AUN SE NECESITAN MAS VOLUNTADES PARA SALVAR A QUIENES ESPERAN

Uruguay tiene el mayor número de donantes voluntarios de órganos de América Latina

* Con un aumento durante 2003, de 14,5 a 15,6 donantes, por millón de habitantes, Uruguay pasó a encabezar la lista de voluntarios en toda América. Pero aún hay gente que muere por falta de órganos.

Escrito por: DANIEL MARTINEZ SOTO

Martes 13 de enero de 2004 | 10:06
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 La sociedad uruguaya sigue siendo solidaria.

En un país con avanzado desmembramiento social, el que nos hayamos convertido en el país latinoamericano con mayor número de donantes de órganos y tejidos de América, habla por sí sólo de rasgos que no perdemos: la solidaridad y la responsabilidad.

Con una tasa de 15,6 donaciones reales por millón de habitantes, superamos a Argentina (que festeja haber alcanzado el 8,0 por millón el año pasado) y a Brasil, con 5,1. Bastante más lejos quedan Perú (1,4); Colombia (6,0) y Venezuela (2,3), por ejemplo. En el orden mundial, estamos decimoquintos, una ubicación nada despreciable de tener en cuenta la crisis que atraviesa el país.

A pesar de ello, en Uruguay el esfuerzo para encontrar más donantes voluntarios exige de la responsabilidad individual más que nunca: hay en lista de espera 390 pacientes que necesitan un riñón, 11 necesitan se les suplante el corazón y 10 el riñón y el páncreas. En la noche del domingo pasado, con el trasplante de un hígado quedó de momento vacía la lista de espera para este órgano vital. Pero en otras áreas de menor riesgo de vida (córneas, por ejemplo), hay más de 120 personas aguardando.

“De atenernos a que todo esto es absolutamente gratis para los pacientes, sin importar que provengan del sistema público o el mutual; solamente con el aporte del Ministerio de Salud Pública y de la Universidad de la República, creo que de algún modo podemos decir que estamos en la buena senda”, afirma el coordinador del Banco Nacional de Organos y Tejidos doctor Raúl Mizraji. Explicó a LA REPUBLICA que más allá de la labor de cada uno de los técnicos, lo destacable es que “recursos para campañas publicitarias no hay. Es obvio que nadie los ve en los medios. Sin embargo haciendo llegar la información a los médicos, a las enfermeras, a la población, a través de talleres, del contacto directo, hemos avanzado hasta donde estamos”.

Adelantó que se espera ahora un nuevo empuje en la cantidad de donantes, al haberse logrado establecer talleres a nivel de los Institutos de Formación Docente, “con los cuales estamos llegando a más de 6.000 futuros maestros, en un espectro que aún podemos ampliar”.

 

La mitad, dijo “sí”

Las cifras de aceptación de la gente a quienes se ha consultado para dar destino al futuro de sus órganos después de la muerte, se ha incrementado sensiblemente: todos ellos asignaron su voluntad de ser donantes “potenciales”. Mientras al comienzo de estas consultas, la negativa de la gente a donar sus órganos alcanzaba al 65% del total, actualmente quienes se niegan son sólo el 38%. En el servicio del “carné de salud” del MSP, donde convergen prácticamente todos los trabajadores del país, la consulta ha llevado a que uno de cada dos dé su consentimiento para ser donante.

“Lo importante es asumir que todos podemos ser donantes, pero también, todos podemos ser receptores”, sentencia Mizraji. “Sea la suerte, el destino, o como lo queramos llamar, lo cierto, lo real, es que podemos con nuestros órganos salvar, al fallecer, la vida de otros. Pero a su vez, otros podrán salvar la nuestra si lo necesitamos. Nadie sabe de qué lado de las cosas podrá estar el día de mañana”, remarcó.

La mayor cantidad de trasplantes en Uruguay es de riñón, seguido de hígado, corazón, y páncreas, en ese orden. En quinto lugar se ubica un conjunto de otros trasplantes que aún cuando no vitales, implican altísima importancia para la calidad de vida de los pacientes: trasplantes de hueso, válvulas cardíacas, tendones, piel, etc., significan cambios radicales en el futuro de los receptores.

“En índices de supervivencia, de sobrevida del órgano, estamos además tan avanzados como en los países más desarrollados del mundo”, explica Mizraji. El acceso a las tecnologías, la especialización de los intervinientes y la existencia de medicinas adecuadas, permite alcanzar esos niveles. A modo de ejemplo: la estadística demuestra que en los trasplantados renales, la sobrevida del órgano al cabo de un año, es del 95%. Y al cabo de diez años, del 70%.

El gran desafío a futuro inmediato para los médicos del país especializados en estas materias, es el trasplante de pulmón. Aunque las condiciones en la materia lo hacen “técnicamente posible”, el éxito ha sido esquivo, y los esfuerzos por lograrlo continúan.

 

Todos somos iguales

En definitiva, todos estamos en condiciones de ser donantes con la única condición de ser mayores de edad. Llegado el momento, serán los médicos quienes determinen qué órganos y tejidos podrán ser trasplantados, dependiendo básicamente de la compatibilidad con el potencial receptor y de la urgencia de vida, en pacientes igualmente compatibles.

La legislación uruguaya prohíbe que los donantes lo sean en vida, salvo casos de parientes consanguíneos directos, a fin de evitar el tan temido “tráfico de órganos”. La única excepción la constituye la donación de médula ósea (para determinados casos de hemofilia), dada la altísima compatibilidad necesaria para aspirar que la operación tenga éxito.

La lista de espera está bajo supervisión exclusiva del Banco Nacional de Organos y Tejidos que determina, en base a criterios objetivos, la equidad del destino asignado.

Cabe consignar finalmente que en Uruguay, con excepción de los “Testigos de Jehová”, la totalidad de las religiones aceptan tanto las condiciones de donante voluntario, como las de ser receptor, dentro del marco habilitado por la medicina y la ley. *

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