El trasplante de cara dejaría de ser el simple argumento de un filme de Travolta
e trata de un equipo de la Universidad de Louisville, en Kentucky, Estados Unidos de Norteamérica, que mediante una presentación fundamentada en 30 folios solicitó al Comité de Etica de la referida universidad la autorización correspondiente para proceder a dicha intervención, según informó la revista especializada «New Scientist».
Un tema largamente debatido
La iniciativa de este grupo de especialistas no es un tema que aparezca como desconocido en los medios científicos internacionales. Peter Butler cirujano del Royal Free Hospital de Londres, ya en el año 2002 había planteado ante la comunidad científica que se realizara un debate sobre el procedimiento para este tipo de trasplantes. Sin embargo entonces, el Colegio Real de Galenos de Inglaterra y Gales prefirió posponer el tema invitando a ser prudentes sobre el mismo, hasta que el año pasado, analizados los hechos y las propuestas, el conservador colegio científico del Reino Unido decidió que en cuanto a ello «los riesgos superaban los posibles beneficios «, por lo cual el tema quedó en suspenso.
Antecedentes reales y ficticios
En la búsqueda de antecedentes a este tipo de cirugía propuesta por el grupo médico universitario de Louisville se anota en el año 1994 en la India el reemplazo del rostro de un niño de 9 años, que perdió la cara y el cuero cabelludo en un accidente con una máquina trilladora. Sus padres inmediatamente corrieron al hospital con la piel de la cara y el cuero cabelludo en una bolsa de plástico y un hábil cirujano logró reconectar las arterias y reinsertar la piel.
En Estados Unidos precisamente, en Australia y en otros países se han registrado a lo largo de los años éxitos notables de transplantes reimplantándose manos, muslos y huesos de la rodilla e incluso una bebita de apenas un mes de vida logró sobrevivir a un trasplante de mano y brazo. Por supuesto que otros tales como riñón, pulmón, corazón y otros tejidos son hoy por hoy moneda corriente en los quirófanos del mundo, al extremo que el mayor inconveniente que sufre esta rama especializada de la cirugía es la notoria escasez de donantes.
A pesar de tantas experiencias con logros por lo general positivos, un trasplante de cara completo se estima que será una intervención que demandará 24 horas continuadas de trabajo al equipo de cirujanos y asistentes, ya que implica el levantar toda la cara de un donante fallecido -incluyéndose en ello el cartílago, los nervios y los músculos de la cara- para transferirlo inmediatamente al receptor, que sería en todo caso alguien desfigurado por quemaduras.
Se trata de un desafío en buena medida mucho más complicado que otros anteriores, ya que implica entre otras tantas exigencias tener en cuenta que en los movimientos faciales participan más de 30 músculos y solamente para sonreír hace falta activar 17 de ellos.
El antecedente más cercano que existe no es precisamente una realidad sino que se trata del argumento de un thriller de ciencia ficción titulado «Contracara» protagonizado por Nicolás Cage y John Travolta.
La técnica a utilizarse
De llevarse efectivamente a cabo esta experiencia, el equipo de cirujanos actuante necesitará conservar no solamente la piel del donante desde la línea del cuero cabelludo hasta la línea de la mandíbula de oreja a oreja, sino también la nariz, la boca, los labios, las cejas, los párpados, la grasa subcutánea, algunos músculos, la subestructura nasal y los nervios.
Inmediatamente de obtenidos estos elementos tendrán que reconectarlos en el receptor que seguramente será una persona que ha quedado prácticamente irreconocible como consecuencia de gravísimas quemaduras o heridas de distinto origen. El receptor sin embargo necesitaría de por vida el suministro de dosis controladas de drogas inmunosupresivas.
De acuerdo a lo expresado por la revista «New Scientist» de lograrse con éxito este tipo de trasplante solucionaría el padecimiento de infinidad de afectados por quemaduras o heridas que han deformado sus rostros, ya que algunas víctimas de accidentes de este tipo se han sometido a más de cincuenta operaciones de injertos de piel para reconstruir sus caras y sin embargo siguen apareciendo como desfigurados. Seguramente, de acuerdo a lo que sostienen los cirujanos, el trasplante total de rostro dará mejores resultados.
Reconstruida pero quizás no «igual»
La misma revista que publicó la noticia en los Estados Unidos realizó una experiencia con la compañía de televisión «Mentor» y una firma de animación para efectuar «un transplante virtual» estirando para ello la piel facial de un donante sobre la estructura ósea de un receptor (por supuesto ambos virtuales como la propia intervención).
Como la apariencia no está dictada solamente por la piel, sino que también la estructura ósea tiene mucho que ver en ello, los científicos que preparan este trabajo opinan que no existe seguridad de que una cara reconstruida se asemeje siquiera a la del donante cuando la intervención finalice. Por supuesto, los desafíos técnicos al respecto son enormes, tanto como los dilemas éticos que la sociedad toda, no solamente la científica, se plantean ante propuestas revolucionarias como ésta.
Incluso hay quienes desde ya aventuran que este tipo de técnicas de trasplante podría derivar en un futuro no muy lejano, en una casi macabra práctica comercial, inspirada ya sea en el anhelo de lucir el bello rostro de una diva o de un «recio» de la cinematografía, o simplemente para burlar controles de la Justicia o los servicios de Inteligencia internacionales.
Es justamente en estos dilemas donde la realidad y la ficción comienzan a preocupar seriamente a la comunidad científica. *
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