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Forma de encarar la delincuencia crea el hacinamiento

Como se recordará, la semana pasada el senador encuentrista José Mujica había señalado la necesidad de amnistiar a los detenidos primarios y que no habían cometido delitos de sangre, como forma de descomprimir la situación en los centros de detención. El comentario generó una catarata de críticas y cuestionamientos para con el legislador.

Para el vocero del Celade, esa situación de hacinamiento, producto del aumento en el número de reclusos, no es “un hecho que sucede naturalmente”. Marenco sostuvo que se debe a la forma que el país ha adoptado para controlar el fenómeno de la delincuencia. Desde el punto de vista de la institución resulta “ilógico” solucionar el problema de la sobrepoblación carcelaria por medio de la construcción de nuevos centros penitenciarios. Consideran además que otra opción sería reponer penales o construir otros que cumplan con los requerimientos modernos.

El licenciado Mario Marenco reclamó además que se trabaje adecuadamente sobre el proceso de reinserción del preso en la sociedad y se cuiden los riesgos que lleven a la reincidencia. El Celade considera imprescindible una descompresión de las cárceles en situación de riesgo y propone que el Patronato Nacional de Encarcelados y Liberados sea el eje básico de cualquier plan que apunte a la prevención de la delincuencia. En ese sentido se recuerda lo establecido por la entonces ministra de Educación y Cultura, la doctora Adela Reta, quien en mayo de 1986 sostuvo la necesidad de que los liberados no fueran sometidos a vigilancia policial, sino a la supervisión del patronato.

“Es claro que existen factores sociales y económicos que no se pueden dejar de lado, pero no podemos visualizar al preso primario como si fuera un enemigo de la sociedad. Pueden existir diferentes opiniones en cuanto a si sería buena una amnistía y sobre el riesgo de que si así ocurre, se genere más delincuencia. El asunto es cómo se puede prevenir y controlar y cómo se hace para que esos presos primarios vuelvan a la sociedad y sin crear alarma”, aseguró Marenco.

El presidente del Celade entiende que no siempre es posible “hacer un santo de un preso”, pero afirma que se hace imperiosa la reeducación, es decir, brindarle al encarcelado motivos psicológicos y sociales de buena conducta.

El vocero de la institución indicó que para solucionar la problemática carcelaria “habrá que considerar mecanismos más ágiles en los procesos penales y un tratamiento diferente en lo que hace a la reeducación del recluso. También habría que disminuir todo lo posible el período de encarcelamiento y sustituirlo por trabajos comunitarios. Son respuestas posibles que implican pocos recursos y sí más eficacia. De esa forma se podría instrumentar una amnistía”. *

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