No permitió que cinco adolescentes lo humillaran

Por influencias de terceros, un hombre perdió su empleo

«No por ser un trabajador tengo que aceptar lo que venga, la injusticia y la soberbia de los ricos», expresó Milton Píriz ni bien llegó a LA REPUBLICA y comenzó a relatar lo sucedido.

Contó entonces que siempre se desempeñó como funcionario administrativo hasta que como tantos uruguayos quedó sin trabajo. A continuación siguió una extensa e infructuosa búsqueda de empleo, que finalmente concluyó con la propuesta de desempeñarse como chofer en un auto de la empresa La Española. Las condiciones de trabajo no eran buenas: jornadas de 12 o 14 horas, estricta prohibición de comer dentro del vehículo y a su vez no se le permitía alejarse del remise para estar atento a los viajes que se le pudieran comunicar por radio. Los días de lluvia almorzaba a la intemperie, cerca del auto, y para hacer sus necesidades debía correr hasta los baños de Montevideo Shopping (donde estaba su parada) y regresar rápidamente por si hubiese algún llamado. Además cobraba en «negro».

Píriz no tenía alternativa, su esposa se encuentra sin trabajo y sus prioridades eran  y son  pagar el alquiler, la alimentación familiar y los estudios de su hija.

Los clientes que habitualmente transportaba Píriz eran personas de gran poder económico y en la madrugada del 12 de diciembre le comunicaron que debía ir a buscar a cuatro adolescentes a una finca de Punta Gorda y llevarlos hasta sus viviendas.

Durante el viaje, los chicos de entre 15 y 16 años dañaron el vehículo y se golpearon entre ellos. En determinado momento los jóvenes hicieron desaparecer un accesorio del auto y el chofer solicitó su devolución. Los pasajeros desmintieron haberlo sustraído e iniciaron una serie de agresiones verbales contra el conductor. Desde la Central se informó a Píriz que se dirigiera a la comisaría, pero el conductor declinó hacerlo hasta que, cuando quedaba solo un ocupante en el remise, acató la orden que varias veces fuese reiterada desde la Central.

En el mismo momento en que el hombre ingresó a la comisaría emprendió el camino de regreso a su antigua situación de desocupado, pues los padres de los jóvenes no tardaron en hacerse presentes en el local policial y en principio, al igual que sus hijos humillaron al trabajador. Luego, la funcionaria encargada de la comisaría intervino y se logró un acuerdo y Píriz retiró la denuncia a efectos de no ocasionar y ocasionarse más problemas, asentando únicamente una observación.

Al día siguiente se le comunicó que a causa del incidente ocurrido en la madrugada no pertenecía más a la empresa.

Milton Píriz fue objeto de un juego de poder, de una injusticia que lo dejó en la calle con 58 años y sin saber cómo hacer frente a su nueva situación de desempleado.

«Central me indicó varias veces que me dirigiera a la comisaría, yo en todo momento consulté a la empresa y quedé cesante por defender los intereses de la empresa. Las amenazas y el bandalismo de esos jóvenes adinerados, con apellidos importantes me dejaron en la calle. Denuncio mi situación pero también la de todos los trabajadores que por necesidad nos vemos obligados a trabajar en condiciones injustas y por salarios insuficientes».

LA REPUBLICA intentó sin éxito comunicarse con el dueño de remises La española, José Negreira. *

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