Denuncian hacinamiento y graves insuficiencias en complejo habitacional creado por el gobierno

Los Hornos no baja los brazos

El próximo sábado 23 se cumplirá un año desde que el Mvotma realojó a 92 modestas familias en Los Hornos, un complejo de Núcleos Básicos Evolutivos que salvo en una media docena de casos tienen apenas 32 metros cuadrados de superficie y cuentan con un solo dormitorio.

La reducida dimensión de los núcleos hace que muchas familias estén viviendo en condiciones de degradante hacinamiento, dice la activista comunitaria Graciela Benítez, quien integra la comisión vecinal del complejo, ubicado en el kilómetro 12.500 de Camino Maldonado.

«Aquí hay familias muy numerosas y algunas tienen hasta ocho hijos. Es obvio que no pueden continuar viviendo así, amontonadas en las pequeñas casitas que les construyó el ministerio. La calidad de vida de estas personas se está degradando rápidamente y ya tenemos, desde hace varios meses, situaciones extremadamente críticas que se agravan día tras día», señala Benítez.

Las propias familias afectadas están en condiciones de ampliar los núcleos habitacionales si el Mvotma proporciona el material necesario. Sin embargo, hasta el momento no han prosperado las gestiones realizadas para poner en marcha ese proyecto, afirman en Los Hornos.

«Hace muchos meses que planteamos la idea. Si cuenta con un banco de materiales, la gente del complejo está dispuesta a aportar mano de obra para ampliar los núcleos. Pero hasta hoy no hemos recibido ninguna respuesta concreta y nada sabemos del banco de materiales», confirma Benítez.

La activista subraya que lo mismo sucede con la imperiosa necesidad de cercar el complejo. Benítez relata:

«Ese tema se planteó en una reunión que en marzo de este año tuvimos con el titular del Mvotma, Saúl Irureta. El se comprometió a realizar gestiones para construir un muro que delimite el complejo. El muro es imprescindible y urgente por muchas razones. Pero fue transcurriendo el tiempo y no pasó nada. Hoy, a siete meses de aquella reunión, todo sigue igual y el muro brilla por su ausencia».

Esta situación puede poner en grave riesgo a la numerosa población infantil de Los Hornos. «Si no hay muro, en cualquier descuido un niño chico sale sólo a la calle y eso es muy peligroso en esta zona de tránsito pesado», advierten en el vecindario.

Por otra parte, el muro contribuiría a garantizar la seguridad del complejo, que ya sufrió robos y destrozos reiterados. Benítez dice al respecto:

«En julio entraron ladrones, rompieron puertas, ventanas y vidrios de los salones comunales y se llevaron artefactos sanitarios y extractores de aire. El daño material fue enorme para nosotros, pero lo peor ha sido que los salones quedaron inutilizados, lo que impide usarlos para actividades comunitarias. Pedimos al ministerio la reposición de lo que nos robaron y elementos para construir nosotros mismos rejas protectoras, pero todo, nuevamente, quedó ahí».

El complejo es custodiado por 12 agentes policiales del servicio 222 contratados por el Mvotma. Los agentes están distribuidos en turnos que cubren las 24 horas del día, pero según coinciden en afirmar habitantes de Los Hornos el sistema de vigilancia no funciona bien. «Muchas veces los policías están en cualquier lado menos donde deben estar», aseguran varios vecinos.

 

Esperanzas frustradas

«Los Hornos se formó en el marco del Programa de Integración de Asentamientos Irregulares con 62 familias provenientes de un barrio cercano, La Esperanza, y otras que antes vivían en pensiones. Tomamos posesión de las viviendas el 23 de octubre de 2003 y desde entonces estamos tratando de que nos den soluciones para los problemas que hay aquí pero es como arar en el mar», señala Benítez.

En ese lapso la población del complejo ha sido herida por durísimos desengaños. Benítez cuenta:

«En marzo, cuando hablamos con el ministro sobre la construcción del muro, se manejó la posibilidad de que para esa obra se aplicara un sistema de jornales solidarios, similar al de la Intendencia Municipal de Montevideo. Eso lo mencionó el ministro y nosotros lo vimos bien e incluso planteamos que los jornales podían distribuirse entre habitantes del propio complejo, donde viven personas que están en situación económica muy grave. Eso era muy importante para la gente, teniendo en cuenta el gran desempleo que hay en el país. Pero como tantas otras veces, el asunto quedó ‘a estudio’ y no pasó nada. Esa fue otra frustración muy grande y dolorosa para la gente».

 

Ilusiones rotas

A juicio de la investigadora social Delia Fourcade Buriani, quien está realizando un trabajo de campo en la zona, lo que sucede en Los Hornos «revela que el gobierno es capaz de ahondar la situación de desamparo de personas a las que según dice está ayudando».

«Esto se ve claramente cuando un grupo humano pasa a depender casi por entero de organismos oficiales en cosas importantes, que seguramente podría resolver bien autónomamente si el gobierno se limitara a darle las herramientas para hacerlo. Tenemos, por ejemplo, el caso de las viviendas para los jubilados, entre muchos otros. El gobierno crea programas que, según promete, asegurarán que la gente tenga techo pero la realidad muestra que el resultado final es lamentable y en gran parte de los casos crea nuevos problemas», sostiene.

Según Fourcade el camino correcto es proporcionar medios y oportunidades para que la gente y las comunidades encaren por sí mismas las situaciones adversas que enfrentan, tanto en materia de vivienda como de trabajo.

«El caso de Los Hornos es clarísimo. Se trasladó a familias enteras de un lugar a otro, se les prometió una mejor calidad de vida, se les dijo que todo iba a estar bien y al final ya vemos lo que pasó», dice la investigadora.

Fourcade explica que no se debe ver a la pobreza sólo como un catálogo de carencias. «Las personas que incluimos en la categoría de ‘pobres’ poseen una enorme riqueza que debemos tener en cuenta para valorarlas con justicia, para no verlas como incapacitadas o como seres incapaces que sólo pueden sobrevivir si el gobierno les brinda asistencia. La riqueza que tienen esas personas está compuesta por habilidades, oficios, conocimientos, talentos. Si les damos la oportunidad de usar todo eso, podrán salir adelante por sí mismas», subraya.

De acuerdo con ese enfoque, si la construcción de Los Hornos hubiera sido gestionada por las familias que ahora viven allí, la situación del complejo sería distinta. «Pero el gobierno monopolizó la tarea y el resultado es hacinamiento para mucha gente, inseguridad que agrega más desamparo y un largo collar de ilusiones rotas», dice Fourcade.

La comisión vecinal de Los Hornos está dispuesta a iniciar movilizaciones que respalden sus demandas. «Aquí mucha gente está pensando en cortar calles, bloquear Camino Maldonado e incluso tomar medidas más fuertes. Al parecer no nos dejan otro camino. Pienso que habrá que hacerlo. Llega un momento en que se pierde la paciencia. Esto no puede seguir así y tenemos muy claro que quedarse con las manos cruzadas no soluciona nada. Vamos a convocar a una asamblea para decidir qué debemos hacer. En eso estamos. Lo que le puedo asegurar es que no bajaremos los brazos», anuncia Benítez. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje