De bailes y tablados
Todo el año es Carnaval, escribió Larra en sus geniales artículos de costumbres. Y febrero da para todo.
Bestias pardas que salen de sus cuevas y a todos provocan asco. Llorones con disfraz de optimistas, junto a uno vestido de «Alf» dicen a dúo que todo va mejor.
Los disfrazados de siempre ya no engrupen a nadie y la gente quiere que venga octubre para darles pa’tabaco.
La memoria también ignora a esas «máscaras sueltas» y sigue con sus postales del viejo Carnaval.
Cuando en los bailes del Solís se movían las tabas con los Lecuona a la cabeza, el Teatro Artigas le hacía la competencia con la orquesta de Zerrillo y la hermosa Azucena Maizani.
Muy cerquita en el Urquiza, Xavier Cugat era puro ritmo. Por los barrios, la mayoría de los cines sacaba las hileras de butacas y armaban tremendos bailongos. En el Lutecia, de Goes, retumbaba la «marcha de las serpentinas» con la orquesta del inolvidable amigo Walter Méndez.
En la Villa de la Unión, por el Glusckman se bailaba con los acordes de Carusito. Todos corriendo al Alcázar del paso Molino, porque esa noche estaba el pintún Hugo del Carril. Durante ese mes, mágico y cortito, los montevideanos laburaban y hacían los mandados mientras tarareaban las melodías de las troupes de Ramón Collazo, Romaneli, Imperio y Granata.
Tablados por todos los rincones y pegados en los muros los famosos Edictos Policiales con «prohibiciones» a las que nadie les daba bolilla.
En Bulevar Artigas y Venancio Benavídez, un escenario que rindió homenaje a los tradicionales vendedores callejeros de limones. Un tablado con muñecos que representaban a esos típicos «limoneros» del ayer montevideano.
Allí era muy querido el maestro Pietrafesa con su troupe «La Moderna», y entre sus integrantes desafinaba un pibe que dicen que ahora, bruto veterano, le da por garabatear sus recuerdos.
Por el tablado de Piedra Alta y Cerro Largo, «Los asaltantes con patente» entonaban una retirada que nunca soñaron recorrería el mundo.
En 8 de Octubre y Piccioli «Los Pirichitifláuticos» cantaban con la boca de costado y dan saltos como toda murga de raza. Subidos a esos tablones, aguantados por latas de querosén, en Asencio y Agraciada, actúa la troupe «Un real al 69″ con un tenor jovencito llamado José Soler. En la placita de La Paz y Justicia, esta noche es de lujo porque ya vienen «Los ases cariocas» y los parodistas «Del chocolate».
El lucero brilla grandote y sonríe con las ocurrencias de los muchachos de Pepino, del loco Pamento o del negro Céspedes. Noches míticas como aquella en que Gardel y Néstor Feria cantaron juntos en el tablado de 8 de Octubre y Pan de Azúcar. Bailes en los barrios y pícaros coros en los esquineros tablones, alma de aquellos carnavales de antaño. Con más recuerdos y música, los esperamos todos los sábados alas 18.30, en 1410 AM LIBRE.
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