LA COLUMNA AMARILLA

Diálogo utópico

-Buenos días, ¿aquí es dónde se autentifican los sueños?

-Según, tendríamos que analizar a qué tipo de sueño usted se refiere.

-Mire yo le hablo de esos sueños que fueron creciendo como una plantita hasta verse llenos de frutos y flores… y luego los agarró la helada y uno tuvo que andar podando, haciendo injertos y en muchos casos hasta se secaron y uno tuvo que guardar las semillas para tiempo después poner aquellos sueños a germinar y ver salir un brote, una hojitas y -teniéndolos entre algodones y con mucho cuidado- hemos logrado mantenerlos hasta ahora.

-¡Ah! usted habla de sueños largos, de sueños que vienen de allá lejos.

-Y sí, desde hace 33 años por lo menos.

-¿Esos sueños no le han resultado pesados en algún momento?

-Hubo momentos en que aparentemente valían muy poco.

-Es cierto, lo que tienen estos sueños es que son un poco molestos.

-Cuando menos te lo pensás, allí te aparecen iluminándote la mirada.

-¿Y por qué quiere usted autentificar sus sueños?

-Mire, en realidad yo no necesito que me digan si son auténticos o no. Quiero saber si siguen siendo válidos.

Lo que pasa es que, por un lado, siento que muy pronto -digamos que dentro de unos 5 meses más o menos- parte de estos sueños se van a cumplir. ¡Y usted se podrá imaginar lo que significa ver crecer al sol aquella plantita, aquellos sueños, ¿no?

Y por otro: no veo a nadie que le cambie la cara, que le brillen los ojos por imaginar esto. Es más, si uno presta atención al discurso de los dirigentes hasta parecería que te estuvieran pidiendo que no riegues demasiado a esos sueños.

Y digo yo: ¿no es hora de anunciar que hay que llenar los balcones y los jardines con sus frutos y sus flores?

-Tiene razón, ¿sabe que es lo peor que le puede pasar a los sueños?

-No.

-Que los terminen usando para dormir.

-O que se pierdan en un gran bostezo. *

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