La revolución de la cultura política uruguaya

La interactuación de estos dos fenómenos  realidad atroz y elites descalificadas  cambiará al país. En los diarios del 15 de julio del París de 1789 no decía «ayer empezó la revolución francesa». La providencia  que todo lo sabe y que juega perpetuamente a escondernos el destino  pone a funcionar mecanismos de precipitación histórica sin que suela advertírselos en su profundidad. También la providencia se divierte en que la trayectoria de las evoluciones tomen frecuentemente caminos diferentes a los previsibles, dejando al ser humano desguarnecido de previsiones y en necesidad de responder frente al destino. Y con la libertad de hacer una gran cosa o un gran mamarracho. Que de las dos cosas sabemos hacer en este país.

La crisis de prestigio del «establishment»

Todo cambiará. Para empezar por algún lado, ello ocurrirá con los prestigios. Los códigos de prestigio del «establishment»  esa parte del sistema que quiere que el statu quo de sus privilegios permanezca y que nada cambie  se están desmoronando. Los estudios jurídicos y contables, por ejemplo, complicados en las actividades que han hecho del país la caja secreta del dinero de la corrupción regional, ya no serán los portadores del bien-pensar de una «city» que ha devenido en bochornosa. Las conductas mafiosas ya no están protegidas tampoco por aquello de que la gente no podía creer que su actividad fuera cierta. Los productos de una cultura empresaria degradada  desnaturalizados y desviados, derivados sea del puerto o sea de la pradera  se vuelven contra natura a ojos de la sociedad.

El paquete del «bien pensar» pacato  al servicio del mantenimiento de las peores prácticas en nuestra sociedad  que se aposentaba en un sistema informativo desinformador (los canales abiertos montevideanos monopólicos, Búsqueda, El País, El Observador, El Espectador) y en periodistas generalmente de origen orejano pero domesticados hasta el servilismo, en intelectuales y en académicos estériles, estigmatizadores de todo lo que puede transgredir el orden actual, todo eso se está deslegitimando definitivamente en el seno de una sociedad uruguaya que los juzga por sus frutos.

Entre muchísimas aristas, así lo demuestra, por ejemplo, la pobrísima actuación de los «analistas» y las empresas encuestadoras que se negaron hasta el final a reconocer que si tenía cuatro patas, manchas en la piel y cuello muy largo se trataba de una jirafa y, sin embargo, no descartaban que fuera mariposa. ¿Cómo no se va a deslegitimar un sistema de mediciones cuando una semana antes del referéndum, ninguna (quiero decir ninguna) empresa descartaba el triunfo del NO, el que estaba ya derrotado dos a uno? Histórico.

Lo que empieza a suceder

Algunas deducciones escolares sobre lo que pasó el 7 de diciembre vienen siendo increíblemente desconocidas por los intelectuales amortiguadores (expresión que encierra una contradicción en sí misma). Por ejemplo.

1.- Es claro que Astori ha sido fuertemente derrotado, y el propio general Seregni  hasta entonces su principal apoyo  fue, luego del referéndum, al Congreso del Frente Amplio a apoyar la fórmula que llamó del «piloto y el copiloto», esto es, de acuerdo a su nueva opinión, Vázquez-Nin. Este hecho es central porque, perdida la centralidad de la elección interna frentista ya que ha menguado la posibilidad de competencia en su seno, dicha centralidad se traslada a las elecciones internas de los partidos históricos. Astori anda lamentándose de no poder servir al sistema establecido-de-privilegios que ya lo tenía de estrella en su espacio televisivo. Es decir que lo que ocurrirá merced al 7 de diciembre es que en lugar de instalarse la defensa del «establishment» al interior del Frente Amplio, los uruguayos decidieron que se instale la crítica al «establishment» al interior de los partidos fundacionales. Eso revoluciona todos los conceptos.

2.- Es claro que, contra lo que decían los seudosabios, la derrota obliga a Sanguinetti a presentarse como candidato y no al revés como auguraban. Eso convierte la interna colorada no sólo en una interna central sino, además, en una interna polarizada, porque cientos de miles de colorados resisten la idea de un nuevo mandato de Sanguinetti. Esa ola en contra no la provocarían otros candidatos de su sector, tal vez. Pero tampoco serían capaces estos últimos, por el culto a la personalidad vigente en el Foro Batllista, de generar una ola positiva en sustitución de Sanguinetti. El líder del Foro Batllista se presentará porque ningún sector que ha tenido dos veces la Presidencia de la República y que ahora sólo convoca al 5% de los uruguayos puede, en su endeblez, cambiar de liderazgo sin que se le desmonte el tinglado.

Este carácter de la interna colorada es básico. Porque en una elección polarizada mueren los oferentes de matices y sobre todo los oferentes de matices al gusto del fomentado quietismo uruguayo: diferentes formas de hacer la plancha. La lista 15 no puede concurrir sola a la interna contra Sanguinetti porque, en realidad, lo que la oferta viene entonces a traducir  dada la comunión entre el Foro y la 15  es un modo indirecto de votar a Sanguinetti o, mejor, votando la 15 usted vota al candidato a vicepresidente de la 15. Miles y miles de quincistas, sin embargo, lo último que harían es votar a Sanguinetti directa o indirectamente, por lo cual, la 15 no puede enfrentar sola el escrutinio público. Va Sanguinetti y va en fórmula cerrada con un quincista y todos juntos. Están retrasando el anuncio porque así retrasan la fuga de votos y no le dan tiempo  creen  a otras opciones a capitalizar la situación. Enfrentan así el fin del mito de la invencibilidad de Sanguinetti y la nueva legitimidad de la renovación colorada.

Calando más hondo

En un plano más profundo del análisis debe anotarse que la percepción popular de la crisis y la condena a los valores con que se ha conducido la nave arrojarán, necesariamente, una nueva demanda. ¿Cómo es la demanda de conducción de la sociedad actual, castigada por la crisis y castigante de las cúpulas?

Es por sobre todas las cosas una demanda de racionalidad. La oferta política uruguaya de los últimos lustros se caracteriza por dos cosas: la irracionalidad y la esterilidad.

Es irracional el modo como se ha llevado adelante la propuesta económica ortodoxa, aparentemente racional. Un país de tasas de impuestos y de tasas de interés ambas tan altas que hacen a las empresas inviables, conducido por sacerdotes de la economía ortodoxa neoliberal que aplican un recetario dado sin reparar en las consecuencias. Un país luego lanzado a la improductividad y a la crisis social. Y la soberbia ortodoxa ignorando lo que pasa. Hay que saber dos cosas sobre los economistas ortodoxos. La primera es que los economistas en general no saben nada  y se ufanan de ello  sobre la principal variable de la economía, cual es la variable política. Si, por ejemplo, Lula hubiere tomado políticamente hacia la opción de políticas sandinistas, hoy toda la región estaría empantanada y los economistas anonadados. Todo ha sido posible a partir de la resolución de la variable política.

La segunda cosa que hay que saber sobre los economistas ortodoxos es que los únicos que han servido de entre ellos son los que han sabido que lo central es elegir dónde colocar la heterodoxia. Végh Villegas hizo crecer las exportaciones del Uruguay mediante heterodoxos «reintegros» a las exportaciones. Cavallo, cuando anduvo bien, manejó la tasa de cambio heterodoxamente. Andar acríticamente con el librito ortodoxo es una manera de ser un boniato.

Naturalmente, la gente  que anda necesitada y demandando respuestas concretas  vive un tiempo histórico en
que no se la puede manejar mediante el instrumento irracional por excelencia: el esloganismo. La izquierda, a nuestro juicio, hereda el pensamiento irracional de su antiliberalismo político y encuentra allí una carencia de su cultura política. No es ya que con esloganismo no se pueda gobernar. Con la crisis y la consecuente demanda de racionalidad que hacen los ciudadanos, con el esloganismo tampoco se puede ganar.

Tampoco el nacionalismo no liberal puede arrojar respuestas. Lo telúrico y raigal puede servir, en todo caso, para homenajear tubérculos  nada más hecho en la propia tierra  pero no para mucho más.

El liberalismo progresista tiene el desafío de llevar sobre sus hombros la única posibilidad que tiene el país de responder con racionalismo a la demanda de un país productivo. La idea de país productivo es estéril desde el esloganismo y es estéril, también, desde el mero pensamiento telúrico. Por otra parte, la idea de una país no productivo sólo se le puede ocurrir a tecnócratas que confunden racionalismo con recetarismo.

Mientras tanto, la nueva demanda de racionalismo de esta época dará por tierra con las tesis dominantes en nuestra historiografía, adicta al antiliberalismo y, consecuentemente, al irracionalismo. Y barrerá con las tesis dominantes en nuestra politología, que suponen un inmenso esfuerzo para deformar el producto racionalista por excelencia, el Batllismo, ensandwichando al único Estado del Bienestar liberal de Latinoamérica entre la admiración a Latorre y a Terra, esto es, a los gobernantes que se apoyaron en las corporaciones que el Batllismo derrotó.

Ahora viviremos un neo racionalismo.

(*) Precandidato del Partido Colorado

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