Escrito por: ELEUTERIO FERNANDEZ HUIDOBRO (*)
El jueves 19 de febrero pasado en esta columna decÃamos lo siguiente: “… los bienes disponibles no son infinitos, el planeta y sus recursos puede no sólo agotarse sino colapsar, el crecimiento no es ilimitado, la escasez es y será un hecho permanente lo que, dicho sea de paso, parece indicar la imposible futura disolución del Estado y, por ende su necesidad permanente asà como la de la economÃa polÃtica o economÃa a secas.
Dicha contradicción se expresa concreta y materialmente hoy, a nivel mundial, y a nivel de cada comarca, en cuatro grandes crisis que si bien ya están presentes harán eclosión imponente dentro de pocos años.
1) La Gran Crisis de la energÃa
2) La Gran Crisis poblacional
3) La Gran Crisis Alimentaria
4) La Gran Crisis del Agua Potable
Las cuatro están, como es obvio, Ãntimamente concatenadas y retroalimentadas. No existe hoy ningún gran problema internacional o nacional que no se refiera a ellas.”
Más adelante, agregábamos:
“De manera muy resumida porque no dispongo de espacio, las Cuatro Grandes Crisis amenazan hoy (ya no son solamente riesgos) a Uruguay:
EnergÃa: pagamos y pagaremos una “factura” cada vez más grande por los hidrocarburos (gas incluido) de los que somos absolutamente dependientes. Esa fuente de energÃa pasará dentro de pocos años a ser “escasa” y por lo tanto a no tener precios de mercado sino precios de bien escaso con todo lo que ello implica.
En materia eléctrica ya somos dependientes de las empresas privadas de generación argentinas y no hemos hecho nuestra interconexión con Brasil para por lo menos diversificar el riesgo.
No hemos desarrollado absolutamente ninguna polÃtica de sustitución: fuentes de energÃa alternativas, ya sean eólicas, geotérmicas (aguas termales), fotovoltaicas, biodiesel, biogás, alcoholes, hidrógeno, etcétera. La única polÃtica frente a este gigantesco problema ha sido la falta de polÃticas.”
Lamentablemente pocas semanas después la teorÃa dicha se vio confirmada en la práctica: Argentina, sumida en grave crisis, nos cortó la luz y en Uruguay se vino a “descubrir” que tenÃamos una crisis energética estructural. Y no coyuntural.
Pero lo peor es que dicha crisis (estructural) es regional y, lo pésimo, es que viene cabalgando sobre una crisis mundial.
En medio del reciente problema, el viernes 26 de marzo pasado, cuando se inauguró la nueva refinerÃa de Ancap, estuvo en Uruguay Alà RodrÃguez, actual presidente de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), hasta hace poco ministro de EnergÃa de Venezuela y secretario general de la OPEP, en suma: una de las personas que más conoce de hidrocarburos en el planeta, el Atenas donde no nos va a pasar absolutamente nada.
VenÃa invitado al “festejo” convocado por Ancap e iba rumbo a Buenos Aires para acordar con Kirchner la urgente ayuda venezolana en combustibles para que Argentina pudiera afrontar la delicada situación.
Pudimos hablar con él: soñaba en marzo con la integración sudamericana que permitiera hacer llegar al Mercosur la energÃa disponible en su paÃs. Pero hacerlo mediante infraestructuras integradoras que abaraten el traslado (oleoductos, gasoductos, lÃneas de alta tensión, etcétera), “porque ustedes necesitan energÃa”. “Ustedes” querÃa decir la región. Una enorme región, vital para Venezuela independiente, que apenas intente poner en marcha el potencial de las fraguas de sus talleres y el de la riqueza de sus campos, demandará energÃa que no tendrá (como pasó en Argentina).
Se trata pues de un grave problema estratégico para los pueblos de la Patria Grande y, en lo que tiene que ver con la escasez mundial de hidrocarburos a corto plazo, este destacado especialista confirmaba que el problema inmediato radica en el rápido agotamiento de los crudos livianos que son los de más fácil producción y por lo tanto los más baratos.
En la medida que ese proceso avance, se irán explotando los crudos más pesados, menos rendidores, más difÃciles de extraer y por lo tanto más caros.
A estas consideraciones debemos agregar que la quema de hidrocarburos, aunque estuvieran disponibles, reconoce un techo: el cambio climático, el colapso ecológico, el efecto invernadero.
Ha tomado estado público, en medio de un escándalo, el reciente informe del Pentágono que fuera ocultado por Bush. Contiene gravÃsimas alarmas con relación a este tema. Alarmas que valen más por venir de quienes vienen, ya que hace mucho tiempo que los más importantes ámbitos cientÃficos y polÃticos del mundo vienen clamando contra ese peligro.
Hace pocos dÃas (el martes 13 de este mes), la Comisión de Industria del Senado recibió al ministro y al presidente de UTE con sus asesores. Durante tres horas estuvo evaluando la situación del paÃs en la materia (de ello habrá acta disponible para el público en breve).
Más allá de los arduos detalles de nuestra encerrona actual, importa señalar que allà también se reconoció plenamente que la crisis energética es regional y que por lo tanto hasta la interconexión con los vecinos, si bien aconsejable y prudente, no garantiza seguridad de abastecimiento ya que ellos están en similares o peores situaciones que Uruguay: Brasil, por ejemplo, depende en un 90% de la energÃa hidráulica de sus portentosas represas que, a su vez, dependen de los caprichos de las lluvias. Hoy mismo padece carencias en el sur que solventa gracias al traslado de fluido eléctrico desde el norte, donde la lluvia no se ha portado tan mal. Le da incluso para mandarnos algo. Pero esa extremada dependencia de una sola fuente no es aconsejable para ningún paÃs. No hace mucho fuimos nosotros quienes debimos auxiliarlos con nuestro circunstancial sobrante. Y no olvidemos que Brasil, como Argentina, tiene petróleo.
Argentina tiene, además, gas. Y Bolivia es uno de los más grandes reservóreos de gas del continente. Sin embargo el precio del gas, “arrastrado” al alza por el del petróleo, genera el segundo aspecto de esta crisis: al decir del ministro Villar, la crisis mundial puede expresarse de dos modos: por escasez o falta lisa y llana; o por alza de precios a extremos que hagan productivamente inviable el uso de ciertas fuentes de energÃa y, al mismo tiempo, transformen en viables otras fuentes hoy descuidadas y en ese descuido los últimos gobiernos han sido insuperables.
Evidencian ahora, a la luz de las consecuencias, una desidia, omisión y hasta frivolidad, de ribetes inconcebibles.
Cuando desde hace años todo el mundo explora fuentes alternativas para ahorrar, pero fundamentalmente para prepararse con el debido tiempo para la realidad que será inexorable en poco tiempo, acá no sólo no se desarrollaron investigaciones ni se fomentó el uso, ni se establecieron normas, sino que se desmanteló lo que gente más visionaria anticipó hace añares, como por ejemplo la producción de alcoholes en El Espinillar, liquidando de paso varias ciudades y segando no sólo fuentes de trabajo sino lo acumulado por técnicos y trabajadores en base a un muy previsor ahorro invertido por la sociedad en ello.
Dejamos morir por abandono la “granja” eólica donada por paÃses europeos y desmantelada poco a poco en Polanco de Barriga Negra. Vandalismo de aristas estúpidas.
Brasil, teniendo petróleo, hace años que obliga por ley a usar alcohol en las gasolinas, desarrollando la tecnologÃa correspondiente (hoy son lÃderes mundiales), subsidiando el azúcar de su caña y afincando pueblo en el campo.
Acá ha habido heroicas voces, y realizaciones también, predicando en vano, escarnecidas muchas veces. Y se salva del dis
parate global la Intendencia de Paysandú que fomenta y usa el biodiesel, la de Montevideo que se propone instalar una “granja” eólica en la BahÃa para alimentar asà la luz del futuro parque del arroyo Miguelete y…. Y paremos de contar. Poco o nada. Mejor dicho: prácticamente nada. *
(*) Senador de la República
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