Gente
(Recibidos vía mail)
Una muchacha de 17 años va con su mamá y le dice que desde hace un par de meses no tiene el período. Preocupadísima, la mamá compra en la farmacia un test de embarazo y el resultado de la prueba es positivo.
Gritos, imprecaciones, lamentos, lágrimas… El padre: Que quién ha sido el cerdo, que quiero saberlo, que lo voy a matar, etc.
La chica, una vez a solas, toma el teléfono y hace una llamada.
Media hora después se detiene ante la casa una Ferrari último modelo, de la que sale un tipo maduro y distinguido, de pelo entrecano, vestido impecablemente con un elegante traje que se adivina carísimo. Toma asiento en el salón ante el padre, la madre y la hija y dice: Vuestra hija me ha informado del problema. Sin embargo, yo no puedo casarme con ella porque tengo otra situación familiar, aunque me haré cargo. Si nace una niña, le puedo legar 3 tiendas, 2 apartamentos, una villa en el mar y una cuenta de 500 mil dólares. Si nace un niño, el legado será un par de fábricas, además de los 500 mil dólares. Y si nacen gemelos, una fábrica y 250 mil para cada uno. En cambio, si pierde el embarazo…
En este punto el padre, que había permanecido callado todo el tiempo, se levanta, le apoya una mano en el hombro y le dice: ¡Lo volvés a intentar, te acostás con ella de nuevo!
Casarse es como ir a un restaurante con amigos. Pedís lo que querés y cuando ves lo que el otro tiene, te gustaría haber pedido eso.
Una mujer puso un aviso clasificado que decía: «Busco marido».
Al día siguiente recibió cientos de cartas que decían: «Te mando el mío de regalo».
Durante una acalorada discusión sobre los gastos del hogar, el marido dice: «Si hubieras aprendido a cocinar y quisieras limpiar la casa, podríamos despedir a la mucama». La mujer, muy calmada, contesta: «Si vos hubieras aprendido a hacer el amor, podríamos despedir al chofer y al jardinero». *
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