UN URUGUAYO REDEFINE EL CONCEPTO DE PROBABILIDAD

No todo es azar, también existe un orden

Piquerez llegó a tal certeza, luego de varios meses de intentar explicar de qué modo se rigen las probabilidades. La idea surgió a partir de una conversación con su hermano sobre los juegos de azar y la manera de ganar en el casino a través de una determinada martingala.

Estudió las leyes que dan base a la estadística y a la matemática  de Pierre Simon Laplace y Frecuentista , profundizó sus conocimientos en libros sobre el tema y arribó a la conclusión de que lo entendido hasta la fecha no contempla la totalidad de los aspectos que rigen a las probabilidades, puesto que los científicos pasaron por alto lo que define como «concepto dinámico»

Actualmente las probabilidades son explicadas por medio de dos definiciones: la Ley de Laplace que establece que la probabilidad de un suceso es el cociente entre el número de casos favorables y los casos posibles; y por la definición Frecuentista que dice que la probabilidad de un evento es el límite de la frecuencia  relativa  de las pruebas en las cuales el evento se verifica, en una sucesión de pruebas, cuando el número de éstas tiende a finito.

Asegura Piquerez que ambas explicaciones presentan problemas, que no permiten reflejar con certeza lo que realmente ocurre.

De dados y barriles

El contador afirmó que hasta su descubrimiento, la estadística consideró sin mayor cuestionamiento que al repetirse un experimento aleatorio  casual, fortuito  debería distribuirse equitativamente dentro del espacio de probabilidades. Señaló que tal enunciado sería razonable si el proceso de distribución siguiera un criterio u orden. Y se preguntó si esto es válido cuando se habla de una distribución aleatoria.

Para aclarar su parecer desarrolló su descubrimiento a través de un ejemplo. Así planteó el caso de la distribución de agua en barriles y colocó un total de seis  vacíos, de igual tamaño y transparentes  de lo que eligió uno como modelo (el número dos).

A cada barril le agregó siempre la misma cantidad de agua, pero lo hizo de acuerdo al número que indicó la tirada de un dado (el recipiente elegido recibió líquido, cada vez que en el dado salió el número dos). Curiosamente Piquerez sostuvo que al finalizar la prueba, todos los barriles tuvieron una cantidad parecida de agua. Manifestó que esto no es casualidad, sino leyes estadísticas. Al volver al barril número dos, llamó a cada una de las veces que tal recipiente recibió agua »momento de ese barril». Y luego distinguió los diferentes »momentos» de ese recipiente, pues nombró uno al caso en que al barril se le agregó agua de primera  o sea cuando el dado mostró el número dos , el momento dos ocurrió en el caso en que el barril elegido recibió agua en el segundo experimento  después que en el primero le tocó a cualquier otro de los seis . Continuó así hasta llegar al «momento» enésimo.

Con esto el contador distinguió los diferentes conceptos antes señalados. Entonces identificó al concepto estático con la cantidad de barriles que esperan recibir agua, definición que surgió a partir de la ley de Laplace. Y expresó que el concepto dinámico estará dado por las instancias en que al barril número dos se le agregó agua.

Otro ejemplo que citó Piquerez fue que generalmente al hacer la pregunta ¿cuál es la probabilidad de que salga el número ‘uno’ al lanzar un dado? se responde una en seis, pero esa respuesta en realidad no es la correcta, porque tal probabilidad le corresponde a cualquiera de los seis resultados  concepto estático . Si se espera que salga especialmente el número ‘uno’ habría que agregarle el concepto dinámico, es decir, que sea el ‘uno’ el que sale en el primer intento; esto dará que existe una en 36 posibilidades. «Para un apostador que juega al ‘uno’ no le es indiferente que salga cualquier resultado, espera específicamente ese número», indicó Piquerez.

Una historia paralela

Una vez que el contador culminó el camino que lo llevó a su hallazgo, obtuvo el registro de derecho de autor en la Biblioteca Nacional. A partir de entonces relató entusiasmado una serie de curiosidades que relacionó con el descubrimiento. Y relató que en vísperas del Día del Padre, su pareja decidió regalarle un libro. Pero todo empezó cuando no encontraron el libro buscado y en la vidriera de otra local vieron «Matemáticas y juegos de azar» de John Haigh. Piquerez no dudó y eligió su propio regalo. Apasionado con la obra, llegó a la página 235 en la que se menciona el libro «El que pierde gana», de Graham Greene, y no se detuvo hasta que finalmente lo consiguió en una librería de textos usados. Su sorpresa fue mayor cuando leyó que un matemático con suficiente experiencia es capaz de construir un sistema que permita ganar siempre. Afirmación negada en los escritos de Haigh.

Después halló que el protagonista del cuento de Greene era contador público al igual que él, que había una coincidencia en la edad  Bertrand, el personaje también tiene 40 años . Asimismo vio que el relato se desenvuelve durante la luna de miel del protagonista y Piquerez acababa de regresar de un viaje con su esposa similar a una luna de miel.

Y por último observó que Greene sólo menciona en relación a la martingala de la historia que se requiere mucho capital, concepto igualmente manejado por el uruguayo.

Piquerez reveló que a partir de su descubrimiento espera reconocimiento y por medio de la respuesta hallada contribuir con la ciencia. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje