En 40 minutos de ómnibus se pasa de una zona con 6% de pobreza a otra con 81%
En La vuelta al mundo en ochenta días, Julio Verne proponía, a través de un globo aerostático, recorrer el planeta. Salvando las distancias, si el escritor francés viviera en Uruguay, el viaje de trasladarse del tercer mundo al primer mundo –o viceversa–, sería más pragmático e insumiría apenas unos cuarenta minutos, y sin salir de Montevideo.
Un pasajero asciende en el barrio La Paloma –ubicado en la costa oeste de Montevideo– a la línea 163 con destino a Pocitos. Recorre una buena parte de la ciudad. El trayecto, que le insume menos de una hora lo traslada –como si se tratara de una máquina del tiempo colectiva– a una realidad diametralmente opuesta al punto de partida.
En la zona oeste de Montevideo, perteneciente al Centro Comunal Zonal Nº 17, el porcentaje de niños de 0 a 4 años bajo la línea de pobreza se ubica en el 81%. En Pocitos, Nuevo Pocitos y Punta Carretas, (destino de la línea 163 de Cutcsa y zona que corresponde al CCZ Nº 5), el porcentaje de niños entre 0 y 4 años por debajo de la línea de pobreza se sitúa en el 6%.
Existen otros ejemplos que pautan la polarización y segmentación de la pobreza dentro de Montevideo. El índice de niños y adolescentes entre 0 y 14 años por debajo la línea de pobreza es del 79% para la costa oeste de Montevideo, zona que abarca barrios como el Cerro, Santa Catalina, Pajas Blancas y Punta Yegua. En la zona comprendida por el CCZ Nº 5, el índice se ubica en apenas un 7%.
Las conclusiones surgen de un documento elaborado por la Dirección de Salud y Programas Sociales de la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM).
La población capitalina es de 1.330.000 habitantes y, tomando en cuenta las dos metodologías principales de cálculo de las líneas de pobreza e indigencia realizadas por el Instituto de Economía y por el Instituto Nacional de Estadística, las cifras hablan por sí solas.
En 1999, los menores habitantes de la zona oeste de la ciudad bajo la línea de pobreza, entre 0 y 4 años, era del 67%. Tres años después trepó al 81%.
Un caso similar se repite en la franja etaria comprendida entre 0 y 17 años. En 1999, en la zona oeste el porcentaje era del 66%; en 2002 alcanzó el 79%.
Otro ejemplo, tomando la misma zona como referencia, da cuenta que, en 1999, el total de personas entre 0 a más de 60 años que vivían por debajo la línea de pobreza era del 47%. El año pasado, el guarismo aumentó al 63%.
Al sur del Sur
El director de la División Salud y Programas Sociales de la IMM, Miguel Fernández Galeano, sostuvo que los estudios en torno a los índices de pobreza generalmente se basan en el Indice de Desarrollo Humano (IDH), indicador que tiene un componente economicista protagónico, como es la renta per cápita, además de componentes de seguridad y de alfabetización.
«Es un indicador que toma en cuenta activos económicos del país, pero que no toma en cuenta los procesos de exclusión social, vertiginosos y rápidos, ocurridos en los últimos tiempos. Por ejemplo, tomando estos indicadores, Uruguay, se sitúa en el lugar 40 a nivel mundial, y en segundo lugar en América Latina. Por un lado, es un indicador que hay que tratar de ver qué componentes tiene, pero también hay que manejar otros indicadores de pobreza, indigencia, y de exclusión social», explicó el jerarca comunal.
Para Fernández Galeano, el tema pasa por detectar cuál es el punto de comparación ante la polarización de la pobreza y la indigencia en Uruguay.
«Hay que ver con quién nos queremos comparar: si con otros países, o con nuestra propia historia y con lo que el país tenía acumulado. Entonces tenemos pobreza infantil y juvenil, grupos etarios que son claramente perjudicados por fenómenos de exclusión social, desigualdades en el territorio y un acceso de los jóvenes al sistema educativo que es totalmente desigual. Incluso, la mortalidad infantil se expresa de manera diferente. Nos basamos en la encuesta del Instituto de Economía porque toma más en cuenta el peso de los gastos no alimentarios, muchos más realistas, que la canasta no alimentaria que es elaborada por el Instituto Nacional de Estadística. Es decir, es una variable más exigente que toma en cuenta con más precisión cuándo se entra o no en una situación de pobreza», explicó el jerarca comunal.
Excluidos del sistema educativo
Un mapeo que pauta la brecha, cada vez más amplia, entre personas que aún tienen acceso a servicios básicos –léase acceso a una alimentación adecuada, salud y educación–, y aquellas que se encuentran por debajo de la línea de pobreza y en muchos casos en situación de indigencia, revela una polarización socioeconómica que aumenta a un ritmo vertiginoso.
Por ejemplo, la tendencia creciente de la pobreza infantil y juvenil en población general subió del 14% en 1993 al 33% en 2002. En 1999, para niños entre 0 y 4 años, era del 41%. En el año pasado, siempre dentro de esta franja etaria, se incrementó al 58%. En el caso de niños y jóvenes entre 0 a 17 años en 1999 era del 43%; en 2002, el índice se posicionó en el 53%.
En cuanto a la población montevideana en general, para 1999, la tendencia creciente de pobreza se situaba en el 25%. Durante 2002, la cifra aumentó al 33%.
Otro ejemplo ilustrativo, en base a datos del programa de Modernización de la Educación Media y la Formación Docente (Memfod) de la ANEP, señala que tomando como referencia el 20% más pobre por edad durante el año 2000 para todo el territorio nacional, las cifras indican que un 4% de jóvenes de 12 años no asisten a centros de enseñanza. En el caso de chicos de 14 años, el porcentaje de adolescentes que no concurren a estudiar es del 19%. En los jóvenes de 17 años, el porcentaje por fuera del sistema educativo formal es del 55%. En el caso específico de Montevideo, la mitad de los jóvenes de 17 años (50%) están por fuera del sistema educativo, en el interior del país, para la misma edad, el guarismo se sitúa en el 60%.
Políticas de inclusión social
«La Intendencia de Montevideo ha desarrollado un conjunto de políticas sociales, porque entendemos que estamos frente a una emergencia social, con un ritmo muy acelerado de exclusión. Debemos responder a esta emergencia, pero también estamos proponiendo políticas de inclusión social», sostuvo Fernández Galeano.
El objetivo, explicó, es no reducir la propuesta a la emergencia social, sino empezar a trabajar para incluir socialmente a adolescentes y jóvenes, de forma de cortar con lo que el jerarca definió como «verdaderos guetos urbanos». «Cuando la gente se va, se produce un proceso muy fuerte de reproducción intergeneracional social y biológica de la pobreza. Porque, de alguna manera, las embarazadas adolescentes de hace diez años tienen hijas que hoy son embarazadas adolescentes. De la infantilización de la pobreza hemos pasado a la juvenilización de la pobreza. Un término nuevo que define, por cierto, esta situación», manifestó el director de Salud y Programas Sociales de la comuna capitalina. *
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