PRESENTARON EL LIBRO "DROGAS: HACIENDO POSIBLE LO IMPOSIBLE"

Las políticas de represión contra el consumo de drogas son ineficaces

«Básicamente, el libro da cuenta de la experiencia en reducción de daños que se viene desarrollando en la Argentina, particularmente enfatizando en el programa implementado en la ciudad de Rosario. Un programa pionero en este tipo de estrategias, tanto con la educación de los usuarios de drogas como agentes de salud del programa, como con la distribución de equipos de inyección», explicó la autora, quien además es representante de la Red Latinoamericana de Reducción de Daños.

El programa de reducción de daños para usuarios de drogas tiene como objetivo brindarle a los consumidores los elementos necesarios para reducir al máximo los riesgos de salud. Es así que, a quienes lo soliciten, se les entrega la denominada «cajita», un kit que incluye varios elementos sanitarios, como agujas descartables.

«Partimos de reconocer que hay personas que no quieren o que no pueden dejar de consumir drogas. Para esas personas es necesario que el sistema de salud les dé otras respuestas para evitar, por ejemplo, los riesgos de sobredosis, de sida o de hepatitis en caso de que el consumidor haga uso de inyectables. Cuando nosotros decimos reducción de daños, decimos reducir los problemas y los daños asociados al consumo de drogas. Sin que necesariamente esto signifique abandonar el consumo. También se trata de reducir problemas sociales», explicó Inchaurraga.

 

Un encare diferente

En Argentina, la tenencia de sustancias prohibidas para consumo propio  al contrario que en Uruguay  está penalizada por «Ley de drogas».

Esta situación hace que muchos usuarios no se animen a integrarse al programa por temor a represalias. Para Inchaurraga esta ley representa un obstáculo para este tipo de programas. Actualmente, la Asociación de Reducción de Daños de la Argentina (ARDA) está trabajando en una campaña nacional para modificar dicha ley, despenalizando la tenencia para propio consumo.

«Esta población tiene miedo de acercarse a los programas de salud porque los expone a la posibilidad de ir a prisión, la exclusión y la discriminación social. De ahí que nuestro trabajo ha sido lento y nada fácil.

La necesidad de instalar otra mentalidad, otro forma de trabajo, al principio costó entenderla. A veces hubo críticas sobre si estos abordajes no significaban estimular el consumo. Ante estas críticas, y basados en experiencias en otros países, hemos respondido que se puede disminuir la incidencia del sida y la hepatitis sin estimular y sin aumentar el consumo», manifestó la médica.

El país pionero en implementar este tipo de programas hace dos décadas fue Holanda, más precisamente en Amsterdam. Tiempo después, la experiencia se impuso en Inglaterra, Suiza, Australia y España.

Según estudios realizados en el viejo continente, las políticas represivas contra el consumo de drogas implementada en las mayorías de los países han demostrado ser ineficaces. El consumo, lejos de disminuir, ha ido en aumento.

«Ahora estamos trabajando en fiestas rave (música electrónica) para reducción de daños asociados al éxtasis. No se trata sólo de repartir jeringas», subraya la docente.

«Reducción de daños es trabajar en educación. Nosotros hacemos intervenciones de calle y tenemos un servicio en hospitales públicos de forma de garantizar la asistencia desde un concepto, digamos más amigable. La mayoría de los sistema de salud brindan asistencia siempre y cuando el usuario quiera dejar las drogas. Por el contrario, creemos que hay que reconocer que hay personas que no quieren dejar las drogas y de todas maneras el sistema de salud los atiende y los ayuda», subrayó Inchaurraga. *

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