Celade analizó la situación de infantilización de la pobreza

En un congreso realizado en el departamento de Colonia, donde se reunieron representantes de distintas ONG que desarrollan tareas sociales y autoridades nacionales, el presidente del Centro Latinoamericano de Desarrollo (Celade), licenciado Mario Marenco, introdujo el concepto de «desnudez» como denominación globalizadora de la problemática que representa la infantilización de la pobreza, a la vez que sostuvo que éste será uno de los temas más graves que deberá enfrentar el próximo gobierno. «El próximo gobierno deberá atender uno de los temas más graves que padece nuestro país ante el creciente proceso de infantilización de la pobreza, que afecta a más del 50% de los niños entre los 5 y 14 años.

El Celade es una ONG con casi veinte años de trayectoria en nuestro país, abocada a la generación de espacios de reflexión y acción acerca de temas vinculados a los derechos humanos, la formación ciudadana, la pobreza, la marginación y la minoridad. Recientemente se la galardonó con el Premio Iberoamericano de Educación 2004, por el que concursaron más de 1.500 organizaciones.

El concepto desnudez, explicó Marenco, permite hablar a la vez de la miseria, la desnutrición, el desánimo, la frustración y la poca fortuna de los desprotegidos, para quienes la gratuidad de la educación siempre será relativa, pues sin ropa y sin alimento la obligatoriedad de la educación se queda sin argumento.

«A las diversas carencias de nuestros niños hay otros factores graves que se suman a la hoja estadística final de los educadores: falta de asistencia, ropa, alimento, carencia de memoria, ausencia por salud y lo que es más patético, las escasas oportunidades de superación que ven los padres para con sus hijos, en condiciones de pobreza, en un país donde las limitaciones a pesar de la predisposición de educadores y asistentes sociales limitan las condiciones educativas, cuando no influyen directamente en el rendimiento escolar o el propio abandono», detalló. Los analistas del Celade indicaron que se puede ser pobre de diferentes maneras y en diferentes grados. No es lo mismo ser pobre en una gran ciudad como Montevideo o en las mismas capitales del Interior del país, que ser pobre y además vivir en zonas de asentamientos entre basurales, con riesgo de enfermedades latentes, y pueblos y villas aisladas, para mencionar una entre las tantas como Bella Unión, donde existen pobres entre los pobres, donde los problemas no sólo repercuten en el barrio o en el asentamiento sino en toda la zona.

«Siempre que nos encontramos frente a un problema de interés general, ya sea social, económico, técnico, político, cultural, derivamos necesariamente al campo de la educación. Sin embargo, nos encontramos con paradojas y contradicciones, donde diversos factores nos muestran situaciones extremas entre las cuales se encuentra el abandono escolar. Lo más visible es el alto porcentaje de inasistencias que se registra en el contexto sociocultural más desfavorable», subrayó.

De acuerdo con lo informado por Marenco el motivo de esta situación radica en las situaciones que la pobreza ha ubicado dentro del normal desarrollo de vida de los niños, donde los riesgos se acentúan cada día mediante las escasas posibilidades de trabajo y de poder cubrir con magros ingresos las exigencias y requerimientos de esa primera infancia y adolescencia. En ese sentido Marenco afirmó que las escuelas de tiempo completo no son suficientes para abarcar esta problemática, por lo que para totalizar su labor es necesaria la participación de otros actores.

«Evaluar los procesos educativos y sus resultados, sabemos que demandará un enorme esfuerzo, quizás, pueda ser necesario actividades complementarias más abarcativas que se adapten a las condiciones culturales y su contexto para poder remontar las desventajas del niño en condiciones de pobreza. Quizás haya que trabajar más para poder llegar a determinados niveles de conocimientos, en donde la acción educativa deberá estar centrada en la formación de estructuras mentales que permitan la creatividad, la asimilación y la readaptación a todo posible conocimiento y estimulación en la formación para el trabajo», subrayó. Para el presidente del Celade educar en valores supone crear el sentido de responsabilidad, las condiciones morales, derechos y deberes para una actuación futura de las nuevas generaciones en donde el equilibrio y la equidad sean parte esencial de la condición humana.

Finalmente expresó que «esta es la mitad de la verdad, porque no podemos seguir hablando de crecimiento económico sin trazar políticas sociales eficaces que hagan posible extender hacia abajo los beneficios de ese crecimiento en medio de un deterioro social donde la severa presencia de los pobres es tan fuerte que hasta podría decirse que incluso los que están bien, al contemplarlos, se sienten mal». *

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