Solicitó pensión graciable y prometieron dársela por "trabajar para el partido"
Este no es simplemente un año más. En 2004 los uruguayos hemos asistido a un resurgimiento de la identidad de la Patria, un auge en la promoción de las culturas del campo, de las fervientes tradiciones que hacen páginas en los libros de nuestra historia. Un año de elecciones, un año para rescatar figuras y episodios que acompasan el tiempo que vivimos. En el sentir de Petrona Gómez, la figura de uno de los inmolados en la lucha por Paysandú y por toda nuestra República, ha sido dejada de lado, «antes se tenía más presente la figura de Leandro Gómez, él es un héroe de nuestra patria, y se lo ha dejado un poco al costado del camino de nuestra historia, está en el olvido», comentó ella.
En los accesos a Montevideo, entre el tumulto de edificios del Complejo de Millán y Lecoq, entre las tantas calles y plazas con niños y jóvenes, vive Petrona Gómez y su esposo. En sus espacios, se percibe la hospitalidad, las ansias de contar su historia. Historia que a través de documentos, actas de nacimiento y cartas, hablaban de sus raíces. El mismo departamento de Treinta y Tres que en 1811, vio nacer al general Leandro Gómez, dio luz a la vida de Petrona Gomez, quien disfrutó de su infancia y juventud entre leyendas y anécdotas de su bisabuelo, contadas a orillas del Olimar.
Ya en su madurez, Petrona Gómez emigró a la capital donde se radicó, enterándose entre una y otra charla de la existencia de una Ley que explica que a todos los descendientes de servidores de la patria, se les debe adjudicar una pensión graciable. Petrona, como familiar de uno de esos servidores patrios, solicitó la suya, la cual aún hoy, a sus 75 años, no ha logrado obtener.
Golpeando las puertas del Senado
En el año 2002, durante el gobierno de Lacalle, los trámites, que habían quedado estacionados por más de 15 años, volvieron a circular. Petrona Gómez, con el apoyo de su esposo, se acercó a la bancada del Partido Nacional, esperando obtener en ellos el apoyo necesario para lograr la pensión. Las respuestas que escuchó, distaron mucho de ser aquellas en las que se resalta la figura de un hombre de las divisas nacionalistas, que entregó su vida en combate por la soberanía de nuestro país.
Golpearon las puertas de la senadora Julia Pou, y del senador Jorge Larrañaga, y se esbozaron algunas promesas de posibles soluciones, «me dijeron que se harían cargo de todo esto, pero en el intermedio cambió el gobierno blanco y todo quedó en nada. En varias ocasiones nos acercamos al secretario del entonces senador Larrañaga, Fernando Ripol, quien se dio media vuelta y me dejó hablando sola. Siendo que supuestamente Larrañaga me había dicho que lo que le proponía era sumamente importante», explicó Petrona. «En estos días, dirigentes blancos, nos han dicho a mi esposo y a mí, que si trabajamos en la campaña por el partido, nos agilitarían el tramite.
Para que se acordaran de Aparicio Saravia, tuvieron que pasar 100 años, si la condición para que éste archivo se mueva es esa, puede quedarse quietito donde está».
La «Heroica Paysandú»
Los años que van entre 1851 y 1865, o sea entre el fin de la Guerra Grande y la instalación del «gobierno de divisa» fueron especialmente intensos para los acontecimientos políticos que agitaron, desde dentro y desde fuera, la vida de un estado cuya propia existencia distaba mucho de estar consolidada.
El 1 de marzo de 1860, fue electo constitucionalmente Bernardo P. Berro, hombre de origen blanco, quien durante su mandato debió hacer frente a una prolongada guerra civil. En ese período, Venancio Flores, general del Partido Colorado, con el apoyo del gobierno argentino unitario y conservador de Bartolomé Mitre, inició la llamada «Cruzada Libertadora», que elevaba la bandera en venganza de los mártires del combate de Paso de Quinteros.
En 1864, el General Leandro Gómez, resistió a las fuerzas del ejército de Flores y sus aliados en Paysandú, que sitió la ciudad por tierra y por agua. La escuadra brasilera, apostada en el río Uruguay, bombardeó Paysandú, obligando a que fueran evacuados inmediatamente las mujeres y los niños.
El general Leandro Gómez y sus hombres resistieron durante dos meses el asedio, sumándose bajas en sus filas cada día que transcurría. El 2 de enero de 1865, los atacantes asaltaron la ciudad, en la que permanecían estoicos casi 700 soldados gubernistas. Pero la masacre fue inevitable. En «La defensa de Paysandú», el bisabuelo de Petrona Gómez, líder de las tropas por la lucha independentista, era fusilado y junto a él los últimos combatientes, porque ninguno se rindió ante los ejércitos de Flores apoyados por las fuerzas imperiales extranjeras.
«Mi familia toda es oriunda de Treinta y Tres, aún hoy tengo latentes los recuerdos de las anécdotas que nos contaba mi abuela. Ella tenía 19 hijos y nos hablaba a todos de las cosas que le fueron trasmitidas en la familia de generación en generación», recordaba Petrona. «La tumba de mi bisabuelo, el general Leandro Gómez está en Paysandú. ¿Si tu padre, o tu abuelo, hubieran luchado por tu patria, no harías lo mismo, al menos nomás sea para reivindicar su figura?» Nos preguntó finalmente, mientras nos despedía y quedaba allí, entre sus libros y sus recuerdos familiares, que son, aunque ella no se lo hubiese propuesto, libros y recuerdos incorporados a la historia heroica de nuestros antepasados. *
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