RECORDARON QUE LOS SINDICATOS DE LA ENSEÑANZA FUERON LOS UNICOS EN DENUNCIAR LOS PROBLEMAS QUE ESTAN SIN SOLUCION

Los trabajadores de la educación reivindicaron ayer su derechos en la Plaza José Pedro Varela

La oratoria estuvo a cargo de Mónica Suárez, presidenta de la Asociación de Maestros de Artigas (Edema).

La proclama comenzó ironizando los comentarios públicos por parte de las autoridades de la educación, al señalar que el año lectivo había comenzado con normalidad, razón ésta que les dejaría vía libre para anunciar al término del año que la tarea se cumplió.

Todo funciona sobre ruedas

«Las autoridades han querido decir que los centros educativos abrieron sus puertas y que los docentes fuimos a trabajar con normalidad, pero olvidaron señalar que padres y educadores son los responsables de asumir el histórico compromiso de sacar adelante la tarea titánica de educar a pesar de la adversidad», señalaron. Se preguntaron si se está ante la verdad o la falsedad, al recordar que los sindicatos de la enseñanza fueron los únicos en denunciar los problemas que aún están sin solución.

«La verdad está en las aulas a las que a diario concurren niños, jóvenes, docentes y funcionarios de nuestro país», manifestaron.

Afirmaron que los educadores son los únicos que dan testimonio de lo que ocurre cotidianamente, y no desde atrás de un escritorio sin ver lo que pasa a diario.

«Hoy podríamos imitar al Poder Ejecutivo, al ministro de Economía, a integrantes del Senado, de Diputados y de la ANEP, a denunciar y gritar cifras expresadas en pesos por lo grandotas, o en dólares por maldición de Malinche, pero preferimos denunciar esta realidad que nos abruma», dijeron.

Educación al servicio del mercado

«Los trabajadores de la enseñanza pública nunca vamos a aceptar el planteo falaz de que la educación es un simple instrumento al servicio del mercado, porque esta afirmación de tono neoliberal contradice hasta los más elementales preceptos constitucionales, que en los artículos 40 y 41 la definen como un fin del Estado, afirmando que él velará por la estabilidad moral y material para la mejor formación de los hijos, para que puedan alcanzar la plena capacidad corporal, intelectual y social».

El documento, leído por la maestra Mónica Suárez, recordó que la «paciencia de los educadores tiene límites, encontrándose en la defensa de salarios dignos y condiciones laborales decorosas». El documento quiso recordar, en este año electoral, el concepto de laicidad, que no se puede definir como prescindencia o neutralidad.

«Que no se confundan, porque como lo decía Reyna Reyes en el año 1972, laicidad supone un ideal de convivencia basado en el respeto recíproco entre personas, cualquiera sea su posición en los dominios de la religión, filosofía o política».

La proclama culminó diciendo que frente a la plaza de los trabajadores en cercanías del Poder Legislativo, existe un bronce que reproduce el pensar de un hombre de Estado que algunos de los que hoy se dicen sus seguidores tal vez nunca lo leyeron: «La felicidad pública sólo florece y se perpetúa donde cada ciudadano es un ser consciente y libre». Aludían a palabras de José Batlle y Ordóñez. *

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