Diálogo de valores
-Buenos días, ¿aquí es donde se queman homosexuales?
-¿Usted dice prenderlos fuego?
-Claro, ponerlos sobre una pira y verlos arder ¿Qué otra cosa podríamos hacer con ellos?
-Ya que me lo pregunta le digo que tenemos unas cuantas formas alternativas para curarlos de esa repugnante enfermedad contagiosa.
-Sí, ya escuché al Gran Inquisidor y Defensor de los Más Altos Valores de Nuestra Sociedad. Propuso aislarlos. Pero eso no me parece muy efectivo porque de alguna manera es lo que hemos venido haciendo hasta ahora. Y vio cómo se reproducen, ¿no?
-Lo que usted no sabe es de qué manera quiere aislarlos el Gran Maestre Misericordioso.
-Cuente, cuente… que se me hace agua la boca.
-Por ejemplo, pondríamos al infectado con la inmunda homosexualidad adentro de un sarcófago de hierro que luego iríamos calentando con un soplete.
-¿Y si el impúdico depravado recapacita y dice que se arrepiente?
-Si además dice que apoya nuestra piadosa causa, entonces lo sacamos del sarcófago y lo matamos con garrote vil para evitarle el dolor. Porque después de todo a nosotros no nos hace gracia aplicar tanta crueldad.
-¿Ah, no?
-Sólo lo hacemos para lograr su curación y en nombre del Más Alto.
-¿Pero lo enterramos junto con los seres humanos de verdad?
-Usted está loco. Mire si un lúbrico pervertido de éstos justo es enterrado cerca de la tumba de su madre, por ejemplo.
-Yo lo mato.
-Recuerde que ya está muerto.
-No me importa.
-Bueno, exactamente eso es lo que hacemos nosotros. Lo incineramos y sus cenizas las tiramos al mar.
-¿Y no será peligroso? Uno después se come una merluza, una brótola y capaz que se está metiendo adentro el diabólico maleficio de la homosexualidad.
-No lo habíamos pensado. Voy a proponer que les hagamos tomar plomo líquido.
-Eso me parece más sano.
-Todo sea para frenar esta oleada de antivalores que a invadido la sociedad. *
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