La memoria argentina
Me tocó estar en Buenos Aires una semana llena de sacudones. Judiciales, políticos, emotivos. El juez Canicoba Corral decidió declarar inconstitucionales los indultos de Carlos Menem que habían impedido hasta ahora el juicio a varias centenas de represores, entre ellos algunos uruguayos de sobra conocidos y con la captura pedida.
La sentencia de Canicoba parecería que entre otros auditorios también se dirigiera a los uruguayos: los indultos presidenciales son inconstitucionales, entre otras razones porque no se puede perdonar a quien no ha sido condenado, al que no tiene pena. No se indulta al bardo ni al que está, apenas, procesado. Eso constituye una interferencia del Poder Ejecutivo con la acción del Poder Judicial. ¿Y el «dar vuelta la página» que se pretende aquí, sin saber qué ha ocurrido y sin proceso alguno, no es acaso peor?
Pero el «Canicoba Corral para uruguayos» no termina ahí. Lo que hace insostenibles los indultos, sostiene, es su incompatibilidad con los tratados internacionales suscritos por Argentina. En éstos se establece que la desaparición forzada es un delito permanente. Es un crimen contra la humanidad. Y para esos crímenes no puede haber indulto.
El mismo día, en otra sede, se sustanciaba otro juicio, esta vez por la apropiación del hijo de un matrimonio de militantes desaparecidos, cuyos contenidos nos alcanzan porque eran dos jóvenes uruguayos: Aída Sanz y su compañero.
El juicio se sustancia contra dos figuras emblemáticas de la represión, el médico Bergés y el comisario Etchecolatz, mano derecha de Camps, que aterrorizó a un pueblo e hizo desaparecer a miles durante la represión en la Provincia de Buenos Aires.
El juicio, público, abierto a la prensa, permitió que el ex comisario hiciera la defensa de lo actuado: «Ante el ataque del marxismo (sic) todos los medios empleados fueron buenos para salvar a la patria». Palabra más palabra menos, el discurso que los uruguayos oímos reiterada y pacientemente, demasiado pacientemente, desde hace 18 años cada vez que, en democracia, en una unidad militar se celebra una fecha patria.
La diferencia, nada desdeñable, es que mientras en Argentina hablan desde la condición de acusados, en Uruguay lo hacen al frente de los hombres armados a los que ellos mandan. Y mandarán si las instituciones democráticas no proceden a la «depuración de las Fuerzas Armadas», para emplear los términos que casi por unanimidad aprobó el Congreso Héctor Rodríguez del Frente Amplio.
El tercer hecho es simbólico y para mí, emocionante: la entrada al local de la siniestra Escuela de Mecánica de la Armada, en la Avenida del Libertador, protagonizada por los sobrevivientes junto con el Presidente argentino.
El Presidente quiere hacer un Museo con el luctuoso establecimiento. Su entrada el viernes al gigantesco predio donde desaparecieron más de cinco mil argentinos marca un antes y un después.
La fundación de «un lugar de la memoria» en las ergástulas del terrorismo de Estado es no sólo un acto de reparación, un reconocimiento al dolor y el desgarro producido por la represión. Es eso y más cosas. El viernes 19, los luchadores sobreviviente de la ESMA entraron con el presidente Kircher, representante legítimo del poder del Estado, al local de la Armada argentina.
Allí el Estado construirá un soporte material para la memoria, un itinerario para el conocimiento de la verdad histórica. Para los jóvenes de ahora y los del futuro. Para que se sepa la verdad y se desaten todas las consecuencias, que de eso se trata.
No será un partido político, ni una comunidad religiosa, ni una organización no gubernamental. Será el Estado el que financiará y fijará el estatuto legal del funcionamiento de ese lugar de la memoria, de esa sede permanente del grito y de la denuncia.
Videla, Massera, Bordaberry y Alvarez sostenían que los delincuentes subversivos no pertenecían a la nación. Por eso contra ellos valía todo. Ahora serán otras voces las que hablarán, las de las víctimas.
El viernes 19, finalmente, me tocó hablar en un acto organizado por asociaciones barriales, partidos políticos y organismos de derechos humanos en La Floresta, el barrio donde están Automotores Orletti y el Olimpo.
Unas dos o tres mil personas rodearon el taller de la calle Venancio Flores. Mucha gente joven. Muchos uruguayos con las banderas y las fotos de los que fueron vistos por última vez en Orletti, cuando allí reinaban Gavazzo, Silveira y Cordero.
Los vecinos y las organizaciones reclaman que se cumpla la decisión de la legislatura porteña de expropiar el inmueble y transformarlo también en un lugar de la memoria, el registro del Plan Cóndor y de los luchadores de todos los países latinoamericanos que allí desaparecieron.
Después de una oratoria a viva voz fuimos en manifestación hasta el gigantesco local llamado Olimpo, donde funcionara otro centro clandestino de detención. Los vecinos organizadores del acto habían instalado allí sí un micrófono y unos parlantes y las voces nítidas de las madres de desaparecidos en los setenta se unió a la de los familiares de las víctimas del gatillo fácil caídos en La Floresta en los últimos años.
Estos porteños movilizados saben de nosotros. Son casi todos hinchas del Frente Amplio. Tienen vecinos y amigos uruguayos y ya les están diciendo que no pueden dejar de venir a votar en octubre. En las asambleas barriales, me comentan, casi siempre hay uruguayos. Y hablan. Transmiten algo que, dicen, «ustedes tienen y que nosotros no: el sentido de la unidad de la izquierda y las fuerzas progresistas».
Creo que Kirchner es el mejor gobierno argentino en muchas décadas. Así y todo, este pueblo no está desmovilizado. Al contrario. Ni le falta coraje, al contrario. Ni le falta creatividad en sus luchas, al contrario. ¡Había que oír las consignas y los cantos y ver lo que era la murga que animó los actos y la manifestación! Y la cantidad de volantes y periódicos barriales y de actividades de todo tipo que se preparan para el próximo 24 de marzo.
En el movimiento popular hay demasiadas divisiones, es cierto; pero después de una inmersión en esta lucha y estos logros de la memoria argentina, se sale tonificado. *
(*) Secretario general del PVP
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