Preocupa a Bomberos falta de control para depósitos de pirotecnia

Cae 75% la venta de fuegos artificiales: cerrada la última fábrica, la guerra es de importadores

Constituía una industria cuyo período comercial era aún más breve que el de una heladería. Las fábricas uruguayas de pirotecnia debían vender en un mes la producción del año ya que, a diferencia de otras naciones, aquí sólo se encienden fuegos de artificio en las fiestas «tradicionales». Sin embargo sobrevivían, algunas crecieron, llegaron a exportar y a tener casi un centenar de empleados.

El auge fue de vida tan breve como los productos, y las aperturas comerciales acabaron con todos los fabricantes, excepto uno: el Ejército Nacional (ver recuadro).

Involuntarios «herederos» del negocio, fueron los importadores. Al principio de diferentes orígenes, en la actualidad solamente de China, el mercado uruguayo de los fuegos artificiales existía. Facturaba alrededor de 100.000 dólares anualmente y, aunque el contrabando era un fantasma, los precios chinos compensaban de alguna forma el problema.

Cuando Argentina sucumbió en su crisis financiera, las empresas de pirotecnia de los vecinos, acostumbradas a un mercado anual de millones de dólares, cayeron al abismo. El pequeño bocado comercial de Uruguay dejó de ser tal, y dos fábricas apuntaron su interés compitiendo por el mercado nacional. Hoy los importadores uruguayos, los dos que sobreviven, encuentran serias dificultades para competir con los argentinos desembarcados.

«Lo cierto es que mientras nosotros vendemos al mínimo precio, cortando bien abajo nuestras ganancias, otros venden hasta a un 20 por ciento más barato: nadie explica cómo es posible», afirma Mario Israel. Importador de la firma «Meteoro», asegura que el margen de los productos del Mercosur no es superior al 5%, mientras los chinos dejan márgenes de entre el 30% y el 50%. A modo de ejemplo de la situación que están enfrentando, asegura que mientras una caja de bengalas se vendía a 10 pesos, hoy se vende a 3. «Se triplicó el costo del producto», sentenció.

 

Intendencia igual a 2002

A los distribuidores las esperanzas se les mantienen. «La caída grande fue de 2001 a 2002; este año creo que las ventas van a estar iguales que el año pasado», afirma Jaime, de la distribuidora «El Flaco», una de las tres que se especializan en este material, en Montevideo. Asegura que apenas se ven algunos artificios aparentemente de contrabando: «El mercado es todo chino, lo único brasilero es la tradicional bomba, y la bombarda». Tiene expectativas como los demás que el Fin de Año le compense la tradicional menor venta para Nochebuena.

Por lo demás, una rápida recorrida por la ciudad muestra que la cantidad de vendedores aún es baja, para lo conocido años atrás.

Ello no implica desinterés por aprovechar estos días, para negociar en un rubro tan efímero. A nivel de la dirección de la Unidad Gestión Comercial de la IMM, se aseguró a LA REPUBLICA que ya más de 500 personas han formulado solicitudes para instalar puestos de venta de estos artículos. El año pasado se otorgaron 675 permisos.

Los requisitos siguen siendo tener 18 años cumplidos y constancia del origen de lo que se vende expedida por el importador o el Ejército. Asimismo es requisito indispensable tener un extinguidor de incendios. En este último punto existieron omisiones en los años anteriores, aunque se entiende que, «quien tiene para comprar un extinguidor, no pide para tener un puesto de estos». En 2002, el 90% de los puestos autorizados fue para jóvenes de entre 18 y 21 años. La IMM entiende solamente en el aspecto de los puestos de venta, careciendo de competencia para actuar en riesgos o seguridades del producto.

 

Fuegos para disfrutar

Si los chinos hubieran imaginado hace 1.400 años, cuando inventaron los «fuegos del aire», que el mundo pagaría tanto por algo tan efímero, se hubieran sentido seguramente orgullosos.

Hoy, se calcula que «La Noche de las Luces» implica un costo cercano a los 100.000 dólares, según los entendidos. Y si bien cabe aceptar que el espectáculo popular está entre los de mayor convocatoria y espectacularidad en el país, comparativamente con espectáculos (y costos) de otros en el mundo, apenas destaca.

Los fuegos artificiales constituyen hoy un negocio que factura centenares de millones de dólares anualmente, abriéndose la creatividad y las finalidades a límites desconocidos.

Aunque en Uruguay, las novedades pirotécnicas de fuste están constreñidas a la televisión, no así el cambio de costumbres que aun en la crisis avanzó milimétricamente.

El uso de fuegos artificiales aparece cada vez más en casamientos, cumpleaños y culminación de cualquier tipo de evento que los amerite. A nivel comercial el «quit» más económico para tener un espectáculo de esta índole ronda los 350 dólares, y los disponibles en el mercado uruguayo pueden trepar a los 5.000 *

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