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Efecto dominó

Las decisiones unilaterales que han tomado y están tomando países europeos respecto a la actual crisis migratoria solo generan desconfianza, divisiones y grietas entre los miembros del bloque.

refugiadosDebido a la falta de coordinación y de consenso entre los países integrantes de la Unión Europea respecto al sistema de cuotas obligatorias para repartirse el flujo de refugiados, algunos miembros han optado por llevar a cabo medidas drasticas para contener y evitar que los refugiados pasen por su territorio o se queden, intentando así desviar el flujo de personas hacia países limítrofes.

Hungría fue uno de los primeros países en tomar decisiones unilaterales. Amparándose en el Acuerdo de Schengen (exactamente la parte referida a los controles de fronteras exteriores con terceros países), se construyó una enorme valla a lo largo de la frontera con Serbia, incluso la frontera con Croacia fue cerrada. También se militarizó la zona y se penó hasta con cinco años de cárcel el ingreso de manera ilegal al país Magiar. Las acciones también fueron acompañadas con retórica, como las dichas por el Primer Ministro Húngaro, Viktor Orbán, el cuál afirmó que “el problema de los refugiados no es europeo, sino Alemán”. Siguiendo así un sin fin de acusaciones cruzadas que en vez de fomentar el diálogo entre pares solo entorpece la cooperación.

Al encontrar cerrada la frontera entre Serbia y Hungría, el flujo de migrantes se desvió hacia Croacia, siguiendo así su paso por Eslovenia hacia Austria y Alemania, siendo estos dos últimos países junto a Suecia los destinos preferidos por los refugiados. Pero ningún movimiento masivo de personas está exento de polémica, ya que debido a la orden proveniente de Zagreb de cerrar los pasos fronterizos al tránsito de vehículos y personas provenientes de Serbia han generado descontento en este país. El gobierno de Belgrado comparó dicha acción con  “medidas adoptadas en el pasado por la Croacia fascista Independiente”.  A lo que Zagreb responde culpando a Serbia por “desviar masivamente y sin control” a los refugiados”. Vemos que a los refugiados los tratan como a la culpa, nadie la quiere tener encima. Mientras que estos dos países intercambiaban acusaciones, Hungría ordenaba la construcción de otra valla en la frontera con Eslovenia.

Este país, con apenas dos millones de habitantes, se vió desbordado ante la llegada de los refugiados, los cuales son llevados en tren o en ómnibus hasta la frontera con Austria. La cuestión yace en que Eslovenia se ve sobrepasada para poder recibir y dar cuidados a tanta cantidad de personas, a lo que Croacia responde con que “no tiene otra opción que aceptar que lleguen (los migrantes) y enviarlos al próximo país en su viaje hacia el norte de Europa”. La retórica volvió a aparecer debido a las amenazas por parte de Eslovenia de construir una valla a lo largo de la frontera con Croacia si es que los países europeos continúan sin aplicar una política efectiva respecto al cuidado de los refugiados. Como siempre intentando apagar el fuego con nafta, Zagreb respondió diciendo que “en el caso que Eslovenia construya una valla de cuatro metros de alto, nosotros haremos una de ocho metros en la frontera con Serbia”

Todos los países mencionados tienen algo en común, muestran que en sus acciones reina el pragmatismo a la hora de proteger sus fronteras y esquivar la responsabilidad del cuidado y traslado de los migrantes, mostrando sin problema alguno la intención de perjudicar a los países vecinos al intentar traspasarle esas tareas. En el hipotético caso de que alguno de esas naciones siga los pasos de Hungría y cumpla con sus amenazas, daría lugar a una reacción grupal.

Efecto en cadena

“En el momento que Alemania y Austria cierren sus fronteras, Serbia, Rumania y Bulgaria harán lo mismo”, afirmó el Primer Ministro Búlgaro, Boiko Borissov. No es para menos que dichos países declaren su intención, en un momento cuando Berlín le ha marcado a Viena que su comportamiento respecto a la crisis migratoria está “fuera de lugar” debido a que sin previo aviso en la noche se lleva a los refugiados a la frontera alemana y se les deja sin provisiones. Estos reproches tienen por trasfondo la desconformidad del gobierno de Baviera (Provincia Alemana que tiene frontera con Austria), la cual tiene que hacer frente a la mayor cantidad de migrantes que llegan al país germano.

Así mismo, esta presión en cadena (estilo ley del gallinero), tiene un nuevo ingrediente, que fué (días atrás) limitar a cinco puntos fronterizos el paso de refugiados entre Alemania y Austria . El cuello de botella se sigue estrechando y ningún país quiere quedarse atrás y ser quien tenga que cargar con los migrantes, por eso mismo se corre peligro de que las situaciones desfavorables que padecen actualmente los refugiados se incrementen, generado por la desidía total de Europa.

Igual lo peor está por venir. Me refiero a que el invierno se aproxima. Esta vez no estoy parafraseando en español al lema de la Casa Stark, de la popular serie Games of Thrones. Sino me refiero a que las bajas temperaturas junto a la nieve pueden generar un ambiente muy conflictivo entre el flujo de personas que intenta llegar hacia Europa del Norte y las poblaciones locales de los países de tránsito.

Un escenario posible es que ante los pasos fronterizos cerrados, los migrantes deben de esperar horas e incluso días a la intemperie sufriendo las inclemencias del invierno para poder entrar a otro país. Todo eso, sumado a la falta de alimentos, indumentaria adecuada y el cansancio acumulado por la extensa travesía de miles de kilómetros puede desembocar en disturbios cuando los refugiados intenten conseguir de cualquier manera los recursos necesarios para poder subsistir. Es necesario evitar a toda costa este escenario mediante las precauciones necesarias y el trato decente que necesitan los refugiados, ya que si no se satisfacen sus necesidad básicas, el hambre y el frío serán el motor de violencia entre los migrantes y la población local. Es imprescindible velar el correcto uso de  los medios de comunicación, aislando a cuales quieran imponer a la población noticias tendenciosas que puedan aumentar las expresiones xenófobas en Europa.

La Unión Europea tiene que enfrentar la difícil prueba de dejar de lado el egoísmo propiode cada nación si es que quiere de mantener en pie la unidad de su comunidad política. Porque, por lo contrario, si siguen en este camino de desorganización solo lograrán generar desconfianza entre socios y una mayor catástrofe humanitaria a Europa.

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