ESTARIA CASI COMPROBADO QUE EL POLEMICO DOCENTE LANZO GAS TOXICO SOBRE PERSONAS INDEFENSAS

Ya suman siete los testigos que declararían en un juicio contra Alexander Torres Mega

La joven estudiante prestó su declaración en el marco de la investigación administrativa que viene llevando a cabo el Consejo Directivo Central (Codicen), el máximo órgano de la enseñanza primaria, secundaria y técnica, para esclarecer los episodios registrados el viernes 13 en el centro de formación docente.

Según afirmó al ser interrogada, ella «escuchó» cuando Torres Mega roció con gas tóxico a varias personas cuando se encontraba en la antesala que está entre las puertas de la salida principal.

La estudiante, cuya identidad omitimos, padeció un violento ataque de pánico y debió ser asistida por el equipo de emergencia médica que se hizo presente en el lugar a pedido de la Dirección del instituto.

Los otros seis testigos serían el propio director del Instituto de Profesores Artigas (IPA), Oruam Barboza, una adscripta y una docente, quienes también estaban en la salida del IPA cuando Torres Mega accionó «por segunda vez» el spray, momentos en que se encontraba libre de toda posibilidad de amenazas, insultos o eventuales agresiones físicas.

A estos seis testigos se sumaría una segunda docente que, según se supo, presenció los mismos hechos.

Entre tanto, la «primera vez» que Torres Mega utilizó su tubo de gas, al ingresar al hall del IPA donde se realizaba un taller en homenaje al estudiante Líber Arce, fue presenciada por dos estudiantes, según consta en una denuncia policial presentada ante la Seccional 3ª de la Dirección de Seguridad.

La «segunda vez» que el polémico docente roció con gas a personas indefensas habría quedado registrada en un acta que la autoridad del IPA elevó a los responsables de la enseñanza pública, según dijeron a LA REPUBLICA fuentes de las gremiales de la educación.

Ya presentaron denuncia policial y penal; indaga el juez Ricardo Míguez

La denuncia policial fue presentada a las 23:30 horas del mismo día por la Federación Nacional de Profesores de Enseñanza Secundaria (Fenapes), al tiempo que la denuncia judicial fue concretada por el propio Codicen el siguiente martes 17. Ambas denuncias recayeron sobre el juez en lo penal de 15º Turno, el doctor Ricardo Míguez.

La joven que escuchó el segundo lanzamiento de gas debió ser trasladada, en pleno ataque de pánico, al patio central del centro de estudios donde logró volver a respirar con relativa normalidad.

La adscripta que se encontraba en el mismo lugar que la estudiante se vio impedida de concurrir a formular la denuncia policial porque los médicos que la atendieron en el lugar le recomendaron que se retirara a su casa para guardar reposo absoluto porque padeció un pico de presión alta, además de los efectos por la inhalación del gas.

Los estudiantes que fueron testigos de «la primera vez» que Torres Mega utilizó el gas declararon a la policía que vieron al profesor «con el tubo de gas en su mano derecha». Uno de ellos vio a Torres Mega con el spray en la mano luego que lo accionara, mientras que el otro, sentado un poco más atrás, presenció el preciso instante en que el ahora sumariado profesor lanzó el gas sobre los asistentes.

Según la declaración de ambos jóvenes, Torres Mega accionó el spray por «primera vez» apenas ingresó al hall del IPA donde se había congregado medio centenar de estudiantes y docentes para participar de un acto en homenaje a Líber Arce, el estudiante de veterinaria que fuera asesinado en 1968 por efectivos policiales y militares.

El carácter «tóxico» del gas lanzado por Torres Mega en las dos oportunidades fue determinado por el equipo de emergencia médica que se hizo presente en el lugar. Los médicos constataron que los asistentes al taller padecieron una fuerte tos sumada a una intensa irritación de garganta y ojos. El olor del gas perduró horas.

Tres de los estudiantes afectados fueron revisados días después por los facultativos del Departamento de Medicina Legal del Instituto Médico Forense, una dependencia del Poder Judicial. Ninguno de los jóvenes manifestó secuelas graves ni permanentes. *

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