ENVEJECIMIENTO POBLACIONAL ITALIANO OBLIGA A MEDIDAS INAUDITAS

Uruguayas en Italia cobrarán al Estado por nuevos hijos si renuncian a la patria potestad

Desde el pasado 1º de diciembre rige en Italia un premio de 1.000 euros (1.230 dólares), para aquellas mujeres que tengan un segundo hijo, buscando elevar las tasas de natalidad en uno de los países más viejos del mundo. La norma, discrimina específicamente a las madres «no europeas», aun cuando sean residentes legales en la península itálica.

En ese contexto, el proyecto que involucra a los miles de uruguayas que han emigrado, está centrado en que cualquier madre «italiana» (o con italo-uruguaya residente) que vaya a tener un segundo hijo, y renuncie a la posibilidad de abortar, dejando el vástago en manos del Estado, será premiada con l.500 euros.

Lo irónico del asunto, que ha levantado una ola de críticas en Italia, es que las emigrantes a ese país, recibirán dinero si «venden» su hijo al Estado, pero nada, si desean criarlo.

El denominado «proyecto antiaborto», ya ha sido firmado por la mayoría de los parlamentarios de centroderecha y varios de centroizquierda, con lo que se muestra aproximándose a la aprobación.

El aborto es legal en Italia, tras un referéndum que así lo votó hace dos decenios: la interrupción del embarazo en clínicas públicas se efectúa a quienes estén en los tres primeros meses de gestación.

Durante 2003, una intensa campaña antiabortista logró que se pagara a las madres que renunciaran a abortar.

El riesgo está en que las mujeres en condiciones de mayor necesidad, serán las que elegirán el dinero, a cambio de renunciar a la patria potestad, entregando el hijo al gobierno. De persistir la mujer (ciudadana legal, no nacida en Italia) en el deseo de criar a su hijo, no recibirá nada.

Las críticas en el Parlamento están centradas en un ejemplo: mientras una italiana millonaria que tenga un segundo bebé recibirá el subsidio, su empleada doméstica, italo-latinoamericana, no recibirá ni un euro en igual circunstancia… salvo que renuncie a la patria potestad y entregue el hijo al Estado.

A quienes advirtieron cortes neofascistas en este plan, su advertencia fue cortada de plano por la propia nieta del Duce.

«Es una verdadera vergüenza», afirmó la diputada Alessandra Mussolini, que defendió la memoria de Benito: «Mi abuelo jamás habría hecho este disparate».

Desde la izquierda, otra mujer, la diputada Livia Turco, afirmó que el gobierno «monetiza la maternidad sin ninguna vergüenza».

 

Italianos en su salsa

El ministro de Bienestar Público de Italia, Roberto Maroni, dijo que la medida estará vigente en forma experimental por un año, a fin de revitalizar los nacimientos en el país. Adelantó el ministro que en caso de respuesta positiva, el plan se extenderá en el tiempo y podría abarcar en sus beneficios económicos al primer hijo de una pareja.

Reconoció sin embargo que «los extracomunitarios no están incluidos en este plan», más allá de cualquier legalización de ciudadanía. Maroni resaltó «estar orgulloso de ser el padrino de tantos bebés», por supuesto que todos cien por ciento europeos.

El partido que representa, la Liga Norte, ha sido acusada de racista y xenófoba en diferentes oportunidades, mientras ahora se volcó al ala más tradicional del catolicismo.

Esta última decisión, más allá de cualquier principio cristiano fue adoptada «frente a la masiva inmigración islámica».

Cabe recordar que días atrás el senador de la Liga, Perigiorgio Stiffoni afirmó que para los inmigrantes «habría que usar los hornos crematorios.

El inmigrante no es mi hermano: tiene un color de piel distinto». Sus aseveraciones le valieron un fallo de la Justicia italiana que lo condenó por «instigación a la discriminación racial, e instigación al genocidio».

 

Problema común

Los italianos están entre los primeros cinco países más «viejos» del mundo (Japón es el primero) y es la inmigración, nada deseada, la que mantiene en números positivos la tasa demográfica.

Las tasas demográficas italianas de 2002 revelaron que cada pareja engendra 1,23 bebés a lo largo de su vida: solamente para mantener la actual población es imprescindible subir a 2,1. De mantenerse la tendencia para 2050, Italia habrá perdido 20 de sus 57 millones de habitantes.

Los que más aportan según la estadística son los inmigrantes extracomunitarios, en tanto procrean casi el doble que los ciudadanos naturales.

El Instituto Nacional de Estadística reveló que el problema más álgido a la hora de aumentar la natalidad entre los oriundos es la relación familia-trabajo. Las mujeres aún no encuentran la fórmula para congeniar su desarrollo laboral y profesional con la reproducción.

Así, la tradicional imagen de la prolífica familia italiana es un arquetipo absolutamente obsoleto, afirma el documento del Instituto de Estadísticas italiano.

«Hoy, la caída vertical de los nacimientos hace que el segundo hijo sea un fenómeno reducido, y el tercero, un acontecimiento excepcional», sentenció. *

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