El futuro está en una molécula sintética

Lo último alcanzado en materia de trasplantes, es el descubrimiento de investigadores del Scripps Research Instituto, de Gran Bretaña, aventurando un avance tan espectacular que podría acabar con los trasplantes.

Los investigadores encontraron una molécula sintética, capaz de inducir a una célula a desdiferenciarse, es decir, a retroceder desde su estado actual, a otro anterior mucho más primario (las llamadas células «madre» o «precursoras»). Estas células conforman prácticamente todo el ser humano en su etapa embrionaria, y se diferencian al evolucionar, en los diferentes órganos, tejidos y sistemas que nos componen.

Ahora, a través de un compuesto que bautizaron «reversina», los científicos lograron que células programadas para formar tejido muscular, retrocedieran en su camino de diferenciación, revirtiendo a células precursoras pluripotenciales. Esta pluripotencialidad significa que las células pueden ser inducidas a convertirse en otros tipos de tejidos, evitando la incompatibilidad al ser reimplantadas en el organismo del que se extrajeron. La compatibilidad es, aún hoy, el principal problema para ir más lejos en el tema de los trasplantes.

Más allá de eso, los científicos asignan gran importancia al descubrimiento en el marco de la degeneración de las células cerebrales, musculares, etc., que podrían resolverse «fabricando» tejidos nuevos, a partir de células «madre» inducidas a involucionar, del propio paciente.

A la fecha, obtener células madre de pacientes adultos es sumamente difícil, lo que ha fomentado incluso los bancos de células (a partir de fragmentos de cordón umbilical), donde se guardan por décadas en nitrógeno líquido, aguardando ser útiles para el mismo individuo ante alguna patología referente.

Fenómenos parecidos a este logro ocurren no obstante en la Naturaleza: las lagartijas, así como anfibios emparentados, logran regenerar sus cuerpos mediante la desdiferenciación. Al cortárseles la cola, u otra extremidad, las células de la zona mutilada se desdiferencian, formando células progenitoras que pueden multiplicarse nuevamente para dar lugar a un miembro como el que existía anteriormente. En los humanos, el hígado es conocido por su capacidad de regeneración, pero los científicos no saben aún si usa el mecanismo de desdiferenciación.

Aunque la ciencia recién descubre la reversina, las expectativas están centradas ya en los procesos bioquímicos que intervienen en el procedimiento que desdiferencia las células: las posibilidades de que en un futuro dispongamos de sustancias que estimulen a nuestro cuerpo a regenerarse, están allí. Pero aún deben encontrar la clave. *

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