MIENTRAS LA INDIGNACION POPULAR EXIGE SE DETENGA LA CONSTRUCCION DE RESIDENCIAS

En José Ignacio las paredes siguen creciendo y las excavadoras abriéndose paso

Tal como informara oportunamente LA REPUBLICA, mediante un acuerdo entre la comuna y la Armada Nacional, se está edificando en la explanada en torno al faro de la localidad, la nueva sede de la Prefectura Naval, pero junto a esta, también se están edificando viviendas para veraneo de los jerarcas castrenses, sobre planos y estilos arquitectónicos totalmente ajenos al concepto paisajístico y urbanístico de la zona y además, sobre la costa, quebrando los médanos con las topadoras y excavadoras y alterando absolutamente todo lo concebido y dispuesto por las ordenanzas proteccionistas del medio ambiente y el espacio natural de la región.

 

Hasta ahora, un remanso de paz

José Ignacio es –o era hasta hace poco– un pueblo tranquilo con una belleza muy especial en la que se fusiona lo rural con la costa agreste. El campo, la playa, la rocosa y el enorme océano son características naturales que destacan su perfil urbano.

Dentro de esa característica urbanística y tipología arquitectónica es José Ignacio un pueblo «rural-costero», con viviendas individuales, aisladas y de baja altura, lo que le da ese «aire» agreste y rural que coloca al lugar en la antípoda de la Punta del Este cosmopolita y multitudinaria.

Y esto es precisamente lo que buscan aquellos que se acercan al lugar. Un sitio casi único, no contaminado por el turismo invasivo y de cuya edificación y alrededores marcan una diferencia que sus aproximadamente doscientos habitantes permanentes quieren preservar.

 

Cómo empezó todo

Por intermedio de la Comisión de Vecinos de José Ignacio, más o menos un año antes del 125 aniversario del Faro que es símbolo hoy del balneario, se le solicitó al intendente ingeniero Enrique Antía que intercediera ante la Armada Nacional para recuperar el espacio ocupado por el balizamiento y mejorar el ocupado por la Subprefectura, ya que se entendía que el Faro es un atractivo indiscutible y merecía un entorno que realzara sus cualidades.

Se inició entonces un entusiasmado diálogo entre las tres partes, la Intendencia Municipal, la Armada Nacional y la Liga de Vecinos, estando de acuerdo todos en embellecer la zona y hacer de la explanada en torno al faro un paseo acorde.

Se acuerda en sacrificar para el bien de la comunidad una parte de área destinada desde 1909 como espacio libre y llevar adelante un proyecto en el que se prevean las necesidades futuras del balneario, pero siempre de acuerdo todos en que era fundamental mantener la identidad del mismo.

La Armada Nacional colabora con entusiasmo por intermedio del jefe del Servicio de iluminación y balizamiento para los 125 años, reciclando jardines y colocando bajo tierra alrededor del faro el infernal cablerío existente hasta el momento.

Este cordial relacionamiento entre las partes fue concebido por la manifiesta necesidad de embellecer el entorno del faro, y ahora, según manifiestan indignadamente los vecinos, se ve empañado por una obra que pone en peligro una cordial vinculación y además atenta contra la esencia y finalidad del proyecto.

Los vecinos de José Ignacio, entre quienes se encuentra incluso una nieta del fundador del lugar y residente en la zona, movilizados y reunidos han llegado a serias conclusiones sobre el problema, refiriendo las cuales han hecho llegar con fecha 22 de setiembre cartas documento al intendente fernandino, señor Enrique Antía, al ministro de Defensa, profesor Yamandú Fau, y al ministro de Turismo, doctor Pedro Bordaberry, y planteándoles su indignación por lo que está sucediendo.

En las citadas conclusiones los vecinos manifiestan su compromiso de cuidar y respetar el perfil del pueblo, encuadrándolos dentro de los marcos urbanísticos y ambientales de siempre. Asumen además como deber el proteger el medio ambiente, el patrimonio nacional y la inversión, términos conjugados permanentemente y que –dicen los vecinos– no son otra cosa que sinónimos de progreso.

Terminan exigiendo que los proyectos se ajusten a las normativas vigentes y den garantía de transparencia y la certeza a todos los de una forma u otra involucrados en el desarrollo y mantenimiento de esta preciada zona costera.

Mientras todo esto se dice y sucede, mientras las cartas documento van y esperan en los despachos de sus destinatarios, las excavadoras y las topadoras siguen «asesinando» el paisaje de José Ignacio –dijo alguien por allí– y ladrillo tras ladrillo las paredes crecen de las viviendas para privilegiados veraneantes de la oficialidad castrense, sobre un territorio escamoteado a la comunidad, al paisaje y a la armonía de una zona que se siente agredida y ofendida, según conceptos de muchos de sus residentes.

Otro de ellos agregó: «Quieren terminar todo antes del 31 de octubre, así después no hay marcha atrás. Están trabajando intensamente.» *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje