El legado del 7 de diciembre

Hicimos entonces uso de la palabra –además, claro está, de un exponente de la Federación Ancap– miembros de los cuatro partidos políticos que representaban corrientes de pensamiento que al interior de los mismos apoyaban esa opción por el SI a la anulación de la ley. Y así, cuatro oradores expresamos una sensibilidad plural respecto a la idea que nos convocaba y que, por lo demás, dividía a los cuatro partidos. Según pudo verse cuando horas después cientos de miles de colorados y de blancos, además de los frentistas y nuevoespacistas, votaron el SI. Con toda justicia a mis palabras se las llevó el viento –que no era poco esa noche– porque, además, al cabo del camino, el viento nos llevará, en suma, al todo de cada uno de nosotros. Quisiera rescatar ahora de la brisa que todo se lleva, sin embargo, a través de la pertinaz letra de molde de esta página, dos conceptos que expresé allí esa noche. Con uno de ellos empecé mis palabras y con el otro las cerré. Quiero hacer ese rescate porque sentí que esos conceptos -seguramente expresados con rusticidad- abordaban algo que trascendía lo que habría de ocurrir en la jornada electoral de domingo inmediatamente siguiente e intentaban aludir a lo que habría de ser el legado del resultado del 7 de diciembre. Son cosas que le bajan al alma de uno con toda sencillez cuando se hace un esfuerzo físico e intelectual muy grande, cuando se está en comunicación diaria con mucha gente, y cuando el espectáculo que uno presencia -puesto que está inmerso en él- es más grande y más simple que lo que uno podría imaginar librado a los solo recursos de su intelecto individual siempre limitado.

Hablar por encima de los tabiques

El primer concepto que abordé refería a qué suponía una tribuna plural. (Yo no recuerdo más que una vez antes haber hablado en una tribuna que no fuera del partido donde he nacido, donde vivo -aunque recorra el país llamando a los colorados a la insurrección contra sus cúpulas- y donde he de morir: fue la noche antes que viniera Wilson a que lo pusieran preso, que fuimos con Maneco a la sede central de Por la Patria a avisarles que ibamos a poner a cientos de jóvenes con banderas coloradas en la manifestación de la calle Libertador, y nos invitaron a hablarles a los militantes allí presentes. Banderas y jóvenes también le puse a Wilson debajo del balcón de su casa cuando salía a saludar una vez al día, cuando se moría. Las dos veces por lo mismo. Porque hay un momento en que una persona merece que lo saluden más banderas que la de su sólo partido). ¿Qué quiere decir una tribuna plural? No me referí sólo que lo que había significado eludir la trampa de los promotores del NO de querer identificar al SI con el radicalismo de izquierda, sin blancos, sin colorados, sin frentistas prudentes. Trampa que quisieron montar instalando la idea de que el referéndum en realidad era una instancia preliminar de las elecciones presidenciales del año que viene, de modo que votar el SI suponía falazmente votar por Vázquez (a quién, además, le renovaron previamente el ataque concertado desde los medios de comunicación del sistema-establecido-de-privilegios, del «establishment», acusándolo de cómplice de la dictadura ¿?). Tratando de colocar así en situación incómoda a quienes desde nuestra sensibilidad blanca o colorada-batllista nos oponíamos a la ley de Ancap.

No. Me referí a tribuna plural en un sentido más profundo que el de derrotar esa estrategia a la que sirvieron con desvergüenza el sistema de canales montevideanos y sus programas seudoperiodísticos -canales cuyos permisos no dejan, día a día, de deslegitimarse socialmente-, el coro servil de repetidores de esquemas del sistema-establecido-de-privilegios (Búsqueda, El País, El Observador, El Espectador, los cortesanos periodistas seudotransgresores de Tres, de Canal 10 y Radio Sarandi que se cuidan de jamás atacar al Foro, que ni según ellos ni ñoquis tiene en Canelones) y a la que increíblemente fueron obsecuentes, además, no pocos encuestadores que quisieron trabajar más como «formadores» de opinión que como «medidores» de opinión. Todos derrotados. Son cientistas sociales y no se dan cuenta que hemos comenzado a vivir una revolución cultural que trastocará todos los órdenes sociales y que se centrará, en mi modesto juicio, en los cambios que se producirán en los partidos tradicionales. Cientistas sociales y no saben ni mirar el escenario. No. Lo que esa tribuna plural estaba derrotando era a una cultura política en camino de morir. Porque el principal error de los promotores del NO fue apostar a la vigencia de una cultura política perimida. La cultura política que coloca a los uruguayos en tabiques protagonizados por subculturas que viven de los prejuicios y segregaciones que sienten hacia las otras subculturas que habitan los otros tabiques. Eso fue lo que quisieron acumular. Entonces, dijeron, juntamos los prejuicios blancos, los prejuicios colorados, los prejuicios astoristas, los sumamos, los multiplicamos, llenamos el espacio del país de los sentimientos antinómicos, acumulamos-por-sublema al país compartimentado y enchacrado. Y ocurre que el país ya no se cree eso. El país es consciente de su crisis, es lúcido respecto a las debilidades de una cáscara de nuez en la tormenta del océano, y reclama una sociedad y una política de nuevos diálogos. Está naciendo el país de los nuevos diálogos sin que nadie renuncie a su identidad -en todo caso que la profundice- pero que en el que todos seamos capaces de mirar por encima del muro que separa nuestras subculturas excluyentes. Se les está muriendo el país de las murallas internas infinitas, en que se razona desde los parapetos, ese imaginario de medianeras y de cercas, de sensibilidades atrincheradas y abroqueladas en trincheras de enconos, y de pensamientos arrinconados. Somos ahora más altos que los cordones y las empalizadas, remontamos los terraplenes y abandonamos las cunetas divisorias y no nos dejamos más confinar en incompatibilidades artificiales. Se acabó el país en que se explotaba lo peor de cada uno, los prejuicios. Ya no se puede insistir más con los muros de Berlín. Y en esa tribuna había herederos de la sangre de Saravia, de Brum, de Grauert, para recibir, por sobre cualquier intento de segregación a los herederos de la sangre de Zelmar, de los torturados, de los desaparecidos. Que en este país todos se han ganado su lugar con la sangre de sus muertos. Ya no más al país del menosprecio y del desprecio. Eso quería decir una tribuna plural. Eso quería decir la cultura política emergente del 7 de diciembre. Que desconcierta a los analistas ignorantes que pagamos por buenos.

El diálogo de los diferentes códigos políticos

Y cerré mis palabras ya no planteando el rol histórico que en esta hora cumple el pluralismo sino tratando de cultivarlo, de ejercerlo. Me pregunté en voz alta cómo despedirme. Y aludí al código cultural de la izquierda que pronuncia un «Hasta la victoria siempre, compañeros». Pero referí el lenguaje de los blancos, que tienen el inmenso mérito de haber coconstruido una democracia desde la derrota y la oposición centenaria y emplean una palabra que usan casi sólo ellos: «Hasta sucumbir». Y apunté luego cómo se despedía en sus discursos Baltasar Brum, Presidente que fuera de la República, Consejero del gobierno colegiado cuando el golpe de Terra, quién se partiera el corazón de un tiro convencido de que así le acortaba a su pueblo la duración de una dictadura, que así fue, ilegitimada irremontablemente por esa muerte. «Arriba corazones», finalizaba Baltasar Brum sus discursos. (Y así se titulaba la única página que se pudo publicar contra el pro
yecto constitucional de la dictadura en el plebiscito, que salió en La Semana de El Día y que la publicó la CBI, gracias a que la pagó contado una de la dueñas del diario, viva ella, nieta de Don Pepe, María Antonia Batlle y su marido recientemente fallecido Jorge Franzini). Y recordé, mientras intentaba hacer dialogar a los diferentes códigos de las culturas políticas que tienen ahora que colaborar para salvar a este país que se hunde en la mediocridad de los petulantes, que la embrionaria CBI, a principios de los años 80, cuando uno de los retrocesos del empuje democrático que nos propinaban los militares de entonces cada tanto, había hecho circular una mariposa que decía «Juntos podemos». ¿Podemos qué?, me pregunté. Generar «una ola de esperanza compartida» decía Wilson. «Más temprano que tarde se abrirán las amplias alamedas para que por ellas pase el hombre libre», no tuve que decir que eso dijo por radio Allende minutos antes de morir. Construir «un pequeño país modelo» según decía, y grité bien fuerte, José Batlle y Ordóñez.

La nueva dimensión del pluralismo nos remite a una nueva concepción más profunda de la República. Del sistema de garantías y de derechos que supone una República. Por eso vamos a ir a estas elecciones internas con una propuesta de país que llamaremos «Compromiso para una República de iguales». Porque el país tiene los reflejos republicanos vencidos y hay que revivirlos. En ese sentido republicano esencial, hemos dicho que nos sentimos «batllistas-wilsonistas».(*) Como podemos decir que nos sentimos a la hora de reconstruir la República por sobre los tabiques y compartimentos como «batllistas-wilsonistas-frugonistas».

(*) Como sabemos, lamentablemente, en este país cada partido tiene su tara. El partido del puerto que ha sido el Batllismo tiene su tara en la Aduana. Los vieristas -el Foro Batllista de hace 100 años, pero mucho más prolijo- incendiaron la aduana en 1923. Y el lío sigue hasta ahora. Y si no pregúntenle a Lissidini. El partido de la pradera tiene su tara, desde siempre, en los estudios jurídicos o contables de los hijos de los estancieros, estudios que se dedican a la antipatria desde siempre. Ahora hacen Sociedades Anónimas Financieras de Inversión (SAFI) o empresas «off shore», esto es fiscalmente fuera del país y de la fiscalización estatal. Para el lavado de dinero, mayormente. Wilson legisló para que no pudiera haber sociedades anónimas (ni comunes ni SAFI) en el campo uruguayo. De Posadas, que se dedica a fabricar anónimas, legisló para que las S.A pudieran tener campo. Me anda adjetivando por los medios ultimamente Sergio Abreu por eso del Batllismo-Wilsonismo. Me hace gracia. Abreu, tan luego Abreu que se dedica a hacer SAFI y off shore, habla en nombre del Wilsonismo. Será del «Wilsonismo Off shore» o del «Wilsonismo SAFI». En retórica se llama oxímoron a la figura que une dos palabras que se niegan. En el mejor de los casos Abreu es un oxímoron. En realidad debiera decirse Ubreu, porque ha llenado la ciudad con el incomprensible eslogan de «Abreu, con U de unidad». Ubreu.

(**) Precandidato presidencial por Partido Colorado

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje