La Columna Amarilla

¡Mirá qué cosa!

El miércoles pasado en esta columna yo presenté una teoría de por qué Julio María Sanguinetti era tan así como es.

La teoría, en síntesis, decía que el haber nacido el día de Reyes, recibiendo sólo un regalo por las dos fechas, le habría generado ciertos complejos que lo llevaron a ser así como es.

Muchos se tomaron para la risa a esta teoría, pero, fíjense ustedes, ese mismo día, en el diario La Nación de Argentina, Sanguinetti confirmaba que teníamos razón.

El periodista le preguntó: «Por haber nacido un 6 de enero, usted habrá tenido sus complejos».

«Les pregunté a mis padres por qué recibía un solo regalo -dice, sonriente-. Me explicaron que era privilegiado porque me habían traído los Reyes. Era privilegiado, sí, pero recibía un solo regalo».

¿Te quedó claro? ¿Viste que yo tenía razón? Un niño así: frustrado, engañado, insatisfecho, cuando llega a grande no le queda otra que ser así como es Sanguinetti.

Lo que yo no sabía era eso de que lo habían traído los Reyes. Lo de la cigüeña, el repollo y hasta lo de una caja de zapatos, estaría dentro de lo normal, pero los Reyes… ¿qué querés que te diga?

Un niño que leyó junto conmigo el reportaje me dijo: «Pero ¿de quién es? Yo no le veo ningún parecido con Melchor, Gaspar y mucho menos con Baltasar. Aunque mirando bien, me dijo, por la cejas uno podría pensar en los camellos».

Quizás allí esté la razón de que los hayan jorobado, pensé.

Y siguiendo con el reportaje, a la pregunta del periodista de qué les pidió a los Reyes, él no dijo que les pedía una bicicleta, una pista con autitos o un mecano, contestó: «Siempre les pido lo mismo: preservar la libertad, mantener la paz y más trabajo».

¿Te das cuenta? Un niño así termina confundido. Termina creyendo que la libertad, la paz y el trabajo son juguetes que él puede armar, desarmar, romper, darle cuerda y no prestárselos a nadie. *

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