Tiene la palabra
La Aduana y sus «decomisos»
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Somos un matrimonio residente en Madrid formado por una uruguaya y un español. Mediante esta carta, a la que confiamos den publicidad, queremos denunciar un hecho que nos ha afectado muy desagradablemente. En estas fechas tan entrañables es cuando más se extraña a la familia que quedó al otro lado del Atlántico y por este motivo todos los años les enviamos unos turrones, como forma de estar junto a ellos en las reuniones familiares.
Como en años anteriores el pasado 29 de noviembre pusimos en el correo un paquete con tres turrones y las correspondientes postales navideñas.
Como medida de seguridad lo enviamos bajo la modalidad de «Correo Certificado» y anunciamos a nuestros familiares la partida del envío, que los más pequeños esperaban con ansiedad e ilusión.
Sin embargo un par de semanas más tarde recibimos la noticia de que el paquete había llegado abierto, con una cinta roja en la que estaba impreso «Aduanas» cerrando el corte.
Dos de las tabletas habían desaparecido y en su lugar se habían introducido unos caramelos de color rojo y origen norteamericano.
Podrán imaginarse la indignación que experimentamos al conocer lo ocurrido, no por el valor monetario de los objetos sustraídos sino por su significado sentimental.
Nos gustaría saber si es política habitual de la Aduana uruguaya la apertura de paquetes y el decomiso de parte de los contenidos que evidentemente carecen de carácter comercial y no infringirían ninguna de las medidas de protección sanitaria.
En caso de que así fuera, lo mínimo que deberían hacer a cambio es anexar un documento oficial en el que se expusieran los motivos del decomiso, firmado por la (s) persona (s) responsable (s). Asimismo, queremos destacar que la imagen que Uruguay transmite al mundo se ve muy seriamente perjudicada por acciones como ésta, sin mencionar el malestar que ocasionan en las familias afectadas.
Atentamente,
BEATRIZ BANFI TOSI – LEOPOLDO BELDA SORIANO – MADRID
De víctimas y victimarios
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Todo el Uruguay sufrió y se escandalizó por lo ocurrido el 10 de enero en el Barrio Casavalle: un asalto y la muerte de un chofer de UCOT y la internación de un muchacho herido en la rapiña, en un hospital. A veces la indignación supera la capacidad de, pensar, razonar y encarar los problemas. «Â¡Hay que darles penas más fuertes!» dicen algunos, o «Hay que construir cárceles más seguras, muros más altos, o rejas más… yo qué se…» Demasiados ciudadanos miramos al costado. Mirar de frente al problema es mirar el rostro del chiquilín, el de la familia y el del Estado. El rostro del chiquilín ya tiene muchas cicatrices. Cicatrices hondas, sangrantes, dolorosas. Es una víctima de una cantidad de personas que con frecuencia son determinantes y que ni siquiera las ubicamos en el grupo de los sospechosos…
Hace unos años los barrios de la Gruta de Lourdes solicitaban en la zona la construcción de un liceo, o de centros educativos secundarios. No pasó nada.
Decíamos que las escuelas primarias promovían por año un promedio de 300 alumnos para primero de liceo. No pasó nada. Los sextos años de la escuela del Bario Municipal (2 de mañana y 2 de tarde) tenían más de 40 alumnos, en aulas insuficientes, apretados, con bancos incómodos… no pasó nada.
En ocasiones parecidas, frente a los paros de ómnibus, que en vez de lograr más seguridad para el transporte lograban dificultar mayormente a otros trabajadores de los diferentes sectores para mantener sus trabajos, sugeríamos que las autoridades lograran poner a disposición de esas barriadas repletas de niños, adolescentes y jóvenes, algunos profesores de gimnasia, de deportes y otros, para sacar a toda la juventud del ocio. No pasó nada. Los chiquilines de esos barrios olfatean que para la sociedad no valen nada, no existen. ¿Qué se invirtió en esos barrios para los niños adolescentes o jóvenes?
Seguro que nombramos la crisis para disculparnos… No sólo. Muchos dicen: «¿Para qué ponen en el mundo tantos chicos si después no los pueden mantener o educar…?» (¿El Estado no sirve para nada o sólo para el hipódromo, la carne y el arroz?) ¿Serán nuestros hijos menos importantes?
Los Bancos son importantes y convocaron a un revuelo impresionante, sin embargo no vemos una política de Estado para la familia, que valga la pena. Los ciudadanos son sagrados y están para la grandeza del Estado. Si el Estado no es capaz de orientarlos es porque no tiene ideas o no tiene fuerzas. Y, por qué no decirlo, no quiere compartir los esfuerzos que algunas instituciones están haciendo. Por un lado el vacío de proyectos concretos y por otro lado un orgullo que le impide sumarse a otros que tienen ideas pero que no tienen recursos. Cuántos chiquilines no tienen familia… o la tienen a medias, como los hermanos a medias, porque no son del mismo padre… o se están criando en la calle porque los padres no ganan lo suficiente para la comida de todos, y pasan el tiempo en la calle porque la casa es chica y hay siempre un hermanito llorando… o porque el padre toma y la violencia es ya una gimnasia diaria…
¡Qué fácil es decir: «Hay que matarlos a todos»!
Esto delata que lo que no hay que matar, porque ya murió, es la materia gris de tantas personas que deberían estar pensando en crear o compartir la creatividad de otros. Es trágico y triste para la familia del chofer, la viuda y dos hijos huérfanos vivir después de esto.
Pero cuántos chiquilines viven esta u otra orfandad porque no existe la familia, ni los padres, ni la «patria». No pretendo justificar el hecho sino gritar que si el árbol está enfermo no basta con cortar una ramita. Hay que tratar la raíz. La familia no es una simple herramienta. Existen unos valores que ninguna moda puede borrar. La naturaleza tiene sus revanchas y sus venganzas. Demasiados programas de radio y de TV apuntan al «Â¡Vale todo!», con tal que… rinda. Si el único valor que en la radio, en la TV y en la sobremesa de casa o en los comentarios de la escuela cuenta, es el «tener dinero», bueno, entonces hay que encontrarlo…
Estos chiquilines son unos «buenos alumnos de nuestra sociedad». Están aprendiendo lo que enseñamos y después nos rasgamos los vestidos escandalizados… Hay que cambiar contenidos educativos, hay que cambiar metodología educativa, hay que cambiar mucha gente de la «vidriera» porque están dando mal ejemplo. Hay que sentar la radio, la prensa, la TV y que rindan examen frente al pueblo como alumnos de un proyecto educativo que respete la cultura y la historia de una nación. Estos chiquilines son producto de nuestra sociedad.
Son víctimas antes que victimarios. Y los verdaderos responsables son más bien los que en vez de analizar las causas están opinando sobre los castigos. El Borro, La Gruta, son simples muestras de nuestra incapacidad, dejadez, complicidad de «adultos en otra»… y todavía estamos avanzando proyectos de familias raras sin ni siquiera plantearnos lo que opinarían nuestros hijos… Opinamos, decidimos y los metemos donde se nos antoje. Después lamentamos sus acciones. Jesús diría: ¡Hipócritas!
PADRE RODOLFO BONCI S.C.J. – CI 4.517.91-3
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