Punta de Rieles: memorias de la dignidad
«Lo que nos hemos propuesto es promover acciones que permitan recuperar la memoria histórica de lo que durante la dictadura fue el Penal de Punta de Rieles. Tenemos la certeza de que recuperar el pasado es una manera de reconstruirnos como una sociedad sustentada en valores de libertad, justicia y respeto de los derechos humanos», dicen Graciela Nario, Oscar Antúnez, Miriam González, Nélida Reyes, Osorilín Vera, Julio César Camacho y Mónica Pí, integrantes de Memorias para la Paz, colectivo que impulsa el proyecto.
Este colectivo nació hace poco más de un año, cuando el Taller Vivencias, que nuclea a ex presas políticas, la Comisión de la Mujer de Zonal 9 y Mujer Ahora sentaron las bases del trabajo de investigación que ha permitido rescatar, elaborar e intercambiar testimonios de quienes habían sido protagonistas y testigos de lo que sucedió en el barrio Punta de Rieles en aquella época.
Esa tarea tuvo como objetivo central la recopilación de relatos de vecinas y vecinos que debieron enfrentar la presencia del penal y, como consecuencia, la militarización del barrio durante 12 duros años.
«Desde 1973 a 1985, toda esa gente vivió con el peso de saber que frente a sus casas había cientos de mujeres que no podían disfrutar de su derecho a la libertad», dicen a LA REPUBLICA integrantes de Memorias para La Paz.
En el penal, «unas 600 mujeres fueron encarceladas y torturadas por luchar por una sociedad más justa, pero la militarización del barrio trajo como consecuencia que también los vecinos y las vecinas de la zona sufrieran otras formas de represión e intimidación», explican.
Punta de Rieles fue testigo además de la férrea voluntad de los familiares de las presas. «Los familiares peregrinaron durante años bajo el calor, el frío o la lluvia, llevando los bolsos a sus mujeres queridas, haciendo de esa caminata un acto de resistencia, de lucha y amor», subraya Memorias para la Paz.
Eso también dejó huellas imborrables en el barrio, cuya población generó, no obstante la represión, actos solidarios con las presas y sus familias. Antúnez, quien como habitante del barrio fue testigo y actor de esos sucesos, cuenta:
«Cuando estas cosas estaban pasando yo tenía 11 años. Los chiquilines del barrio no sabíamos muy bien lo que estaba ocurriendo. Fue después, cuando empezamos a informarnos, que cobramos conciencia de la situación y entendimos muchas cosas que en aquel momento se nos escapaban. Me acuerdo que algunos gurises que jugando se acercaban a la zona donde estaba el penal a veces escuchaban voces que salían de allí. También veían trapos blancos o algo así en el edificio y recién mucho después supimos que eran las presas. Cuando liberaban a alguna, la gente del barrio la acompañaba caminando hasta donde la estaban esperando sus familiares. Era una manera de darle apoyo, de mostrar solidaridad con esas mujeres que estaban presas. Después eso ya no se pudo hacer porque los militares tomaron medidas para evitarlo. Si iban a liberar a alguna no lo hacían allí mismo sino que la llevaban primero a Cárcel Central y recién allí la soltaban. Pero la solidaridad con esas mujeres estaba siempre presente en el barrio. A mí me tocó demostrarle a una de ellas lo que sentía la gente del barrio. Iban a liberar a una maestra y se decidió entregarle una flor para darle aliento y apoyo y me eligieron a mí para hacerlo. Yo, con la túnica de escolar, me acerqué a ella y le di la flor. Ella se emocionó y me besó. Nunca me voy a olvidar de eso. La flor que le llevé era una de esas silvestres que hay por aquí. La arrancamos para ella, para esa mujer que recobraba la libertad».
El reencuentro
El trabajo emprendido por Memorias para la Paz permitió que ex presas y vecinas y vecinos del barrio se reencontraran tras muchos años. «Fue un encuentro de caras que se conocían sin conocerse. Cuando comenzamos a reunirnos, pudimos por fin ver a esas mujeres que tanto habían padecido en el penal, saber quiénes eran. Al fin pudimos ponerle rostro a su presencia, a su sufrimiento», dicen en Punta de Rieles.
Del intercambio de testimonios e historias que permitieron las emotivas reuniones de la gente del barrio con las ex presas surgió el libro «Memorias de Punta de Rieles en los tiempos del Penal de Mujeres», presentado ayer en el Salón Azul de la Intendencia Municipal de Montevideo como fruto de esta reconstrucción popular de la historia reciente.
Pero el libro, crónica de una etapa que Punta de Rieles y las prisioneras vivieron con fortaleza y dignidad, es sólo parte de un conjunto de acciones ya en desarrollo orientadas a profundizar esfuerzos para consolidar «una cultura de paz y educar a las nuevas y viejas generaciones en el respeto de los derechos humanos», señala el grupo.
En ese marco, Memorias para la Paz se plantea como metas inmediatas:
«- Dar un nuevo nombre a una de las calles de acceso al ex penal de Punta de Rieles, que recuerde a las mujeres que vivieron la reclusión forzada por su lucha por construir un país con mayor equidad, así como a las familias que las acompañaron.
– Crear un espacio público del barrio Punta de Rieles, con plantas autóctonas y una placa alusiva, que represente un homenaje a la lucha de las mujeres que resistieron el atropello de la fuerza.
– Promover la apertura del ex penal de Punta de Rieles para ser visitado, y su posterior transformación en un museo-monumento histórico para la paz».
Estas propuestas cuentan en el ámbito institucional con el apoyo de la Comisión de Derechos Humanos de la Junta Departamental de Montevideo (IMM), la Comisión de Mujer de la IMM y la Junta Local, la Comisión de Obras Comunitarias y la Comisión de Derechos Humanos del Zonal 9.
A ese apoyo se suman las organizaciones Amnistía Internacional, Comisión de Fomento Punta de Rieles, Cooperativa de Viviendas Tres de Marzo, Comisión Fomento Teatro y Plaza Flor de Maroñas, Grupo Eclesial de Base de Parroquia Santa Gema, Consejo Administrador de la Casa de la Cultura «El Hornero», Mujeres Por Democracia, Equidad y Ciudadanía, Serpaj, Ielsur, Sersoc, Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, Unión de Mujeres Uruguayas, Comisión de la Mujer de AEBU y Asociación Civil «Casa Lunas». *
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