EN EUROPA EL 80% DE LA POBLACION ESTA PREVENIDA: EN URUGUAY, EL 5%

Muerte súbita en Uruguay: 1 de cada 50 fallece en forma "inesperada y sorpresiva"

Los sobrevivientes cuentan que se siente un dolor extraño y paralizante, que obliga a sentarse de inmediato, el desvanecimiento llega apenas instantes después. De allí en más pasarán algunos minutos tan sólo para que el individuo sea salvado de la «muerte súbita», la más inesperada y sorpresiva de las estadísticamente registradas. Uno de cada cincuenta uruguayos fallecidos fue víctima de esta patología. Atendido adecuadamente, en forma inmediata, uno de cada tres hombres y una de cada cuatro mujeres, se salvan.

La muerte súbita es tremendamente desigual, de atenernos al sexo: cada diez fallecidos, nueve son hombres. Aún no existe explicación científica alguna que explique el fenómeno.

Entre 800 y 850 uruguayos cada año, casi todos jóvenes o al menos en edad «en que no se debían morir», ven extinguidas sus vidas en estas circunstancias. Traumática, abrupta, e inesperada, entre un 80% y un 90% de estos casos de muerte, la falla se produce en el sistema cardiovascular. Algo que a nadie debería asombrar, en tanto la enfermedad cardíaca sigue siendo la causa principal de muerte en el planeta.

Aunque es en el mundo del deporte donde estos decesos se hacen más espectaculares (hace 48 horas murió por esta patología el golero de un equipo de primera división en Guatemala: durante una jugada chocó su cabeza con la rodilla de un delantero, falleció en el acto), en absoluto puede atribuirse a la práctica deportiva el fenómeno. Las estadísticas demuestran que solamente el 15% de las muertes súbitas se producen mientras se realiza ejercicio: el resto ocurre en la vida cotidiana. Curiosamente, este grupo mayoritario es el menos estudiado, al comparárselo con el de los deportistas que fallecen en esta circunstancia.

Corazón y deporte

El principal grupo de riesgo está situado entre los hombres mayores de 30 años con antecedentes familiares de enfermedades coronarias, o con algunos de los denominados factores de riesgo mayores: hipertensión arterial, tabaquismo, colesterol alto y sedentarismo.

Si bien el ejercicio es un estímulo importante en la actividad cardíaca, pudiendo desencadenar en individuos predispuestos a arritmia e incluso a la muerte súbita, la ciencia considera que las actividades físicas sistemáticas benefician mucho más de lo que potencialmente pueden afectar. La actividad física ayuda a prevenir las patologías cardiovasculares, y sus efectos beneficiosos superan largamente al aumento de riesgo que implica la actividad, aseguran los especialistas.

Recuerdan en todos los casos que las causas más frecuentes de muerte súbita entre los deportistas, están asociadas a enfermedades congénitas, y en los mayores de 35 años, con patologías coronarias.

La ciencia estudia actualmente la incidencia de algunas drogas (anabólicos, esteroides, anfetaminas y cocaína), con evidencias de que favorecen la muerte súbita.

Además de las causas cardiovasculares mayoritarias, existe un 20% de muertes súbitas de origen neurológico: incluso un golpe fuerte en el pecho o la cabeza, pueden ser fatales.

Finalmente la causa de muerte súbita de menor incidencia en Uruguay alcanzó por el contrario ribetes dramáticos en Europa hace tan sólo un año: el golpe de calor. Las características climatológicas de esta región nos mantienen relativamente protegidos del fenómeno. Pero el impacto de variaciones rápidas y de muchos grados, en un hábitat o región determinados, puede ser mortal de manera súbita, principalmente entre varones mayores de 50 años.

¿Se puede prevenir?

A nivel mundial, uno de cada mil habitantes fallece de muerte súbita. Con este índice, es lógico que la medicina busque una respuesta a la patología, algo que está resultando más complejo que con otras enfermedades. La mayoría de estas patologías son absolutamente asintomáticas, y para detectarlas se requieren estudios de alta especificidad. Los técnicos coinciden en que si toda la población se hiciera un electrocardiograma cuando menos, cada año, la incidencia mortal bajaría. Pero esto continúa estando reservado a quienes ofrecen dudas en la consulta clínica, presentan síntomas o antecedentes. Incluso en los deportistas de alto rendimiento, a quienes se realizan estudios más acabados, la posibilidad de detectar este riesgo son bastante bajas.

Un estudio relativamente reciente, en Italia, sobre 16 deportistas que sobrevivieron a la muerte súbita gracias a técnicas de reanimación, revelaron patologías coronarias en 13 de ellos: pero los otros 3 no tenían absolutamente nada.

A este esquema general del máximo imprevisto, tampoco escapan los bebés, principalmente a los prematuros o de bajo peso. Los pediatras insisten en que los bebés deben dormir boca arriba, nunca con la cara cubierta, y sin ropa de cama excesiva, ya que en esas circunstancias se produce la mayoría de estas crisis. Dos datos de última generación: la lactancia materna es ahora aceptada como preventiva de la muerte súbita, y se considera que las madres fumadoras durante el embarazo y el primer año de vida del bebé aumentan en 4 veces el riesgo de muerte súbita del lactante. ¿Se puede evitar?

 

He aquí un punto capital: tan cierta como la dificultad de prevenir la muerte súbita, es la posibilidad de evitarla una vez desencadenada la crisis que a ella conduce. Es que la víctima de un paro cardiorrespiratorio, puede eludir a la muerte incluso sin secuelas, de recibir adecuadamente la técnica denominada «reanimación cardiopulmonar» (RCP), o ser atendido con un desfibrilador.

En Europa y Norteamérica, los sistemas de salud apuntan a que se amplíe el uso de los desfibriladores automáticos externos en la mayoría de los espacios públicos. El desfibrilador genera un choque eléctrico de alto voltaje en dos planchas que aplicadas sobre el pecho del paciente estimulan el corazón, haciendo desaparecer la arritmia y devolviendo al órgano sus pulsaciones normales.

Sin embargo en nuestros países, con economía que apenas alcanza para desfibriladores en no todas las áreas donde serían necesarios, las técnicas de RCP se convierten en el principal instrumento para luchar contra la muerte súbita. En los países desarrollados, cerca del 80% de los habitantes conocen el modo de aplicación de estas técnicas; en Uruguay, apenas si el 5% de la población las conoce.

Es en ese contexto educativo que instituciones como la emergencia médica Suat impulsan cursos para sus asociados, docencia que ahora ampliarán a la población en general.

«El curso dura poco más de dos horas, y es totalmente práctico», explica Ana María Artigas, a cargo de esta área docente en la empresa. «Damos el curso a los asociados individuales, pero también a empresas. A partir de abril próximo, ampliamos este servicio y todos los días jueves invitamos a la población en general a tomar conocimiento, en forma absolutamente gratuita, de estas técnicas», explicó.

Suat ha sido pionera en la expansión del RCP: en 2003 se propusieron formar a 1.000 personas; el año terminó con más de 2.600 cursos concluidos satisfactoriamente.

Las estadísticas muestran que el aprendizaje puede resultar vital, en tanto la premura en la atención para salvar estas patologías lo es. En los últimos cinco años, 94 hombres y 62 mujeres, fueron atendidos por paro cardiorrespiratorio: la atención inmediata permitió que el 31% de ellos fueran reanimados con éxito.

Cabe citar finalmente, que la recuperación espontánea el paro cardíaco es absolutamente excepcional, por lo que las técnicas de RCP, son hoy más importantes aún, que cuando las describieron, a comienzos de los años 60, los norteamer
icanos W. Kouwenhoven y P. Safar. *

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