EMERGENCIA, ULULAR DE SIRENAS Y EVACUACION TOTAL

Pánico en la Torre

Inmediatamente en el espigado edificio de cristal y acero todo el sistema eléctrico se inmovilizó. Los modernísimos ascensores bajaron automáticamente a la planta baja, abrieron sus puertas y se bloquearon. El resto de los sistemas internos del complejo también colapsaron. Rápidamente se dio la orden de evacuar el lugar y cientos de personas comenzaron a descender por las escaleras de la torre.

Los integrantes del Directorio de Antel, que se encontraban reunidos en uno de los últimos pisos, debieron también descender apresuradamente ante la orden perentoria de los responsables de seguridad de evacuar el total de los pisos. Algunos trataban de salvar, llevándolos consigo, sus carpetas y portafolios.

Mientras tanto en la calle, comenzaban a llegar las unidades de emergencia del Cuerpo de Bomberos y hasta algunas ambulancias en prevención de la existencia de posibles víctimas.

Los comentarios abundaban. Muchos no podían creer que aquel edificio que había costado más de cien millones de dólares, y que fuera inaugurado no hace más de dos años y que era mostrado por muchos como un símbolo del Uruguay del futuro, estuviera paralizado, bloqueado, sin que nadie pudiera aún determinar las razones de la falla, ni siquiera su alcance.

Técnicos de Antel y del Cuerpo de Bomberos, ingenieros y peritos especializados comenzaron inmediatamente a rastrear la causa del accidente. No faltaron algunos que ya empezaban a hacer correr absurdas versiones sobre supuestos atentados terroristas o sabotajes con trasfondo político.

Hasta que, finalmente, luego de una ardua tarea, se logró circunscribir el espacio y el lugar donde estaría instalada la fuente que provocara aquel colapso y el estado de emergencia general en la Torre de las Comunicaciones de Antel.

«Es en la playa de estacionamiento», dijo uno de los técnicos.

Y hacia allí convergieron todos. Ingenieros, bomberos, personal de seguridad, efectivos policiales armados y hasta con perros del plantel, técnicos en explosivos y personal paramédico de emergencia.

Al llegar, entre varios coches estacionados, encontraron solamente a un hombre, un guardia de seguridad, casi acurrucado en un rincón, terriblemente asustado, con los ojos casi salidos de sus órbitas y el pulso tembloroso, sosteniendo apenas en una de sus manos un termo lleno de agua y un aparato calentador en la otra.

Al verse rodeado, solamente atinó a decir: «Yo lo que hice fue meter el sum en el agua, enchufarlo y ¡a la mierda! explotó todo».

Cuando pasó la alarma, la hasta ahora invicta Torre de las Comunicaciones volvió a su rutina cotidiana. Al fin de cuentas todo no había sido más que un susto. *

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