejano de nuestro territorio, visto desde el kilómetro Cero del sur; en medio de una geografía castigada por la naturaleza y por los hombres, donde sobrevivir ha pasado a ser el principal oficio, la zafra más larga de hombres y mujeres, ya que gastan más almanaques en ello que trabajando en los cañaverales o «en lo que venga», generalmente por salarios indignos, clandestinos y sufridos.

 

El «sabor amargo » del azúcar

Como es sabido, en Bella Unión ha sido la caña de azúcar- su cultivo y su industrialización- la actividad productiva fundamental, tanto que todo el ritmo de esa ciudad y sus aledaños depende de la zafra cañera. Sin embargo, hace ya varios años que el azúcar está teniendo un sabor amargo en esta sociedad de gente humilde, trabajadora, sacrificada y que ha dado históricamente más que prueba de su fuerza y su coraje. Tradicionalmente es sabido, que el azúcar es una de las actividades agropecuarias que genera mayor cantidad de mano de obra por hectárea, alentando además la autonomía de los productores que pueden generar en su propio cultivo las semillas necesarias; con potencialidad incluso para desarrollar tecnologías apropiadas basadas en criterios agroecológicos.

Quizás el punto central -medular de este seminario-, que dicho sea de paso contó con una asistencia más que importante de público que desbordó durante las largas horas de su desarrollo el amplio salón de actos de la Junta Autónoma bellaunionista, fue la trascendente, fundamentada y hasta revolucionaria exposición efectuada por el ingeniero químico Rómulo Ferreira. Planteó en ella criterios técnicos y posibles para innovar la utilización de la caña de azúcar, creando justamente un nuevo proyecto agro-energético-alimentario a partir de ella, que aportaría soluciones mediatas e inmediatas a problemas urgentes del Uruguay actual: la agricultura, la energía y la alimentación.

Y en esta trilogía básica propuesta, la caña de azúcar y por supuesto, los cañeros de Bella Unión, (así como los remolacheros canarios, maldonadenses, rochenses y de todo el país, que también están sumergidos en fárragos de expedientes y promesas de reconversión que nunca se cumplieron), serían principales protagonistas. Se aseguraría así trabajo y salarios dignos todo el año, sin desarraigarse de sus pagos ni sus familias, como sucede hoy en día con los hombres y mujeres que deben salir lejos de sus hogares para buscar la posibilidad de un salario por mínimo que sea.

 

Dos meses de zafra y diez de incertidumbre

La realidad indica que los tratados suscriptos por el país con los compromisos derivados del Mercosur, así como las actitudes políticas de los últimos gobiernos uruguayos, que disminuyeron los aranceles protectores del sector, ha provocado que de aquellas casi 10 mil hectáreas plantadas, en la actualidad solamente alrededor de unas tres mil lo sigan siendo, generando de esa forma una gran desocupación, ya que una vez terminada la zafra de dos meses de trabajo o algo más apenas, sobrevienen diez largos meses de incertidumbre, hambre y en muchos casos desesperación.

El planteamiento del ingeniero químico Rómulo Ferreira -del que haremos un exhaustivo informe y análisis en sucesivas notas- sugiere como vértice fundamental terminar con la prioridad del azúcar como producto de la caña, propuesta además determinante en una sociedad de trabajadores que -como el propio ingeniero Ferreira reconoció en la presentación de su informe- tiene el azúcar en el corazón, porque el azúcar ha sido durante varias generaciones su vida misma.

Con fundamentos adecuados y razones técnicas justificadas, quedó en claro, como mensaje fundamental, que más allá de la producción de azúcar se pueden obtener infinidad de derivados, pero no solamente de la caña azucarera, sino también de la remolacha, del sorgo dulce, et.c. Tal y como lo afirmó el ingeniero Ferreira, su propuesta no refería solamente a Bella Unión sino a todo el país azucarero, donde en lugar de caña se plantó por ejemplo remolacha, y donde los mismos males que llevaron al norte del país a la situación actual también los sumieron a ellos y a las familias de los productores y trabajadores del sur y el centro del territorio, en la desocupación y la marginación de los emprendimientos oficiales.

Y estas nuevas opciones van desde el alcohol que (Ancap mediante), disminuiría nuestra dependencia del petróleo importado hasta la simple y a veces empalagosa «rapadura», que es el deleite de la gurisada, y de otros tantos no tan gurises-.

 

Un primer paso fundamental

El seminario culminó con una amplia participación de la comunidad, las organizaciones sociales locales, de los trabajadores rurales agrupados en UTAA, los de la industria azucarera del SOCA .y los asistentes al simposio de organizaciones como la Rel-UTAA y la Universidad de la República.

Al finalizar el encuentro- además de las conclusiones y los temas planteados-quedó entre todos los presentes la sensación de que éste había sido apenas un primer pero fundamental paso, hacía el desarrollo y el progreso de una industria señera como la de la caña y la remolacha azucarera y también de una región del país, que muchos creen que más allá de la naturaleza devastadora decenas de veces, los mercados internacionales deprimidos, las reconversiones nunca ejecutadas, ha sido sumergida y olvidada durante años, por un sistema que aparentemente le estaría -como manifestó el ingeniero Ferreira al culminar su alocución, explicando que se trataba de una opinión personal- «pasando factura a Bella Unión y a los peludos de UTAA por haber sido, a mediados del siglo XX, protagonistas de una de las gestas sociales más trascendentes de la historia contemporánea». *

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