LA COLUMNA AMARILLA

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No quería dejar de escribir, antes que me agarrara la veda, sobre los patéticos y desconcertantes avisos que profusamente está difundiendo la lista 15.

De golpe, y sin siquiera unos besitos y caricias previas, nos quieren penetrar nuestras conciencias por medio del más sobreactuado melodrama que se haya visto en la más mala telenovela centroamericana.

El arrogante y agresivo Alfie –capaz de gritarle a los periodistas «no me rompan más los huevos»– resulta que ahora se nos muestra hablando a media voz tratando de tocar nuestros corazones con referencias a su familia. Es como si Ignacio de Posadas saliera disfrazado de clown haciendo chistes o nos mostraran a Davrieux en tutú rosado bailando «El lago de los cisnes».

Poco creíble, muchachos, poco creíble.

La banda sonora suena como la típica música de una boba película de «hondo contenido humano» y crea un meloso colchón sonoro para que los ministros susurren textos al mejor estilo Pablo Coelho.

El que supera todo lo previsto es ese donde Bordaberry maquillado como para parecerse a su padre, vaya a saber a que semiótica estrategia responde este paralelismo, nos plantea que no votemos al EP-FA-NM porque sino ellos –los jóvenes y pujantes colorados de hoy– van a ser unos viejos carcamanes cuando quieran volver a acomodarse al lado de la teta del Estado. Cosa que por ser cierta, no quiere decir que capte votos.

Es verdad que esta campaña no se ha caracterizado por las buenas y creativas piezas publicitarias pero –sin ánimo de enemistarme con mis ex colegas de las agencias de publicidad– debo confesarles señores de la 15 que para mí les están robando la guita. *

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