Quemá esas cartas
Estimado César:
No sé si te habrás dado cuenta que en este asunto del Comercial tenemos que hacernos los giles sobre aquello que dice la hoja Nº 41 y también sobre ese pequeño detalle de lo negativo del patrimonio del Banco y si es necesario deberíamos pasarnos por el culo todas las disposiciones sobre los límites en la asistencia. Por supu, todo esto no se lo vamos a estar informando a los legisladores, pa’que nos vamos a complicar al cuete. ¡Ah! Y hablando de legisladores, avisale a aquéllos que si tienen algún depósito se apuren a «necesitarlo».
Sobre el Montevideo y el Hipotecario te pido que esperes. Las cosas son así, viste, uno tiene prioridades. ¿Por qué?… y bueno, casi por las mismas razones por las cuales se logró el préstamo para Mi Granja.
Decile a Eva que haga honor a su nombre y no me venga con purezas de procedimiento. Aunque sé que ella no va a hacer problema, para algo es del Foro, si la otra se nos pone rebelde hablale de los altos intereses de la patria y, ya que estamos, también de los bajos intereses personales y si eso no funcionara recurrí al viejo truco del Titanic: mirá que si nos hundimos nos hundimos todos.
Y acordate que, pase lo que pase, lo sucedido fue un cataclismo, una tormenta, un rayo misterioso, una turbonada o un maremoto… Yo ya hablé con Julio María y ya los tiene a todos sus soldados memorizando sinónimos de desastres naturales, incontrolables.
¿Quién tiene la culpa? Dios, el destino, la mala liga, los vecinos, cualquier cosa menos nombres y apellidos y en caso de darlos vamos a esperar a ver quiénes son los que se queman.
Eso sí… si por esas casualidades algún hijo de su madre, que nunca falta, mañana o pasado se le ocurre hacer una comisión que investigue todo este relajo vos jugá al «yo cumplí con lo legal» que yo los voy a sorprender emocionándome y todo.
Saludos de Alberto. *
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