Explican en Uruguay experiencia europea en salas para drogadictos
En la sede de Cruz Roja Uruguay, la especialista madrileña se refirió a los programas de reducción de riesgos y daños en usuarios de drogas inyectables, a partir de la creación de salas, especialmente acondicionadas, donde los drogodependientes tienen acceso a jeringas descartables para el consumo, básicamente de heroína, en condiciones ideales de asepsia.
Entre los varios objetivos de dicho plan se intenta, en primer lugar, minimizar el número de infectados por el virus VIH, al no compartir las jeringas, además de respetar los derechos de los consumidores. No obstante, Rodríguez dejó en claro que ser portador del VIH no es sinónimo de consumidor, ni viceversa.
Las «narcosalas» –definición que por su connotación estigmatizante no es del agrado de la especialista–, fueron implementadas en 1999 como plan piloto en España. Actualmente, varias ciudades de ese país, al igual que en Alemania, Dinamarca, Suecia y Holanda, han implementado el programa.
«Se ha utilizado mucho el término de narcosalas. En realidad, prefiero llamarlas salas de inyección higiénica o salas de menopunción. A mi modo de ver, las narcosalas tienen unas connotaciones muy negativas. Utilizar la palabra ‘narco’ estigmatiza mucho. Hay personas que no son partidarias de la experiencia y están encantadas con esta palabra. En definitiva, estas salas son un dispositivo de salud», señaló Rodríguez a LA REPUBLICA.
Derechos humanos y consumidores
Las estrategias de reducción del daño en el consumo de drogas ilegales tiene otro punto, a menudo obviado por quienes simplifican este tipo de experiencias, acusándolas de «apología del consumo». En realidad, además de involucrar aspectos sanitarios, estos programas tienen un fuerte componente ético e intentan que sean respetados los derechos de los consumidores.
«Es primordial la inclusión de estas personas en una vida «normal», señala la especialista, mientras dibuja en el aire comillas con sus dedos. Y acota: «Porque me pregunto si hay alguien normal entre nosotros».
Rodríguez sostuvo que hay personas que no quieren, o no pueden dejar de consumir, por lo que «hay que respetar, desde la ética del cuidado, la dignidad y la diferencia de los demás. Todos tenemos nuestros tiempos y nuestros ritmos y eso es precisamente adónde hay que apuntar».
En realidad, los programas para minimizar los riesgos y daños en el consumo vienen a llenar el vacío existente en los sistemas formales de salud. Los programas estatales brindan asistencia al consumidor, siempre y cuando éste abandone la ingesta.
«En mi país se creó una red paralela para el tema de la drogodependencia. Desgraciadamente, no está incluida dentro del sistema de salud que en España es universal y gratuito. Sin embargo, por un montón de factores, todos negativos, como no considerarla una enfermedad, no fue incluida. Esto estigmatiza aun más al consumidor», enfatizó la entrevistada.
La experiencia con metadona
Rodríguez también se refirió a la experiencia realizada con metadona, un fármaco derivado del opio, y controlado por las autoridades sanitarias. La metadona es un analgésico potente, similar a la morfina y también derivado opiáceo, pero sin un efecto sedante tan fuerte. Es utilizado en los programas españoles de reducción de riesgos para el tratamiento de la dependencia a la heroína, ya que neutraliza la euforia de la heroína y evita la aparición del síndrome de abstinencia.
«Inicialmente se suministran dosis diarias equivalentes a su consumo de heroína, con el fin de retirar al consumidor lentamente de la heroína ilegal inyectable y luego introducir dosis reducidas de metadona por vía oral», explicó la especialista.
Hay casos en que no es posible suspender el tratamiento con el fármaco, por lo que su consumo puede continuar durante meses e incluso años.
«Todo programa de tratamiento con metadona debe ir acompañado de psicoterapia o supervisión médica, para obtener una mayor eficacia y mejores resultados «, manifestó la entrevistada.
Y agregó que dicha terapia, en dosis adecuadas, no causa euforia, no tiene efectos sedantes, ni es analgésica. Tampoco tiene efectos adversos a nivel mental, ni físico. Si bien el uso regular de metadona puede inducir a dependencia, se considera que ésta es menos grave que la de la morfina o la heroína, y más fácil de tratar.
La persona inserta en un programa de mantenimiento con metadona puede llevar una vida normal.
Uruguay apuesta a la educación
El prosecretario de la Presidencia de la República y presidente de la Junta Nacional de Drogas (JND), Leonardo Costa, dijo ayer a LA REPUBLICA que el organismo apuesta a la educación, como forma de prevenir el consumo de drogas, al tiempo que se mostró partidario de los programas de reducción de riesgos y daños por el consumo de sustancias sicodependientes.
De hecho, la JND viene trabajando en un plan de descentralización que abarca, hasta el momento, quince departamentos del Interior del país, en coordinación con ONG, docentes, vecinos y la Policía. En Montevideo, el tema es coordinado con la comuna capitalina.
«Básicamente, hacemos hincapié en la reducción de daños y, sobre todo, en la educación y promoción de salud. Para esto, hemos trabajado con ONG para poder llevar adelante estas iniciativas. También apostamos a un trabajo fuerte de descentralización a nivel territorial, a través de la creación de Juntas Departamentales de Drogas», explicó Costa.
Uruguay como ruta de la droga con destino a Europa fue otro de los puntos abordados por el jerarca gubernamental, quien recordó que, en los últimos meses, fueron confiscados varios cargamentos, básicamente de cocaína, en el Aeropuerto Internacional de Carrasco.
«En el caso de la heroína, Uruguay sigue siendo un país de tránsito. En el caso de sustancias como la marihuana y la cocaína sigue siendo de tránsito pero también notoriamente de consumo», concluyó el presidente de la JND. *
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