PACIENTES DICEN HABER SIDO PENSIONADOS POR INCAPACIDAD Y EL MEDICO QUE EXAGERAN PARA OBTENER BENEFICIOS

Difícil caso enfrenta a cirujano de columna con "damnificados" organizados

La agrupación recibió el nombre de Sociedad de Damnificados por Artrodesis (Sodaarci) y fue fundada en setiembre del año pasado. Los nucleados en ella fueron intervenidos -según señalaron- a causa de distintos diagnósticos relacionados con padecimientos lumbares, cuya única solución era la realización de una cirugía de artrodesis.

«Después de estar varios meses enyesada, el médico me otorgó el alta sin siquiera realizar algunas sesiones de fisioterapia. Caminar con el implante afirmado en la columna era imposible, sentía que algo me tiraba hacia atrás. Pero después de las operaciones para retirarlo tampoco estoy mejor, porque surgieron otros malestares a causa de ellas», sostuvo Gina Bona, una integrante de Sodaarci.

La mayoría de los integrantes de la agrupación debieron ser sometidos a reiterados procedimientos quirúrgicos, tras lo cual el implante fue removido, excepto los tornillos que lo aseguraban a la columna.

Sonia Barroso, otra integrante de Sodaarci, aseguró que «el material de fabricación de la pieza es acero inoxidable, por eso no sólo pesa mucho, sino que también imposibilita la realización de algunos exámenes de diagnóstico y provoca interferencia cuando se pasa cerca de ciertos electrodomésticos».

La vida cotidiana de estas personas se transformó al punto de que dicen añorar los angustiosos dolores lumbares que sentían antes. «La mayoría padece incontinencia urinaria, todos fuimos jubilados o pensionados por incapacidad. Además, todos los días hay que esperar el efecto de los calmantes para saber qué tanto se va a sufrir y por tanto qué cosas se podrán hacer y cuáles no», afirmó Marilú Fagetti, fundadora de la asociación, que sólo cuenta con treinta y tres años de edad. La lista de analgésicos y calmantes controlados que deben ingerir a diario, muchas veces en forma de «cóctel», es extensa y va desde Perifar Flex hasta morfina.

 

¿Quién es el cirujano?

El médico cuestionado por los integrantes de Sodaarci es el cirujano, traumatólogo y ortopedista Carlos Lea Plaza. Nació en Bolivia, donde actualmente está radicado tras su jubilación, pero cursó sus estudios de medicina en Uruguay. Por méritos propios, a través de un concurso, obtuvo la posibilidad de realizar su especialización en Traumatología y Ortopedia en los Estados Unidos, que incluía cirugía de columna. Luego de concluido el posgrado retornó a nuestro país para aportar sus conocimientos, primero en salud pública y luego en el sector privado.

En diálogo con LA REPUBLICA afirmó que cuando volvió a Uruguay «la cirugía de columna estaba completamente rezagada respecto al resto de las cirugías, pero no sólo acá, en muchos países de Latinoamérica nadie quería tocar una columna por el alto porcentaje de paraplejías causadas por las intervenciones». Según aseveró, al poco tiempo de su regreso convenció a un distinguido colega norteamericano para que visitara Uruguay con la intención de explicar los avances logrados en este tipo de cirugía. «Su llegada hizo saltar cincuenta años adelante la ortopedia uruguaya», remarcó.

A continuación, Lea Plaza junto a otros dos médicos fundó el Centro de Deformaciones de Columna, que en una primera instancia funcionó en forma honoraria, atendiendo a los pacientes de Salud Pública. Después de cierto tiempo se fijó un precio mutual y se comenzó a atender a pacientes privados. En 1993, se desvincula del equipo «por causas científicas» e ingresa a desempeñar tareas en una mutualista de la capital, donde se crea un centro de columna para abaratar los costos que significaban los tratamientos de los pacientes fuera de la institución. «Puedo afirmar que fui el único cirujano de columna en Uruguay. Si bien otros colegas la realizaban, también practicaban otras variantes de la traumatología. Pero en esencia todos fueron mis alumnos», sostuvo.

 

Características del marco

El implante desarrollado por Lea Plaza, de acuerdo a lo informado por el médico, ha sido objeto de análisis de publicaciones científicas de todo el mundo, a raíz de las cuales ha dado conferencias y cirugías demostrativas en las tres Américas y Europa. «El marco que en un principio se usó para corrección, comenzó a utilizarse para inmovilizar la columna en distintas patologías, desde una escoleosis hasta una patología degenerativa. El implante permite la fijación de un injerto en esa zona, evitando un reposo de ocho meses. Con una simple faja, la persona puede continuar el tratamiento en forma ambulatoria sin perjudicar el injerto», explicó. El marco Lea Plaza se construye en Estados Unidos con acero 316 mm -el más puro que existe- y cuenta con la aprobación de la FDA; según el especialista, en el 99% de los casos no es necesario retirarlo luego de la intervención.

 

La respuesta del médico a Sodaarci

En las intervenciones de columna, Lea Plaza aseguró que «la delicada estructura de la médula ósea y la dificultad de verla en ciertas operaciones hace que exista un porcentaje de complicaciones. Porque lamentablemente la medicina no ha avanzado tanto como para tener riesgo cero». A la vez resaltó que «el extremo cuidado de la técnica que se empleó en estas intervenciones permitió que ningún paciente quedara parapléjico». En el caso de los integrantes de Sodaarci, Lea Plaza sostuvo que fueron informados de los riesgos de la operación y que los aceptaron antes de realizar la misma, y que si «existió algún error fue involuntario», debido a lo complicado de la intervención, a las diferencias morfológicas de los pacientes y a sus antecedentes clínicos. No obstante, reconoció que todos tenían diferentes diagnósticos, pero que requerían la realización de una artrodesis circunferencial, y que hubo daño neurológico tras la cirugía. Asimismo añadió: «Ellos representan cerca del 1% de todas las personas que operé con resultados positivos». Aunque no niega la posibilidad de que los pacientes en cuestión padezcan algún tipo de sufrimiento, aseguró que «exageran para obtener beneficios económicos. La señora Fagetti ha querido presentarme como un comerciante, diciendo que cobraba 89 mil dólares por intervención, cuando en realidad eran 41 mil pesos, que debían repartirse entre todos los integrantes del equipo. También dijo que realicé operaciones innecesarias. Nunca dejé de atender a mis pacientes para asegurar sus cuidados. Toda mi vida he tratado de ser alguien honorable. Con las afirmaciones de esta persona, el objetivo de mi vida se ve frustrado», subrayó.

 

Las demandas y denuncias

Los integrantes de la agrupación aseguran que han sido discriminados como consecuencia de las denuncias penales y demandas civiles que han entablado en contra del especialista. Tres demandas civiles están en curso, mientras que las penales aún se encuentran en presumario.

Marilú Fagetti fue demandada por el médico, como consecuencia de las acciones públicas que realizó a fines de 2003 para denunciar su situación. Además de colocar una pancarta al frente de su casa y repartir volantes, apareció en el mes de diciembre en el noticiero de Canal 10. «En ese lugar hacen un periodismo sensacionalista que pasa por encima de la moral, de la ética de las personas, no les importa a quién están ensuciando para subir los niveles de audiencia», sentenció Lea Plaza. Las cintas del informativo fueron solicitadas al canal como prueba para la demanda por difamación e injurias que lleva adelante el médico, como forma de salvaguardar su reputación internacional, pero nunca llegaron al Juzgado, porque ya habían sido destruidas. El medio de comunicación audiovisual hasta el mo
mento no buscó la versión del médico, aunque hace algunos años lo invitó a presentarse en el programa «Caleidoscopio», para dar a conocer los logros de sus intervenciones. Según informó Lea Plaza, una de las demandas civiles que había presentado una de las integrantes de Sodaarci, tuvo su veredicto y negó la responsabilidad médica en ese caso.

A pesar de esto, la mujer continúa sosteniendo que la cirugía realizada por el especialista provocó su incapacidad actual, así como la de los 12 miembros de Sodaarci, «y de muchos otros que aún no se animan a decirlo en público por temor a represalias contra ellos o sus familiares». *

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