Hoy Juceca

Entre la mosqueta y el gran bonete

De repente uno mira así, y resulta que ya está en agosto. El tiempo de ahora no es como el de antes; dura menos o pasa más rápido. El tiempo es como los sueldos, no da para nada, no alcanza, se va volando. Faltan cuatro meses para que finalice el año, y uno tiene la impresión, la sensación, de que el gobierno durante todos estos meses no ha hecho nada. Sin embargo, ¡vaya si ha hecho! ¿Y dicho? ¡Vaya si ha dicho! Es un poquito reiterativo, eso sí, hay que reconocerlo y señalarlo. No sólo en lo que hace, sino en lo que dice. Le falta discurso nuevo, le falta letra, le falta libreto y se le nota.

Las promesas y las explicaciones que no explican nada, son siempre las mismas. Y ya va pintando el carnaval electoral. Es increíble cómo algunos muchos blancos hablan mal de «este gobierno», y no falta quien destaque que él es blanco en tanto el gobierno es colorado, con una envidiable capacidad de amnesia para las responsabilidades y culpabilidades adquiridas y compartidas durante el extenso concubinato. Como quien no quiere la cosa, como sonseando, con caras de «yo no fui, yo no estaba, a mí que me revisen, no sé de qué me hablan», se han ido despegando.

Se quieren lavar las manos, no como Pilatos, pobre, sino como Jack el Destripador después de sus matanzas por las neblinosas calles de Londres. Para estar a tono con el estilo acriollado de algunos políticos, digamos que hay muchos que se quieren «quitar el lazo con la pata». Y empieza la mezcla de dos viejos juegos: la mosqueta y el Gran Bonete. La mosqueta como juego está prohibido, especialmente si la practica un pobre tipo con una tabla en una esquina, porque de alguna manera compite con las promocionadas casas de juegos que nos han brotado hasta en pleno centro montevideano, donde las maquinitas despluman a la gente, pero «legalmente» y entre vistosas lucecitas de colores. El Gran Bonete es aparentemente más inocente, pero es canalla. Uno empieza diciendo, por ejemplo: «Al Gran Bonete se le ha perdido mil millones de dólares, y dice que Fulano los tiene». Ahí, el Fulano aludido pregunta: «¿Yo señor?». «Sí señor». «No señor». «¿Pues quién los tiene?». Ahí el preguntado acusa a otro y se reanuda el juego y se entrevera la madeja y los millones no se sabe quién los tiene y andá a reclamarle al Gran Bonete, que, como se sabe, o no se sabe quién es, o se sabe pero está prófugo o preso, pero los millones no aparecen. ¿Quién es el culpable de que los hermanos Röhm hayan tenido tiempo de vender la estancia «La Arcadia» antes de que se la confiscaran, y a casi un año del vaciamiento del Comercial? El Gran Bonete. Apenas si se les pudo incautar un viejo yate de madera y algunos autos de museo. ¿Quién la vio, dónde está la pelotita? ¿No hay manera de extraditar de Miami al Röhm que falta? Seguramente se ha hecho ciudadano norteamericano, y eso, ya se sabe, lo convierte en intocable. El propio embajador de EEUU les dijo claramente a los periodistas que lo interrogaron: «Está seguro, no se va a fugar, lo tenemos controlado en Miami».

Y no hubo nadie que le escupiera la cara. *

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