LA COLUMNA AMARILLA

Diálogo prohibitivo

 Buenos días, ¿aquí es donde lo que a uno le molesta lo transforman en delito?

 Según lo que a usted le moleste. Por ejemplo, si no le gusta que un grupo de gente se pare cerca de su casa para decir que usted es quién es, no hay problema. Lo transformamos en delito.

 Ah, sí, los escraches.

 Si a usted le molesta que insulten al Presidente o algún ministro, enseguida transformamos las palabrotas en injuria y si me apura un poco hasta en incitación a la violencia, desmanes y asonada.

 Â¡Qué lo parió!

 ¿Cómo dijo?

 No, no fue una expresión nomás.

 Y si a usted le molesta que la gente busque derogar ciertas leyes por considerarlas negativas para el país a través de un plebiscito…

 ¿Qué, juntar firmas también va a ser un delito?

 No, desgraciadamente no podemos llegar hasta ahí, pero se lo hacemos bien difícil.

 Si.

 Pero si le molesta que los gronchos trabajadores y cooperativistas vayan a Punta del Este, eso sí que se lo prohibimos y casi casi lo hacemos delito.

 Se esfuerzan mucho, ¿no? ¿Por qué no cambian de rumbo el esfuerzo?

 ¿No le entiendo?

 Digo que si el esfuerzo en estigmatizar las protestas por las cosas que están mal, se hiciera por arreglar esas cosas, quizás no habría necesidad de prohibir nada.

 Ah, qué vivo, pero así no vale. Usted habla de dar soluciones y nosotros estamos para dar figuras penales.

 Sí, son un penal. Bueno, al fin de cuentas me va a transformar en delito lo que a mí me molesta, ¿sí o no?

 Si no le gusta que se tome alcohol en la calle, sí. Si se molesta cuando los estudiantes ocupan los liceos, se lo hacemos delito. Si no quiere que las mujeres pobres se hagan un aborto, también.

 Bueno, mire… a mí lo que me molesta es que Blanco y Cordero…

 Perdón, se nos cayó el sistema… no lo podemos atender. *

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