Como todos los años, San Cono convocó ayer multitudes en Florida
Es el momento posterior a que hablara de los pobres y la justicia social, a que hiciera referencia a las elecciones por venir y a la necesidad de políticas justas y equitativas.
El santo patrono nacido en Teggiano (Italia) cumplió ayer su año número 119 en Florida y nuevamente recibió a miles de fieles provenientes de todos los puntos del Uruguay. La gran mayoría de ellos pide algo, ofrece algo, y espera algo.
«Hay gente que entra de rodillas, descalza, hay muchos que se emocionan cuando ven la imagen, otros que traen sus ofrendas en dinero y no les gusta que nadie les vea», cuentan los colaboradores de la capilla.
260 stands comerciales ocupados
«Está flojito de gente, y se vende poco, hay una peladera bárbara», dice el vendedor de cotorras australianas a $ 70 y de hamsters (o cuí, en criollo) a $ 35 más la jaula a $ 150.
Metros más allá está el «mentalizador espiritual», al costado de la ambulancia de la emergencia médica que «por suerte ha estado todo tranquilo», dice su chofer.
Unos metros más acá se venden tres tortas fritas por $ 10, y justo al costado el lechón cuesta $ 140 el kilo, o los ravioles y tallarines a $ 35 el plato, con tuco (se aclara desde el pizarrón).
Todo se aprovecha, nada se desperdicia.
Desde el que prepara sus chorizos a las brasas en plena calle céntrica pasando por los mimos que juntan «unos $ 200 por día».
Tiempos de discursos
No solamente de discursos políticos vive el hombre uruguayo, también se aguardaba con expectativa la palabra del enviado de la Santa Sede, el nuncio apostólico monseñor Janus Bolonek y de monseñor Raúl Scarrone, caracterizado por brindar palabras comprometidas socialmente en sus apariciones públicas.
«Me siento dichoso de haber caminado junto a uruguayos y extranjeros, y en estos 119 años de San Cono en Uruguay deseo recordar algo importante para la familia y la sociedad uruguaya: la defensa de la vida», dijo Bolonek luego de vincular el nacimiento milagroso de Cono hace siglos con la actualidad nacional.
«Antes de volver al trabajo y al barrio debemos jurar a Dios cómo vamos a proteger y respetar de manera absoluta la vida humana desde la concepción. El ser humano debe ser reconocido en sus derechos como persona y uno de ellos que es inviolable es la vida», sentenció el nuncio.
Aborto e infanticidio son crímenes abominables y por ello el derecho a la vida es primario, dijo Bolonek, haciendo referencia al discurso inclaudicable del Papa Juan Pablo II y los obispos uruguayos desde hace decenios.
«Sí a la vida debe ser no al aborto», finalizó.
Seguridad, paz y dignidad
Monseñor Raúl Scarrone fue el último orador antes de que la multitud se dispersara, antes de que los floridenses se comenzaran a preparar para enfrentar otro día laborable luego del feriado departamental.
«Vivienda digna con seguridad y paz. Está probado que el secreto de la felicidad está en el amor, quien ama y se siente amado es feliz», comenzó diciendo el obispo de la Diócesis Florida Durazno.
Agregó que los juguetes y la comida no son suficientes si falta el amor de los padres, al tiempo que se dedicó un tiempo y varias palabras para referir a los tiempos políticos que corremos los orientales por estos meses.
«Muchas veces ponemos en los políticos expectativas desmedidas. La función del gobernante es cada vez más difícil y concreta. Debemos elegir bien al presidente y mirar las propuestas y las actitudes, debemos ver quién respeta los derechos humanos y una educación acorde con las propias convicciones».
Más tarde sintetizó los momentos de desempleo y pobreza y pidió generar un país productivo que mire al campo, «ese desierto verde que tenemos», para así generar riqueza.
Las últimas palabras fueron titulares para cualquier matutino: paz social basada en justicia, conductas coherentes, hoy debemos pedir a Dios y a San Cono que nos muestre el mejor camino para el Uruguay próspero.
La bendición final por parte de ambas autoridades eclesiásticas y el aplauso cerrado con los pañuelos blancos al viento fue el punto final de un nuevo 3 de junio en el cual todos le pedimos algo al Santo de los pobres. *
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