Vivir a la intemperie
Mientras Alvaro se entretiene mirando cómo su rostro se refleja en el agua estancada de la fuente, ubicada frente a la entrada principal del viejo edificio del Banco de Previsión Social, su hermana Erica observa atenta el paso de los transeúntes. Algunos metros atrás, sobre el banco de cemento, hay tres pancitos y un par de buzos de niños. El colchón, prolijamente envuelto, está dispuesto de forma tal que le dé el sol.
Margot Silva observa a su hijo más pequeño. Las marcas en el rostro de la mujer dan cuenta que la vida no ha sido amable con ella. Tiene 29 años pero aparenta muchos más. Desde hace un año junto a los dos niños vive en la calle. «Mi hijo menor tiene bronquitis y no podemos seguir viviendo en la calle. Antes trabajaba en una empresa de limpieza donde me pagaban mil doscientos pesos, pero me quedé sin trabajo. Necesitamos que nos ayuden». El pedido de la mujer resume la situación que atraviesa junto a sus hijos.
La mujer dice que no está dispuesta a desprenderse de sus hijos para internarlos en el Instituto Nacional del Menor (Iname), pero desde hace un tiempo se le hace imposible sostenerlos. Ante la pregunta de por qué no se trasladaba a un refugio nocturno del Plan Invierno 2003, como paliativo a la situación, al menos mientras duren las bajas temperaturas, la mujer se mostró reticente.
«Antes vivía por camino Maldonado, en una casita que me habían prestado. Pero los dueños me la pidieron. Por ese tiempo fue cuando perdí el trabajo. Entonces no tuvimos más remedio que vivir en la calle. Anduvimos por todos lados. Ahora, hace un año, que vivimos acá», manifestó Silva.
«Lo que se pueda»
Sobrevivir en la calle no es tarea fácil. Una vez por semana, Silva concurre a un cuartel donde le entregan una vianda con comida. El resto de la semana debe apelar a la solidaridad de las personas que concurren al BPS y algunos comerciantes de la zona.
«La gente me da algunos pesos con lo que voy comprando pañales para el más chico. A Erica la llevo a las ocho de la mañana a la escuela número cinco y la paso a buscar al mediodía», explicó la madre.
La comida y el techo son los principales problemas, aunque debido a las afecciones pulmonares de los menores, el techo se hace tarea impostergable.
«Alvaro sufre de bronco espasmo y Erica de bronquitis. De noche, tiramos el colchón en el suelo y nos tapamos con lo poco que tenemos pero es muy duro para los niños dormir en la calle. Además tengo miedo de que les pase algo», subrayó Silva.
«Por eso es que apelo a la solidaridad de la gente», continuó la mujer. «Necesitamos comestibles, frazadas, ropa o lo que nos puedan alcanzar. Lo que nos puedan regalar. No tenemos nada», concluyó. *
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