Alerta en Liceo de Pan de Azúcar
La violencia en la juventud, el alto consumo de alcohol, sumado en muchos casos a la droga, detonan en cualquier parte, pero principalmente en puntos de concentración masiva, como pueden ser discotecas o los propios centros de estudio. Esta problemática no se presenta hoy exclusivamente en aquellos grandes liceos de Montevideo, o de las capitales departamentales del Interior. También se manifiesta en comunidades relativamente pequeñas y consideradas tranquilas. La ciudad de Pan de Azúcar es uno de esos casos. Situada a poco menos de 10 kilómetros del balneario de Piriápolis, Pan de Azúcar tiene un Liceo que, con una amplia reforma edilicia habilitada este año, cuenta con una matrícula que ronda los 900 alumnos. Allí, y más allá de los esfuerzos de los educandos y de la propia dirección, algunos temas se van de las manos. Lisa y llanamente porque no hay forma de controlar turnos de casi 500 alumnos, donde ya no todo el mundo se conoce.
Los problemas, que seguramente no surgen en el propio Liceo, se manifiestan allí con cierto grado de peligrosidad, y es por eso que, antes de que la sangre llegue al río, un importante grupo de padres convocó la semana pasada a la dirección del centro educativo, para que informe sobre qué es lo que está pasando, y si todo lo que se rumorea en las calles es verdad o mentira. Por disposición de la dirección del Liceo pandeazuquense, La República no pudo participar de la reunión, aunque pudimos en lo previo estar al tanto de lo que se trataría, y posteriormente dialogar ampliamente con un grupo de padres.
Tapando todo
Como muchas veces ocurre, en este caso también se quiere tapar el sol con una mano. Ni la dirección del Liceo, ni los padres, se atreven a testimoniar ante un grabador, que se han encontrado adolescentes que seguramente han consumido algún tipo de droga y han concurrido a clase. Tampoco que algunos grandes «zamarrean a los más chicos». Allí está el foco inicial de lo que luego podría transformarse en agresiones más violentas, como lamentablemente ha ocurrido en otros liceos del país. Fuera del plantel docente de este centro educativo, apenas seis personas, entre administrativos y personal de servicio, cubren un liceo con casi mil alumnos. La policía efectúa la vigilancia del entorno, pero no hay ningún tipo de vigilancia interna. Por consiguiente, las nuevas instalaciones, ajustadas a los últimos requerimientos en materia edilicia y educativa, ya denotan cierto deterioro. Pestillos de puertas arrancados, cisternas de los baños que no funcionan dos días seguidos, paredes rayadas al igual que las puertas, son mudos testigos de conductas que preocupan.
Padres movilizados
Laura es la madre de un alumno de primer año del Liceo de Pan de Azúcar, quien el lunes concurrió preocupada a la reunión de referencia. «Somos un grupo de padres de alumnos de primer año que sentimos la inquietud y vinimos a hablar con la directora, porque sabemos de comentarios de violencia de todo tipo que hay en el Liceo y queríamos ponernos a la orden para ver de qué manera podemos ayudar». Sin entrar en detalles de cuáles fueron esos casos denunciados, reveló que «hay muy poco personal y de Secundaria no van a mandar más. A ellos (a la dirección) se les está haciendo medio imposible». La idea es adelantarse antes que la situación se torne incontrolable, «es mejor prevenir que lamentarse después», concluyó la madre.
En Piriápolis destrozan todo
A todo esto, ayer, el director del Liceo de Piriápolis se manifestó extremadamente preocupado por la misma problemática en ese centro educativo, donde por otra parte se están efectuando obras de ampliación. En nota realizada por la radio local RBC, el profesor David Plada explicó que los destrozos, principalmente en los baños, es algo cotidiano. «El tema del famoso 13 de mayo con las jornadas por la violencia, fue una cosa puntual y circunstancial. El tema de la violencia en las instituciones es permanente», dijo el director. «Nosotros cada vez que empieza el año, esperamos que empiece, y la reacción frente a la institución, es romper los vidrios», señaló casi con resignación el docente, que por segundo año consecutivo ejerce la dirección de este Liceo. Y agregó que, tras sucesivas convocatorias para participar en talleres, «de 150 padres de primer año tuvimos 16 padres, y en segundo, donde hay más de 30 alumnos en cinco grupos, hubo 20″. *
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