Hoy, circo hoy
Yo debato gritó el Cuqui canté primero, cerito, taquito de reina.
Se apuró para primerear al Sangui y especialmente al Presidente que de ninguna manera quieren que tenga nada que ver con Ancap, ni siquiera lo dejan cargar el encendedor.
La estrella soy yo, gritó con claridad Lacalle.
Pero Tabaré, sin orejear siquiera, le metió la contraflor: «Yo sólo debato con el Presidente. Con el dueño del circo».
Y ahí el Cuqui perdió la compostura: yo no soy segundón de nadie, dijo. Planteo proveniente, más bien, de la descompostura que se le anunció con un primer retortijón al pensar que capaz que Batlle agarraba viaje. Y ahí el Herrerismo se puso como araña pollito, prohibiéndole al Presidente que salga a «defender» a Ancap.
Triste destino para un primer mandatario el que se le niegue la defensa de lo que él mismo propuso y que él llevará a cabo. Nuevamente lo patético (y ya van…) inunda el séptimo piso del Edificio Libertad.
Tyson tiene la piña prohibida. Batlle tiene la lengua prohibida. O la neurona, si se quiere. Tyson, porque sus puños pueden ser un arma mortal para sus adversarios. Lo mismo sucede con la lengua de Batlle, pero al revés, puede ser mortal para sus seguidores.
Pero él trató de achicar el pánico y salió con la repetidísima frase de «no es tiempo de…», y hasta se olvidó del fallido debate de noviembre de 1999 cuando se fue al mazo, porque dijo: «El Presidente (hablaba de él) nunca rehuyó un debate». Y salió al cruce Sanguinetti porque las cejas se le pusieron lacias de sólo pensar que Jorge dijera que sí. Y dijo que no era hora de eslóganes.
¿No entiendo? Tabaré propuso un debate o un partido de ludo.
Debatir dice el diccionario «referido a intercambiar o enfrentar ideas o argumentos». No es eso lo que viven pidiendo que se haga.
Tabaré fue muy generoso: está mucho más cerca de la foca que aplaude mientras una pelota hace equilibrio en su nariz que de ser el «dueño del circo». *
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