Discapacitados hoy

Solidaridad sin discriminación

Estamos conviviendo en un mundo donde a menudo, surgen hechos de enorme violencia que hacen estremecer la ansiada paz que en el fondo todos pretendemos pero que en la realidad los diferentes comportamientos de los seres humanos hacen difícil encontrar el verdadero camino para el logro de ese inalcanzable objetivo.

Es violencia, una acción bélica, el ataque a las torres, la reciente explosión de trenes en España, el hambre en muchas regiones del mundo, la desnutrición de miles de niños indefensos, lo cual provoca el porcentaje mayor de secuelas discapacitantes, el uso y abuso de las drogas y la discriminación hacia aquellas personas que por sus características se diferencian con el común de la gente, por su color de piel, religión, por su comportamiento sexual o por el simple hecho de presentar una discapacidad, ya sea ésta congénita o adquirida, en algunos casos, provocada por hechos relacionados con la violencia o como secuela de alguna enfermedad.

Se torna violencia, la discriminación de aquellos que no respetan que los derechos individuales terminan donde comienzan los derechos de los otros, como bien se señala en la Declaración Universal de los Derechos Humanos del 10 de octubre de 1948.

Pretendemos terminar con la ley de la selva o la de que el pez grande se come el pez chico y propiciar el inicio de un camino, para el logro de un mundo justo y solidario sin exclusiones y discriminaciones.

Este prólogo y anhelo, surge en nuestra mente por un hecho que llegó a nuestra mesa de trabajo, con gran impotencia e indignación por varias personas ciegas y por Plenadi.

Días pasados, un conocido bandoneonista ciego que, diariamente deleitaba a los transeúntes de la calle 18 de Julio y Minas, fue atropellado por un corpulento ciclista en la vía pública, en la zona de La Teja. Aún permanece internado y no están definidas las secuelas que este hecho puede originarle.

No escuchamos ninguna voz de protesta ante la falta de respeto que atenta contra una persona ciega por cruzar una calle, desprovisto del respeto de un ciclista, en este caso, y de la ausencia del sentido solidario de protección de la gente en general.

Que esta situación, nos lleve a la reflexión y pensemos lo importante de que puede ser nuestro aporte en empezar ya, sin ideologías políticas o religiosas, a aunar los máximos esfuerzos, desde todos los sectores sociales, para transformar al Uruguay, en un país solidario y sin discriminación. *

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