La historia de una niña a la que se le impide estudiar
Karen es la hija mayor de una familia de seis hermanos, y desde muy pequeña padeció en carne propia el desmembramiento familiar. Primero vivió con su padre, luego con los abuelos y desde hace cinco años se radicó en la ciudad de Cardona junto a su madre y sus hermanos, proveniente de Santa Lucía, Canelones. La casualidad la llevó a conocer a un joven de 22 años, mientras las divergencias con su madre provocaban «todos los días un problema diferente». Un nuevo desencuentro con su madre desencadenó en que Karen fuera internada en el Hogar Femenino del Iname, en Mercedes, donde permaneció por un par de meses. Allí completó los trámites que le permitieron casarse, algo que significó para Karen la posibilidad de salir de esa dependencia y regresar a Cardona.
Pueblo chico…
Lejos de ese ambiente conflictivo en la casa materna, Karen pensó que sus problemas habían terminado, pero el mundo adulto le tenía reservadas nuevas dificultades no menos traumáticas. «Pasó de ser una niña con las reglas del hogar a ser parte de una vida de adultos», explicó la psicóloga Bernadette Barreto. Quizá urgida por la necesidad de «abandonar el hogar primario, porque podía haber estado de novia y no necesariamente casarse», o de «estar cerca de una figura protectora, ya que proviene de un hogar de padre abandónico», agregó la profesional. «Evidentemente es algo fruto de la necesidad, por las carencias y las cosas que le faltaban en su hogar, como el afecto, la seguridad, lo que buscó lograr a través del casamiento».
Una decisión surgida del impulso «y no desde la decisión libre de una persona y menos aun fruto de una reflexión», consideró la profesional. Opiniones con las que coincide la psicóloga Daniela López, del Iname Mercedes, quien atendió el caso, ya que en dicha institución trataron de persuadirla, pero «Karen llegó al Hogar con un proyecto de vida claro, ya que el novio en su momento y la familia de él, le ofrecían la contención que necesitaba». Si bien el casamiento le proporcionó esos afectos y contención que da un núcleo familiar, también provocó otros conflictos en su vida, ya que se le impidió continuar con sus estudios en la enseñanza primaria. Quizá porque en una sociedad de pequeñas dimensiones como la de Cardona no existan las herramientas necesarias para poder resolver un drama social como el de Karen. Ninguno de los centros docentes en los cuales buscó la continuidad de su educación a la salida del Iname, supo cómo enfrentar una situación inédita en Cardona.
Sin dudas un caso sin antecedentes en esta localidad. Tal vez sea por eso, lo novedoso de una situación y la falta de directivas claras de cómo resolver un caso de estos, llevó a que el director de la Escuela Nº 93 le sugiriera que «lo mejor para la escuela era que no siguiera concurriendo». Primero se presentó sola en la Escuela Nº 54, con un pase escolar de Mercedes, pero el director le exigió la presencia de un mayor para registrar su inscripción. Sin una madre que la acompañara y la guiara en este tipo de gestiones, decidió junto a su pareja cruzar la vía que divide las ciudades de Cardona y Florencio Sánchez e inscribirse en la Escuela 93. En esa escuela el pase escolar fue suficiente para retomar la enseñanza, pero un par de semanas después la situación volvió a complicarse.
Cardona (Soriano) y Florencio Sánchez (Colonia) son dos pueblos con una vida social íntimamente ligada, apenas separados por la línea del ferrocarril, y como en todo pueblo chico las noticias corren a una velocidad de vértigo. Por ello a los pocos días comenzaron a aparecer los compañeros de clase de Karen con el recorte de diario donde se publicó su edicto de matrimonio. Los maestros se vieron abrumados por las preguntas de los niños, tejiéndose toda clase de especulaciones sobre la adolescente, hasta que el director de la escuela determinó que dejara de concurrir a clases «porque era lo más conveniente». Extendiéndole un pase hacia la Escuela Nº 54 de Cardona, que nadie solicitó. «Esa comunicación se dio luego de que se enterara el director que me casaba», expresó Karen.
El mismo día que salió publicado el edicto, algunos compañeros se lo mostraron y al otro día me dijeron que dejara de concurrir». La falta de claridad de cómo se resolvió el asunto también llega a la Inspección de Educación Primaria de Colonia donde creían que la no continuidad de la niña se debía a una decisión personal, y no a una determinación de la escuela. «Yo quiero seguir estudiando, salvar sexto año para luego concurrir al Liceo o la UTU, esas son mis pretensiones», dijo la adolescente. Algunos contactos realizados por los colegas del periódico Centenario permitieron que se instrumentaran algunas iniciativas para tratar de corregir la situación, y que Karen pudiera culminar sus estudios primarios. La inspectora departamental Sirley Asteseano, señaló que encomendó al director de la escuela de Florencio Sánchez, mantener contacto con la adolescente para ofrecerle dar en el mes de noviembre próximo la prueba de acreditación de aprendizaje, para de esa manera obtener la escolaridad que le permita continuar los estudios.
Si bien esa acreditación está dirigida a personas mayores de quince años, el hecho de que la adolescente se haya casado y por consiguiente lograra la mayoría de edad, le permitirá hacer hincapié en ello para fundamentar la realización de la prueba. Cabe acotar que tanto en Cardona como en Florencio Sánchez no existen escuelas que brinden instrucción a adultos, las popularmente conocidas Escuelas nocturnas, por lo que esta posibilidad que ha surgido para Karen aparecería como quizá la única para que culmine sus estudios primarios. Una historia dramática e insólita a la vez, en la que la independencia y la libertad que puede ofrecer a un adolescente el mundo adulto, muchas veces termina coartando más de un sueño. *
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